27.1.2015

 

En qué momento dejamos de confiar en nosotras? En qué momento dejamos de hacer caso a nuestra intuición? En qué momento dejamos de escucharnos?

 

No lo sabemos. Y así, con este desconocimiento, ignorando cuándo fue que nos perdimos, nos encontramos un día gestando, pariendo y criando a un bebé. Y entonces el instinto, aquel al que no escuchábamos hacía tiempo, y la intuición, que creíamos desaparecida, se alían y gritan con fuerza a la vida. Gritan con fuerza en nuestro interior porque les hagamos caso. Hagamos caso al instinto, a la intuición, que es lo que necesita nuestro bebé… y sentimos dentro una vocecita, una sensación, una hoja de ruta que nos guía pero estamos tan desacostumbradas a hacerles caso, tan desentrenadas en la escucha profunda de nosotras mismas que cuando llega ese comentario de madre, suegra, cuñada, enfermera, pediatra o quien sea que nos dice que les cogemos demasiado en brazos, que nos entregamos «demasiado», que les debemos limitar la leche y el dormir juntitos y abrazados, que les debemos dar papillas aunque el bebé las rechace una y otra vez, que no debemos atenderlos cuando nos reclaman de noche no sea que se acostumbren…. les hacemos caso.

 

Enseguida, lo primero que pensamos, o lo segundo (en el mejor de los casos) es que deben de tener razón. Que quizás sí hemos perdido el norte, que a saber si le estoy malcriando… Y desconfiamos, enseguida, de nosotras mismas. De lo que sentimos, lo que intuimos, de la hoja de ruta que nos grita dentro «NO!!! Haz lo que te dice el corazón!” Pero claro, tal vez el corazón hace siglos que dejamos de escucharlo y lo que nos grita llega tan flojo, tan ensordecido, que ni oímos la vibración!

 

Y seguimos criando, a regañadientes, viendo que los resultados de lo que nos decían no son los que nos habían prometido. Y nada nos cuadra, y nada encaja. Porque el no escucharnos lo desencajó todo.

 

El bebé nos mira, no entiende nada, no entiende por qué no confiamos en nosotras mismas si él confía a ciegas. Y nos mira y no entiende por qué la entrega que le dábamos sin pesar ahora, de repente, ya no es incondicional.

 

En qué momento tantas mujeres dejamos de hacernos caso? De escucharnos, de confiar en nosotras mismas? ¿En qué momento y en qué lugar dejamos de lado a nuestra intuición?

 

Ahora os digo, mujeres que me leéis: y ¿por qué no aprovechamos este momento tan sensible como es el embarazo, el parto y la crianza, en el que la intuición está a flor de piel, para recuperarla, para abrazarla y por no dejarla marchar nunca más? ¿Por qué no aprovechamos este momento tan importante y sensible para creer en nosotras? ¿Por qué no seguimos lo que nos dicta el corazón que muy seguramente será entregarnos sin condiciones, amar a nuestro bebé sin miedo?

 

¿Por qué damos tanta validez a lo que nos dicen gente sin experiencia, sin formación, llenos de prejuicios, creencias e ideas obsoletas y en cambio, descartamos a la mínima de cambio lo que sentimos muy adentro nuestro?

 

Seguramente porque un día alguien no creyó en nosotras. Porque no hicieron caso de lo que decíamos que sentíamos, de lo que decíamos que queríamos hacer, de lo que decíamos que deseábamos de todo corazón. Seguramente porque un día, hace mucho tiempo, alguien nos hizo creer (con la mejor de las intenciones o no), que nuestras necesidades no valían la pena, que lo que nos decía el corazón que necesitábamos no tenía razón de ser. Y así, sin nadie que nos creyera ni nos escuchara aquella intuición nuestra, tuvimos que arrinconarla. ¿Por qué tenerla presente si nadie más la tenía en cuenta?

 

Si no queremos que nuestros hijos crezcan alejados de lo que les dicta el corazón, escuchémosles. Demos validez a sus sensaciones, impresiones, temores, angustias. Permitamos que su intuición sea; creamos en ellos. Dejemos que nos guíen. Confiemos en ellos para que nunca ellos dejen de confiar en sí mismos. Y de esta manera, teniéndolos presentes en cuerpo y alma, podrán crecer conectados aún a su esencia, sin perderse, sin ignorarse… y cuando se embaracen, paran y críen, no harán caso de lo que entre en profunda contradicción con lo que les dice el corazón. No dudarán de sí mismos. Creerán en ellos y de la manera más natural, criarán hijos que tampoco se desconectarán. Y la cadena será interminable…

 

Creed en lo que os dice el corazón, la intuición, la parte más sabia vuestra. Es un legado de valor incalculable que dejaréis a vuestros hijos, nietos, bisnietos… Y los demás, que hablen! 😉

 

Y ahora dime… crees en ti?

 

2 Comentarios

  • Mo

    Bona reflexió! Costa creure en un mateix quan va a contracorrent i els altres jutjen, però senzillament, hi ha coses que no puc fer d’una altra manera. Com deia el vescomte de Valmont, «no ho puc evitar». 😉
    Petons!

    • Míriam

      Hola Mo,
      Sí, anar a contracorrent sempre és molt més complicat que seguir el ramat… però si et connectes sabràs on has d’estar 😉
      Una abraçada!

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