En shock

“Soy yo. A las 4 de la madrugada han ingresado a Lua. Estoy con ella, por suerte, nos dejan estar siempre. Estamos en neonatos. Dicen que le ha salido la analítica alterada, tenía alto riesgo de hacer una infección, una sepsis le llaman, y por protocolo la han ingresado y le han puesto antibiótico. Nos tendremos que quedar unos día … Ven en cuanto puedas. No he dormido nada y llevo horas sentada en una mierda de silla con Lua encima, te necesito. Ah, por cierto, aquí dentro Laia no puede entrar, a ver cómo se lo explicas…”.

Nunca olvidaré su voz de preocupación, ni el abrazo que nos hicimos cuando llegó al hospital.

Yo estaba en shock, no procesaba muy bien todavía lo que había pasado ni lo que suponía, e iba viviendo el presente como podía. Cuando me tenían que poner antibiótico o calmantes por gotero, me venía a buscar la enfermera, me iba a la habitación, y él se quedaba con Lua en brazos. Cuando me lo sacaban, volvía hacia la unidad de neonatos y estábamos los con Lua. Hablábamos poco.

Llegó la pediatra y nos puso al corriente de todo. Pudimos preguntar, pudimos informarnos con calma. Lua no presentaba ningún signo de estar haciendo infección pero como el PCR estaba alterado, no nos la podíamos jugar a que al cabo de unas horas empezase una y por eso le administraban el antibiótico. Lua estaba bien, muy bien, pero había que hacer este procedimiento durante los 7 o 10 días que hubiera que administrar el medicamento. Al cabo de 3 días le harían otra analítica para ver su evolución y ahora simplemente, tenía que estar allí y esperar.

Cuando escuché que Lua estaba bien respiré. Y cuando oí que tendríamos que estar allí, en aquellas condiciones, 7 o 10 días se me cayó el mundo encima.

No hacía ni 24 horas que me habían operado de una cesárea después de no sé cuántos días de contracciones intensas y duras y ahora nos tocaban 7 o 10 días más de aguantar como pudiéramos.

No me lo podía creer. Simplemente, no podía. No había dormido nada y estaba, sobre todo, agotada. “Vete a tumbar, que la tengo durmiendo encima y está muy bien”, me dijo él. Y lo hice. Llegué a la habitación y la familia con quien la compartíamos tenía la televisión encendida (según me decían, a todas horas). El niño lloraba, también a todas horas y aquel max-mix de llantos, televisión y padres ausentes me puso de muy mal humor. Era como que no aguantaba otra incomodidad, ya tenía bastante con el dolor que me hacía la barriga, el dolor del corazón y toda la situación como para soportar otros ruidos que no fueran el propio que generaba mi cabeza por dentro. Esa misma tarde le dije a mi marido, “sácame de aquí, necesitamos una habitación donde podamos estar solos y en silencio”. Y aquella noche nos pusieron en la habitación de enfrente, individual.

Sin embargo, me di cuenta que el único lugar donde, a pesar de todo, estaba bien, era allí dentro de aquella sala de neonatos, con Lua en brazos, pero no podía tumbarme y las piernas se me empezaban a hinchar de manera espectacular. Decidí aguantarme y sólo ir a la habitación por las tandas de calmantes y para comer, nada más.

Porque cuando me alejaba de mi cría me dolía incluso la piel, era demasiado doloroso.

Ese día lo pasamos como a tientas, intentando situarnos sin éxito. Laia volvió a estar con los abuelos y por la noche, volvió a casa para dormir con su padre. Mi madre venía conmigo en el hospital y estaba toda la noche en la habitación por si yo necesitaba ayuda.

La primera noche seguí en shock al darme cuenta que a pesar que lo necesitaba con todas mis fuerzas, no podía dormir. El hecho de tener a Lua a unos metros también durmiendo pero no conmigo, me inquietaba tanto que me desvelaba y tenía que volver a entrar en neonatos. Entraba, la veía durmiendo plácidamente y la enfermera me decía, “ve a dormir un poco y yo cuando empiece a moverse y a despertar, te despierto y vienes a darle el pecho.” Lo hicimos así y tal vez conseguí dormir un par de horas, no más.

Y así, en shock, hablando poco, con las piernas como un elefante y pasándome casi las 24 horas del día con Lua piel con piel seguí hasta el sábado, el segundo día de ingreso. Hasta entonces no quise/quisimos visitas, sólo las de Laia, acompañada por los abuelos. Allí me molestaba todo el mundo, no quería a nadie, porque no quería que nada me restara tiempo de estar con Lua. Creía, creo, que ella era la prioridad y como nadie podía entrar a neonatos, el hecho de que me vinieran a ver a mí era absolutamente secundario, yo no tenía ninguna necesidad de visitas.

De aquellos días en shock recuerdo que Lua no lloraba. Era casi la única niña de neonatos que no lloraba porque la teníamos siempre encima, siempre a la teta, siempre piel con piel. Pero como nació también sin llorar y sólo hizo un gemido, muy poco, yo no sabía cómo lloraba. No había registrado su llanto en mi cerebro. Los que habéis estado en una planta de maternidad sabéis que se oyen llantos a menudo. Cuando yo salía de neonatos porque tenía que ir al baño o a tomarme el calmante o lo que fuera, y escuchaba un bebé llorando, volvía atrás para asegurarme de que no fuera Lua. No conocía su llanto y todo el rato me ponía en alerta por si era ella. Explicado así puede costar de entender lo mal que lo pasé. Os juro que cada vez que sentía un bebé llorando y el no poder descartar que no era Lua me ponía enferma, me provocaba tal desazón que no lo podía soportar. Entraba y salía de la sala mil veces y preguntaba “¿es Lua?” “No, aquí nadie llora ahora”, me decía una enfermera… y es que el llanto de neonatos, desde mi habitación que era justo al lado no se oían. Por eso no soportaba salir, porque sabía que si ella lloraba, yo no lo sabría.

Durante el día esta inquietud la podía controlar mejor porque Lua o estaba conmigo o en brazos de su padre, pero de noche, cuando yo descansaba un rato y escuchaba llorar algún bebé en planta, necesitaba levantarme y volver a neonatos. Era un calvario. Por suerte, siempre, absolutamente siempre que volví, Lua dormía plácidamente. Por suerte, las enfermeras cumplieron siempre su palabra y me avisaban cuando Lua empezaba a moverse. “Lua parece que ya se despierta”, me decían flojito para despertarme y al cabo de 3 minutos ya la tenía mamando en el pecho.

De aquellos días en shock recuerdo ir a piñón fijo, caminar como una autómata, intentar no pensar en nada más que en el deseo enorme de salir de allí los cuatro.

De aquellos días en shock recuerdo pinchazos en el corazón cuando pensaba en Laia. Yo, que en mi imaginario me había hecho la película que el sábado, dos días después del parto, pediría el alta voluntaria para estar enseguida los cuatro en casa. Yo, que después del parto maratoniano pensaba que nada más podía pasarnos…. me encontraba horas y horas sentada en una silla negra y dura (de las que ya no hay ni en las peores salas de espera), aturdida, con las piernas tan hinchadas que casi no me permitían caminar y con unas ganas locas de arrancar a llorar. Pero aquellos días en shock sólo caían lágrimas contenidas.

Contenidas porque sabía todavía tenía que aguantar más, mucho más.

Continuará…

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

15 respuestas

  1. Terribles els últims posts. Les unitats de neonatologia són el pitjor que li pot passar a una familia que s’acaba de conèixer i encara rai que et deixaven estar-hi tot el dia a totes hores, que n’hi ha que ni això poden fer.

    Una abraçada

  2. Suerte que os dejaban estar a los 2, a nosotros solo uno de los padres. Son los peores momentos, aunque sepas que tu hijo está por precaución y que se encuentra bien , donde mejor que en su casa con su familia!

  3. A mí se me pusieron los pies peor que a ti, me tiraba la piel que me dolía, parecía que tenía elefantiasis, en serio. Durante más de dos semanas. Tenía que ir en chanclas en el mes de octubre, menos mal que no hacía frío…Mi marido , cuando estábamos en la uci , me daba masajes para intentar drenar un poco. Pero estar sentada no ayudaba… en el hospital tuvieron la deferencia de dejarme un día más ingresada,pero con parto vaginal fueron muy pocos días… luego errábamos por el hospital como almas en pena hasta que podíamos verla, y por la noche tener q ir a casa sin ella era un infierno, levantarme a sacarme la leche sin ella, despertar sin ella, ser los primeros padres en llegar solo por verla cuanto antes… era horrible pero de aquel ingreso de 25 días en la uci sacamos dos amistades para toda la vida porque allí aunque estaban por distintos motivos, todos nos convertíamos en familia y nos alegrábamos con las buenas noticias de todos y nos veníamos abajo con las malas…

  4. Como que hay más?? ai señor!!!!!!! es que me vas a tener toda la semana llorando eh… yo no sabía todo esto!! Menos mal que se el final feliz de los 4 jejejeje

  5. Uff!! Durísimo . no m lo puedo ni imaginar…mi prima pasó por algo similar. Fue Horrible: la veia destrozada. Almenos saliamos a almorzar así se despejaba y desahogaba. Yo embarazada d 4 meses , no soy muy de llorar,y ver a mi sobrino a traves del cristal de neonatos con la vía en la cabecita…se me cayó el alma al suelo.

    Al final se supo porqué salía alta la pcr?? Tiene q ver con hsber dilatado en bañera?

  6. Uff!! Durísimo . no m lo puedo ni imaginar…mi prima pasó por algo similar. Fue Horrible: la veia destrozada. Almenos saliamos a almorzar así se despejaba y desahogaba. Yo embarazada d 4 meses , no soy muy de llorar,y ver a mi sobrino a traves del cristal de neonatos con la vía en la cabecita…se me cayó el alma al suelo.

    Al final se supo porqué salía alta la pcr?? Tiene q ver con hsber dilatado en bañera?

  7. Tengo una hija de tres años y en octubre nace su hermanita/o y creo que mi mayor miedo es que se sienta desplazada.. cuando ella nació (por cesárea) al día siguiente estabamos en casa. Tenemos planes de que su hermanita/o nazca en otro país, no tengo idea cómo será la experiencia. No quiero que sienta que “la dejé” para ir a tener a su hermanita/o. No se si estarán mis padres o mi hermana o estaremos solos mi esposo ella y yo con la nueva criatura. Mi esposo trabaja demasiado. Trato de pensar que seguramente conseguiré la manera de ir llevando la situación pero el miedo siempre está ahí…

  8. Que amarga y a la vez enternecedora tu historia, vuestra historia, cuanto amor…
    Impaciente a la espera de como continúa.
    Enhorabuena por ser una familia ejemplar con tanto amor y respeto,

  9. Te entiendo tanto…aunque yo todavía lo tengo dentro. Mi primer y de momento único parto, cesárea de urgencia sin piel con piel ni conmigo ni con su padre porque se fue directa a neonatos. Diez días eternos que aún no se como los lleve tan bien como la gente me dice. Supongo que la procesión va por dentro, porque aún a día de hoy no puedo hablar del tema. Gracias por compartir tu experiencia, yo a mis amigas embarazadas se la cuento por encima para que sepan que eso puede pasar, a mí nadie me lo había dicho.

  10. Moltes gràcies per explicar la teva experiència. Crec que ajudarà a moltes mares que hem passat per la mateixa situació.
    Nosaltres vam viure el mateix amb la meva primera filla. Jo sóc infermera i treballo en la mateixa unitat on vaig tenir a la meva filla. Hem sabia pas a pas tot el que li farien a la meva filla, punxades, probes… Va ser un calvari, per mi la pitjor experiència de la meva vida. Al principi li costava respirar i després alteració de la PCR i antibiòtic durant 7 dies.
    Quan va respirar millor ja li posaven l’antibiotic a l’habitació amb mi, fèiem molt de pell amb pell, molta teta que ens va costar molt i molt… Però per sort després ho cam aconseguir i va manar 2 anys.
    Ara com infermera, quan hem trobo en aquestes situacions amb els meus pacients, empatitzo molt i molt.

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