28.5.2015

 

Queridas Laia y Lua,

 

Yo soy bajita, ya lo sabéis. Tú Laia ya me llegas a la altura de los pechos y dentro de dos días serás igual que yo. Vuestras abuela y bisabuela también son bajitas y tenemos las tres el mismo estilo: pequeñas, delgadas y proporcionadas. Hace muchos años, cuando esto de ser bajita me provocaba un poco de complejo es lo que me decía siempre: “pero soy proporcionada”. Me consolaba, mira. Porque siempre, en el cole y en otros lugares, ha habido quien se ha reído de mí. De hecho, y eso más vale que lo sepáis ya ahora, en el imaginario colectivo hay un estándar de cuerpo con unas proporciones y unas medidas. Y si no entras en él, ya has pringado. Uno porque es demasiado gordo, el otro porque es demasiado delgado, uno porque se sale de la media por alto, y otro por abajo. Una porque se sale por los pechos grandes, la otra por los pechos pequeños, uno por unas orejas grandes y el otro por los ojos un poco torcidos.

 

No importa. Todo el mundo tiene su gusto y su sentido de la estética. Para alguien, que vuestra madre sea tan bajita le debe parecer horrible y en cambio otro lo encontrará bonito. Y eso que me ha pasado a mí es probable que os pase a vosotras con cualquier otra característica de vuestro cuerpo: alguien de la clase dirá que lo que tenéis o lo que no tenéis hace gracia. O alguien se reirá de vuestras medidas o proporciones.

 

Y cuando eres pequeño, no os engañaré, que se rían de ti duele. Porque todavía no sabes que tu cuerpo no es tu.

 

¿Qué es el cuerpo, entonces? Es la forma que tenemos, es nuestro medio para vivir, para movernos, para ubicarnos en el mundo y tenemos el cuerpo que tenemos. Muchas de nuestras características corporales no las podemos cambiar ni que queramos, no dependen de nuestra voluntad, y da igual si nos gusta o no. Tenemos los pies grandes y los tenemos grandes, qué le vamos a hacer. Somos altos y eso es lo que hay. Cada día hay más personas que, no conformes con su cuerpo, se operan y se hacen las mil y una modificaciones con cirugía estética. No lo juzgo: si alguien siente que tiene una nariz muy fea y eso le hace sentir muy mal, es normal que quiera operarse. Y cada vez hay más cosas del cuerpo que se pueden cambiar, modificar…

 

Fui creciendo y lo de ser bajita ya no me pareció tan malo. Era bajita y delgada y también muy ágil; la gimnasia, la escalada, este tipo de deportes se me daban muy bien y los disfruté mucho. O sea que a medida que fui creciendo vi que la única pega que tenía eso de ser bajita era no ver el cantante cuando iba a un concierto, ¡qué le vamos a hacer!

 

Y un día entendí, desde lo más profundo de mi ser, que yo tampoco era mi cuerpo. Que era fantástico gustarme y sentirme a gusto en él, evidentemente, pero que identificarme en exceso con mi cuerpo era absolutamente inútil… porque no soy mi cuerpo.

 

Por eso os escribo hoy: para recordaros que no sois, en esencia, vuestro cuerpo. Como tampoco son su cuerpo las personas que véis por la calle: son mucho más. El domingo pasado en un parque vimos una niña con autismo y me preguntaste, tú Laia, qué le pasaba. Hablamos de ello igual que lo habíamos hecho días antes después de ver un chico con síndrome de down. Un día viste un hombre obeso y me dijiste “mamá, me he quedado impresionada” y me preguntaste qué le pasaba. Hablamos del peso y del cuerpo, de la alimentación, de las enfermedades, del metabolismo…

 

Con todo esto quiero decir que sí hay cosas que podéis hacer para sentiros mejor y veros mejor: alimentaros saludablemente, hacer deporte, etc, pero habrá características de vuestro cuerpo que no podréis cambiar. De alguna manera, tenemos el cuerpo que tenemos y es bueno amarnos como somos, de la misma manera que es bueno amar como son los demás. Con sus particularidades que los hacen especiales y diferentes de los demás.

 

Tú Lua cuando naciste no tenías nariz! Sólo dos agujeritos y todo el mundo preguntaba “¿y la nariz?”… Eso te hacía especial y diferente, y nos enamoró a primera vista. Tú Laia tienes unos pómulos marcados como tu padre y sólo nacer ya vimos aquellas mejillas que sobresalían… te hacían especial y diferente de los demás. Y nos enamoraron a primera vista.

 

Yo no podré hacer que améis vuestro cuerpo: lo intentaré, eso sí, pero en última instancia es algo que deberéis hacer cada una de vosotras. Aprender a aceptar el cuerpo que tenéis y aprender a quererlo. Ignorar las críticas que recibiréis del exterior y dejar que os resbalen los comentarios más que desafortunados que se reirán de esto o de lo otro. Va bien aprender, también, que no podemos gustar a todo el mundo y que todos tenemos nuestras carencias que tratamos de compensar del modo que podemos… algunos criticando a los demás.

 

Si nos identificamos con nuestro cuerpo como si no fuéramos nada más, una crítica absurda nos puede dejar en ko técnico, en cambio, si entendemos que nuestra esencia es mucho más, que somos mucho más, nada de lo que nos puedan decir o criticar llegará a traspasarnos y podremos actuar desde el centro pidiendo que no se traspase más este límite “deja de criticarme”, por ejemplo, pero sin que ello nos haga tambalearnos. Podremos hablar asertivament pidiendo respeto, pero sin que ese comentario nos mine la autoestima.

 

Y eso es lo que quiero para vosotras. Que veáis más allá de vuestro cuerpo y de los cuerpos de los demás. Que os améis, desde la primera célula de vuestra piel hasta el rincón más profundo de vuestra entraña. Y que recuerdéis ahora y siempre una frase del cuento preferido de Laia el último año: “Lo esencial es invisible a los ojos”.

 

 

2 Comentarios

  • marta

    Un llibre que a casa ens agrada molt i que parla sobre això:
    Tal com ets, ets el millor. Editorial Takatuka.
    Una abraçada.

    • Míriam

      Hola Marta,
      No el conec, el buscaré. Gràcies!
      Petons

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