Fusión

Fusión

25.9.2013

Hola, amor mío.

He llegado muy tarde de trabajar y hoy estamos solos tú y yo en casa. Tu padre y tu hermana han ido a dormir fuera. Mañana por la mañana iremos allí donde están ellos para pasar juntos el día. Me gusta sentirte, quería decírtelo. Te siento constantemente cerca, me siento constantemente acompañada y esta sensación, ya me pasó con Laia, me gusta. Estamos de 8 semanas, dijo el ginecólogo, y resulta que haces un centímetro, que tienes un corazón fantástico y precioso que late rápido y que creces sin cesar dentro de mí.

Me siento feliz contigo aquí. Siento ese cansancio tan pesado de la otra vez, también, como un cansancio que me ancla en el suelo y que a ratos me obliga a tumbarme. Pero es un cansancio que tampoco acaba de ser desagradable. Es como de arraigo, como de estar pegada de pies en el suelo. Me encuentro bien, no tengo absolutamente ninguna molestia. Sólo algún día un poco de insomnio y al mismo tiempo, a ratos, mucho sueño.

La barriga me ha crecido rapidísimo y me gusta imaginarte dentro. Siento tu presencia, tu esencia en mí. Siento como nos mezclamos, como danzan tu conciencia y la mía y me siento volar.

Estoy despistada y medio dormida todo el día. Reconociendo ya este estado por el que ya he pasado en mi primer embarazo, esta vez me he relajado sin reservas, me he abandonado profundamente al momento y tu padre a ratos me dice riendo que a ver qué me he fumado, que parece que lleve un globo encima… Porque tengo esa sonrisa permanente en la cara, porque voy al ralentí, porque todo lo que no es esencial me importa más bien poco o nada…

Quiero que sepas que en muchos momentos me conecto a la trascendencia de lo que está pasando aquí dentro. De esto tan importante y sagrado que es la gestación de un hijo. Me conecto a ti, me conecto a lo que está pasando en mi cuerpo, con un montón de cambios físicos que te permitirán crecer. Me siento receptáculo, me siento plena y disponible para alojarte. Con el espacio que necesites, con el tiempo que necesites, con la calma que me reclames. Me siento a punto y preparada para hacerte de madre, ahora y siempre. Me siento afortunada y agradecida de que me hayas escogido. Que nos hayas elegido. Sabes que intentaré hacerlo lo mejor posible aun sabiendo, ya de entrada, que me equivocaré muchas veces. Tu hermana seguro que te ayudará en todo esto, ella que ya tiene más experiencia en esto de aguantar los padres…

No tengo prisa de nada. No espero nada. En este embarazo me he desconectado, sin darme cuenta, de los deseos, de las expectativas, de la información y de los libros de embarazo y parto, y me he abandonado al momento presente. Me he abandonado a ti y a todas las sensaciones físicas y emocionales que me genera tu presencia. Saboreo cada instante contigo. Sé que será el último embarazo y no quiero malgastar ni un segundo. Sólo gozarte. Disfrutar en este nuevo estado. Disfrutar de nuestra familia como es; contigo dentro y él, yo y Laia fuera. Disfrutar de lo que tenemos y disfrutar de lo que somos ahora y aquí.

Ahora mismo no me preocupa nada. Y ahora, cuando casi son las dos de la madrugada, me está entrando ese sueño dulce del que te hablaba y ya tengo ganas de abandonarme a él. De abandonarme de nuevo a ti, dejando el cuerpo y la mente a un lado. Para bailar en sueños juntos, para reencontrarnos en horizontal y poderte palpar por encima de la barriga mientras te digo “que descanses hijo mío. Felices sueños. Te quiero”.

 

Tu madre.

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

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