comida

Cuando sirvo la comida mi hijo me dice “no quiero” o “no me gusta”

¿Te suena? Para los padres, sobre todo para el que ha cocinado, frustrante, ¿Verdad? Ideas unos menús, compras pensando en tus hijos, quizás incluso lo más rico-sano-ecológico-ynosecuantascosasmás de la tienda y cuando, tú, feliz, le pones el plato delante, te suela un “no quiero” o “no me gusta”, sin ni siquiera probarlo.

Es un clásico. Si fuera un cómic saldríamos cayendo al suelo muertos y con un “tocado y hundido” al lado. Pero no somos un cómic y se nos queda cara de “no puede ser” justo después de escuchar a nuestro hijo.

El primer día no le das importancia (o sí), pero cuando llevas un montón, te preguntas qué está pasando y por qué lo hace.

Te preguntas si insistir, si ponerle la sopa por sombrero o si darle 10€ y enviarlo al restaurante de al lado a que se pida un menú.

Lo comentas con las amigas, con familiares con hijos o quien sea y te dice (menos mal), que a ellos también les pasa. Entonces respiras un poco pero que les pase lo mismo no te saca a ti del meollo a la hora de las comidas así que sigues preguntándote por qué lo hace y qué hacer.

Sí, a mi también me ha pasado.

POR QUÉ LO HACEN

Durante el primer tiempo de introducción alimentaria somos los adultos que decidimos. Vamos introduciéndoles alimentos para que vayan ampliando su abanico de gustos, texturas y demás. Luego, cuando ya comen de todo o casi, empiezan a tener, claro está, sus preferencias.

En mi opinión, las principales causas por las cuales un niño pequeño dice “no quiero” o “no me gusta” son las siguientes:

1. QUIEREN DECIDIR

Efectivamente no lo quieren o no les gusta. O al menos, no les gusta tanto como para volver a comerlo hoy de nuevo.

Hacia los dos años aproximadamente (unos antes, otros después) es muy típico que empiecen a decirnos qué quieren y qué no. Y a veces, aquello que han comido hasta ahora sin problema, cuando el lunes se lo ponemos delante, pues como que no les apetece.

Quizás pensaban en otra cosa, quizás no tienen tanta hambre como para comerse eso, quizás les apetecería otra cosa más ligera, o más consistente… vete tu a saber.

La cuestión es que expresan, sin problemas, sus gustos y sus preferencias, y eso está muy bien.

Digamos que no hay ninguna intención “oculta” en su negativa cuando ven lo que toca para comer.

No saben que hemos tenido que hacer malabares para ir a comprar, ni que hemos tardado un buen rato en cocinarlo y que le hemos puesto todo nuestro cariño. Ésta, diríamos que es nuestra historia, no la suya. No tienen ni la edad ni la madurez suficiente como para entender todas estas cosas y tenerlas en cuenta.

Y nosotros nos ofendemos cuando creo que no sirve para nada más que para poner más tensión en un momento que no debería de tenerla.

2. LLAMADA DE ATENCIÓN

Otro motivo por el cual nuestro hijo pequeño (de 2 a 6 años más o menos) podría decir “no quiero” o “no me gusta” es para llamar nuestra atención y a veces la comida no tiene nada que ver con lo que hay de “fondo”.

Pueden estar enfadados porque hoy nos han visto muy poquito y no hemos podido ni jugar juntos, o les ha pasado algo mientras estaban en el cole y no saben cómo contarnos su malestar, o están celosos porque nos ven todo el rato jugando con su hermano más pequeño… pueden ser mil motivos.

Quizás hemos estado poco presentes con ellos durante el día pero cuando nos dicen “no quiero” se nos disparan las alarmas y lo dejamos todo para “atender” esa negativa.

Ahora sí estamos en cuerpo y alma atendiendo lo que nos dicen, ahora sí escuchamos, ahora sí les miramos.

Consiguen esa atención que quizás han querido tener durante todo el día y no han conseguido: una atención plena, en cuerpo y alma, con todos nuestros sentidos.

Los niños nos necesitan así y si no lo consiguen en el juego, o en la conversación, etc, lo conseguirán de otra forma… más complicada quizás, más tensa… pero tendrán nuestra atención.

CÓMO ACTUAR

  • No le demos más importancia. De verdad.

Si cada día a mi me sirviesen la comida, todas las comidas, sin poder decidir, seguro que me pasaría exactamente lo mismo que a ellos. Por lo tanto, no tendría que suponernos ningún problema el preguntarles “¿no lo quieres seguro porque te apetece otra cosa o es porque no tienes hambre todavía?”

  • Dejemos que se expliquen porque si les escuchamos quizás entendemos perfectamente sus motivos.

Démosles otra alternativa. No hace falta que nos pongamos a cocinar otra cosa, pero si en la nevera tengo un tupper con lo que sobró ayer, le puedo preguntar si le apetece más lo que tengo a mano. Darle dos opciones y que escoja. Y sino, a mi siempre me queda la opción del pan con tomate con algo, o si prefieren, pues fruta.

  • A veces pasa: has comido tanto para comer que a la hora de cenar, y sobre todo si has merendado, pues te sientes como lleno y prefieres algo ligero. Pues no pasa nada.

¿Y entonces va a querer pan con tomate cada noche? Pues no, seguro que no.

Confiamos demasiado poco en ellos y tenemos mucho miedo: de que coman demasiado poco, de que coman siempre lo mismo… en el primer mundo los niños no se mueren de hambre.

  • Tengamos comida sana al alcance y no tengamos miedo.

Sí, es fácil de decir pero, ¿qué difícil verdad?

  • No nos enganchemos

A veces su negativa ya hace saltarnos todas las alarmas y nos ponemos tensos. Soplamos, decimos algo entre-dientes, nos agobiamos y eso lo ven.

No nos enganchemos a su emoción porque sino luego tenemos dos emociones negativas que desenredar y la verdad es que da más trabajo. 😉

  • Escuchemos

Escuchemos lo que nos tienen que decir. Quizás nos sueltan algo como “es que cada semana me pones brócoli y vale, me gusta pero no tanto como para comerlo cada martes!” o “Sí quiero comer pero quiero que me lo des tu”.

O sea, la comida no era el problema, el problema es que quiere que le hagas caso y que se la des, por lo que sea: está cansado, está inquieto por algo, siente un poco de celos y necesita saber que también estás disponible para él…

Escuchemos antes de juzgar y re-soplar.

  • Creemos complicidad

“He cocinado esto porque creía que te gustaría, pero si ahora no te apetece porque no tienes hambre, cuando tengas, me lo dices”.

O “ahora tengo esto pero para mañana si quieres pensamos juntos qué podríamos comer”.

O “He resoplado porque llevas muchos días diciéndome que no te gusta lo que cocino… ¿de verdad no te gusta o estás un poco enfadado conmigo?” o “Me acabas de decir que no te gusta sin probarlo… creo que estás un poco enfadado conmigo… y si me cuentas qué te pasa primero y luego cenamos?”

“Creo que quieres que te preste mucha atención porque hoy nos hemos visto muy poco… te cuento un cuento mientras cenamos?”

Tengamos en cuenta que muchas veces la comida no es el quid de la cuestión, investiguemos qué es -de verdad- lo que está pasando…

  • Pasará

No estarán así toda la vida. Apuesto lo que quieras que dentro de unos años probarán de todo e irán a toda clase de restaurantes… como hemos hecho muchos. Pasará y ni nos acordaremos.

  • Hagamos del rato de la comida algo agradable

Si nos enfadamos, todo empeora. Es nuestra responsabilidad procurar un ambiente agradable a la hora de comer. Respiremos profundamente, atendamos lo que esté pasando y confiemos… A veces sólo es cuestión de confiar 😉

PD: Si sospechas que tu hijo tiene un problema de verdad con la comida, consulta con tu pediatra. 


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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

7 respuestas

  1. Bona nit bonica! La Bruna fa un temps que també va cambiar l alimentació…al principi ens trobavem amb les situacions que has clavat en el teu post d alerta, pero ara que portem una mica mes d recorregut com a pares hem observat que ella en general es molt selectiva amb lo que li agrada i el que no….en tots els aspectes. Pero, ara be la nova preocupació! Bebe de 13 mesos que vol imitar a sa germana…quan són bebes i els hi donem tot bio, eco, menjar sa etc…pero amb ell ja desde L inici de l introducció d aliments vol menjar com ella…i a mi em dona la sencació que no s està “ben” alimentant com ho deuria fer un bebe d la seva edat…algun consell?? Petons!!

    1. Hola guapa.
      Estic segura que està ben alimentat. Perquè us conec i perquè et conec i sé que n’està. Relaxa’t, això és inevitable: que mengin coses molt abans del que els seus germans les havien tastat. I que els imitin. Paciència i molt amor. Flexibilitat i confiança. Una abraçada!

  2. Muchas gracias justo me pasa algo parecido a la hora d comer..tiene 3 años…y no es el motivo k no le guste muchas veces la comida…siempre veo que es por algo…llamada
    d atención!!! Y cansancio por el cole .
    Me has ayudado a reflexionar como actuo y para gestionarlo d la mejor manera .

    Saludos Miriam.

  3. Hola. Ya no sé que cocinar de verdad, a mi hija de 5 años le da arcadas si encuentra algo en la comida que no le gusta (y casi siempre encuentra) y el hijo de 2 años se levanta de la mesa y se pone a jugar y si no ha comido bien la comida, le pongo en biberon comida de bebes. Sé que esta muy mal pero no se como convencerlo de otra manera que coma del plato. Antes que era más chiquitín , comía super bien el solo comida entera, ahora ya no le gusta cualquier comida y come poquito. No sé que hacer con ellos, ya no se que cocinar para que les gusta la comida a los dos y que coman mas o menos bien, que no se quedan con hambre y que no coman tantos dulces . Mi hija como le dan tantas arcadas las comidas come lo que pilla en la nevera, yogures y en la mayoria de las veces dulces. No se que hacer.

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