la pausa perfecta

La pausa perfecta

Estoy escribiendo muy poco sobre esta segunda lactancia de mi vida. En la primera, todo me sorprendía tanto, todo me conmovía tanto que necesitaba urgentemente contarlo a los cuatro vientos, era todo un descubrimiento para mí.

En esta segunda, después de haber amamantado a la mayor más de 3 años y medio, todo está siendo tan absolutamente natural y lo tengo tan integrado que ya no necesito explicarlo como la primera vez. Forma parte de mí de una forma tan espontánea, fácil y natural que me parece lo más normal que he hecho en mi vida: amamantar.

Aunque no hable de ello tan a menudo como de la otra lactancia, me sigue pareciendo lo más fascinante que he vivido nunca. A veces me repito “es que me sale leche de las tetas!” porque parece tan normal y al mismo tiempo es tan extraordinario, tan maravillosamente sorprendente estar amamantando a mi hija con tanto placer que me gusta repetirme que las mujeres tenemos poderes! Y tanto, si los tenemos!

Pero todavía ahora hay cosas que me fascinan de la lactancia, y una de ellas es su poder regulador. La lactancia regula al bebé y regula la díada madre-bebé de una manera increíble.

Y sino, mirad: cuando un bebé está cansado, cuando necesita dormir, la teta le regula ese malestar para que pueda relajarse y dormirse o bien con la teta o bien una vez se haya desenganchado de ella. Cuando un bebé va pasado de vueltas, cuando está excitado porque ya sabe caminar y no pararía nunca, vuelve a la teta y se calma. Le calma la angustia, esa ansia de quererlo todo ahora y aquí.

La teta sirve para poner los contadores a cero.

Cuando una madre va a buscar a su hijo a la escuela infantil y han estado horas sin verse y echándose de menos, la teta regula la ansiedad vivida y transforma la angustia en paz. Y podría poner tantos ejemplos de la función de la lactancia como reguladora… porque lo vivo todos los días y me reafirmo con lo que ya intuía con la primera lactancia: que es una herramienta extraordinaria para encontrar el centro.

Ayuda a volver al centro al bebé o a la criatura, y también ayuda a parar y a conectarse a la madre. Quizás no en todas las tomas las madres conseguimos centrarnos y parar a todos los niveles, pero sí en algunas.

Es una de las cosas que eché mucho de menos una vez dejé de amamantar a mi hija mayor: que ya no teníamos esa herramienta que nos ayudaba a regularnos a las dos y a cada una por separado.

Y los abrazos, los mimos y todo el resto de cosas que puedas hacer cuando ya no amamantas para tratar de llegar al mismo punto no tienen la misma eficacia que una buena toma. Lo siento, es así. No es lo mismo.

Cuesta mucho más parar la ansiedad de un niño sin lactancia, que cuando mama. Por muchos masajes que le demos, etc, cuesta más dormirles, relajarles, hacerles volver al centro… Y a nosotras también nos cuesta más. Las hormonas, supongo… Eso de lo que tanto nos quejamos a veces y que nos trae tantos beneficios sin darnos cuenta de ello cuando amamantamos…!

Este fin de semana hemos estado fuera con la familia y cuando nos vamos y hay tantas cosas nuevas alrededor, Lua mama mucho menos. Noto, notamos, que con el pasar de las horas se va cargando, y cargando… de nuevos estímulos, de ilusión por todo lo que descubre y aprende nuevo, etc. y llega a un punto que ves que ya no está a gusto.

¿Qué hace entonces? “Mamá, teta” y allí re-encuentra el centro, pone los contadores a cero, los ojos en blanco un rato, descansa, se carga y cuando ya ha tomado los dos pechos salta de mi regazo y se va, para descubrir nuevos mundos!

A mí también me pasa: cuando hace rato que ella no mama, llega un punto que el cuerpo me da como una señal que se traduce en ganas de que mame. Normalmente solemos ir a la una y en el mismo instante ella me busca porque quiere pecho. Conexión absoluta. Fusión absoluta.

Tengo que parar, obligatoriamente tengo que sentarme, ponérmela en el regazo y parar. A veces hago una cabezadita, otras leo, otras le toco el pelo y la admiro. Otras miro el móvil y repaso la agenda.

Pero paro y lo más importante, nos conectamos de nuevo. Ponemos las baterías a cargar: mamá de niña y niña de mamá y así volvemos a tener autonomía para tirar de nuevo cada una con sus cosas… hasta que la batería se agota y tenemos que volver a parar para cargarnos.

Es simple y normal. En plena fusión madre y bebé nos necesitamos y la lactancia nos ayuda a no desconectarnos, ayuda a necesitarnos mucho… Y aunque sé que es absolutamente normal y simple, a la vez me parece tan mágico, que no deja de fascinarme.

Echaré de menos el poder regulador de la lactancia cuando se acabe. Pero procuraré tenerlo presente, que me deje rastro, para no pasar muchas horas ni desconectada de mí ni desconectada de ellas.

Y tú, ¿has sentido el poder regulador de la lactancia?


 

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

4 respuestas

  1. Yo he dado pecho a mis dos hijas, año y medio a cada una hasta que se destetaron solas (creo que por ir perdiendo producción) En mi caso, no te creas que es tan radical, mis niñas siempre han buscado más mis abrazos y caricias que mi pecho. También es verdad que ellas desde bien pequeñitas sólo querían pecho para comer, si estaban llenas, por mucho que yo quisiese usarla de consuelo o de tranquilizamiento, ellas no querían, si no tenían hambre, no había tutía. Muchas veces se quedaban dormidas al pecho, y otras no, otras era simplemente comer y a jugar de nuevo.
    Por eso, cuando lo dejaron, tampoco lo noté tanto. Seguimos dándonos los mismos mimos, las sigo durmiendo a besos y caricias, y les dí y le doy a la pequeña el biberón con el mismo amor que le daba el pecho, se lo doy yo el 99,9% de las veces, las dos en la cama…vamos, como si fuese el pecho, pero la leche sale de otro lado.
    Así es que la transición no fue dura. Aún así, haberlas amamantado ha sido una experiencia genial.

  2. Jo trobo molt a faltar aquests moments de parar…és una cosa que miro de trobar ara que tomes pues lactancias ja fa temps que van acabar. Provo que sigui llegint, que sigui amb abraçades, pero realment no és el matéix

  3. Realmente tu escrito me ha conmovido!!!
    Qué reflexión mas acertada,….es verdad!!!Has puesto palabras a mis sentimientos y sensaciones!!Es una necesidad mutua!!!De conexión!!!
    Qué bonito!!!
    Muchas gracias Miriam

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