29.10.2012

 

Había tenido que ir a urgencias: ya no recuerdo ni qué tenía. Era la madrugada de un sábado a domingo, creo. Cuando llegué sólo había una chica sola, un chico que lloraba y yo. Al cabo de nada, cada uno de nosotros estaba en un box. En medio de todos los compartimentos para atender a los enfermos había una zona central con ordenadores, mesas, etc, que era donde los médicos redactaban sus informes y recetas. Las puertas de los box, como casi siempre, medio abiertas. Se oía absolutamente todo. Estuve sola durante bastante tiempo, el suficiente para enterarme de todo lo que les pasaba a los que habían estado esperando conmigo en la sala de espera.

 

El corazón se me encogió cuando escuché esta conversación:

¿Sabes aquella chica que ha entrado por virus estomacal? – Dijo el que se acercaba a la zona central con el resto de personal sanitario- Pues no tiene ningún virus. Está embarazada y ¡ni se había enterado!

¡¿En serio?! – Dijeron el resto…

– Le he dicho: «mira, tú no tienes un virus… estás embarazada!», Y se ha quedado blanca!

Había, en aquella conversación que aún se prolongó un poco más, un cierto tono de burla, de incredulidad y, por supuesto, de juicio. Me sentí mal. Por un lado me indigné con aquellos médicos que hablaban de lo que tenían los pacientes sin darse cuenta de que todos lo oíamos todo, pero mucho más que eso, me hizo enfadar ese tono socarrón, de persona que juzga, que no acompaña y que no se hace cargo de la importancia de aquel momento. Me imaginé la chica, sola, con esa noticia que quizá le había caído encima como una jarra de agua fría…

 

Ese día, también sentí vergüenza, como si yo (que no conocía de nada esa chica) la hubiera traicionado de alguna manera, enterándome de aquella noticia mucho antes que las personas importantes de su vida… Como si le estuviera «robando» de alguna manera, su momento íntimo. Las mujeres que hemos querido estar embarazadas y lo hemos estado, generalmente tenemos muy buen recuerdo del día que la prueba de embarazo te dice ¡SÍ! Ver la confirmación de lo que tanto deseabas es un momento imposible de olvidar. Es un momento, de alguna manera, sagrado. El momento en que, a pesar de que pudiera haber alguna sospecha, se hace presente, consciente y se confirma que dentro de ti hay otra vida. Es importante y precioso si se puede vivir en una intimidad dulce, con la pareja o con personas que puedan compartir esta alegría y felicidad que nos traen, desde el primer día, nuestros hijos.

 

Pero no siempre es así. Hay jarras de agua fría. Hay personas que se enteran de que están embarazadas sin querer estarlo, o tumbadas en una camilla de hospital, solas en un box, pensando que sólo tenían un ataque de vómitos por culpa de un virus estomacal… Sé que estuve buena parte del día siguiente pensando en la chica embarazada. Poniéndome en su lugar y deseando que estuviera bien. De los vómitos pero sobre todo… de la soledad que seguramente había sentido en el hospital. Deseaba que hubiera encontrado alguien con quien compartir y de quien sentirse acompañada para encajar la noticia que le acababan de dar: tanto si era para acabarse alegrando, como si era para acabar decidiendo que no quería seguir adelante.

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Y ahora, la novedad de hoy: la posibilidad de escuchar también este post, leído por mí misma. El sábado, el compañero David Lay, del blog Y PAPÁ TAMBIÉN me hizo encender la bombilla. Leí y escuché un post suyo y dije… uauu… también lo puedo grabar, por si alguien prefiere escucharlo. Y lo he hecho. No sé si tendrá éxito, ni si valdrá la pena, pero de momento, lo haré. Podéis darme también vuestra opinión, de si lo preferís o no es necesario… pero he pensado que podía ser una nueva forma de llegar a vosotros. Espero que os guste.

 

SI QUIERES ESCUCHAR ESTE POST, SÓLO TIENES QUE HACER CLIC AQUÍ: Momentos

 

 

 

 


2 Comentarios

  • Maria

    Míriam!
    M’ha agradat molt l’audio! T’animo a continuar amb la iniciativa!
    Abraçades!!

    • Míriam

      Sí?
      Gràcies, Maria! A veure si m’ho atrapo tot 🙂
      Una abraçada!

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