Aprendamos de los niños

La maestra

1.2.2012

A veces me parece increïble que no entendamos lo importante que es la niñez. Que no veamos, a nivel social, político, etc, que si no respetamos a los niñ@s, estamos enseñando a los que mañana serán adultos a no respetar a los demás. Uno de los motivos por los que me gusta ser madre es porque puedo estar en contacto con esta etapa de primera infancia cada día. Quien tiene un hij@, tiene un maestro en casa. Porque si algo tengo claro desde hace muchos años es que los niños ¡nos dan diez mil vueltas!

Nosotros en casa tenemos una maestra y de las buenas. Con ella aprendemos cada día, sin excepción, algo. Nos enseña lo más importante: a estar presentes. Ella no sabe lo que es pre-ocuparse o anticiparse. Cuando hace algo, lo hace con tal intensidad, con tanta presencia, que el que está con ella, queda inmerso en este espacio de no-tiempo donde parece que nada más importa. Mi maestra te transporta, tiene una imaginación tan infinita que te lleva a bosques frondosos llenos de hadas y duendes, o te hace muñecos de nieve y castillos de arena sin moverse del comedor.

Con ella hemos aprendido que no miente si nosotros no le enseñamos qué son las mentiras y por lo tanto, si no le mentimos. Que si no la manipulamos, ella no nos manipula. Que si respetamos su ritmo de aprendizaje, su tempo, su cadencia, se siente segura de sí misma y siente una alegría infinita después de cada nuevo reto alcanzado. Nuestra maestra, al igual que todos los pequeños maestros de cada casa, es todo corazón. Dice lo que siente y lo expresa con una intensidad infinita, tanto la rabia como la alegría. Cada emoción es poderosa pero ella no las etiqueta en si es mala o no. Simplemente, cada emoción suya… es.

Ella me ha enseñado a tener paciencia, a dejar de intentar controlarlo todo, a saber esperar y a tener mano izquierda. Me ha enseñado que todo es importante y que cada minuto cuenta. Con ella he aprendido a amar de otra manera, un modo que también he podido aplicar a como amo a los demás. He aprendido a decir “te quiero” de mil maneras diferentes y a veces, sólo con la mirada. Me ha enseñado a entregarme sin reservas y a no esperar nada a cambio. A estar disponible y al mismo tiempo, a tener determinación cuando hace falta.

Tener una hija me gusta porque me fascina ver cómo juega, cómo aprende, cómo se relaciona con los demás. Porque, entre otras cosas, me transporta a su terreno y entonces soy también más inocente, más sensible, más pura, más alegre,… y todo sin miedo. Ah, y muy importante, nuestra maestra nos hace reír cada día, todos y cada uno de los días desde que está con nosotros. Nos reímos cuando jugamos al pilla-pilla, cuando pintamos, cuando vamos a dormir, cuando comemos o cuando jugamos al escondite y de repente encuentra no sé qué en el suelo y ¡se olvida de que nos tenía que buscar! 😉

Pero no creáis… también nos pone a prueba. A veces nos cuesta y no lo hacemos tan bien como se supone que deberíamos hacerlo, pero no nos lo tiene nunca en cuenta. Y además, cuando nos ve preocupados, o angustiados por algo siempre nos dice lo que nos reconforta: “mamá, papá… ¡no pasa nada! Estoy aquí… no me voy a ninguna parte!” Sonreímos y entonces pensamos seguro que a la vez: “No, querida maestra…. por favor no nos dejes, no nos dejes nunca”.

PD: Esto que nos dice es real, no me lo invento. Supongo que le quedó gravado; era lo que yo le decía en la época en que empecé a trabajar, y de noche. Las que no trabajaba ella se despertaba asustada y tenía miedo que me marchara…

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

5 respuestas

  1. m’ha agradt això d’aprendre a tenir paciènica i deixar de controlar-ho tot…és fantàstic i no gens gens fàcil explicar-ho sobretot a les iaies i avis que llavors et veuen com una mica “despreocupada”… doncs sí sóc una mare “despreocupada” en aquest sentit perque he après a deixar de controlar-ho tot en un moment precís.

  2. M’ha encantat, l’he llegit emocionada i he deixat anar la imaginació pensant en el que d’aquí poc també sentiré quan la meva filla Giulia, que acaba de fer 7 mesos, sigui més gran i ens regali moments inoblidables, com els que descrius, per aprendre al seu costat.

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