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Termina la primera semana

Se acaba la primera semana de rutina en toda regla en casa. Y es que la rutina, propiamente, no empieza hasta que los niños no van al cole: entonces sí que nos volvemos esclavos del reloj! Se acaba la primera semana de rutina y estoy como si me hubiera atropellado un camión! Después de un verano respetando mucho los ritmos, de slowlife total, volver a ponernos en marcha no es fácil.

Y un día, se adaptan

Este no era el post que tenía que publicar hoy. Pero a veces la vida te da sorpresas, cosas que no te esperas y que cambian los planes. Esta es una de ellas: ya sabéis que desde el 12 de septiembre, acompañamos mi hija en el proceso de adaptación a la escuela, algunos días yo y otros su padre. Podéis ver los posts «ADAPTACIONES REALES ¡YA!» o «VIVO EN LA CLANDESTINIDAD» donde hablo de todo ello, para los que no sepáis la historia.

Laia ha ido contenta a la escuela desde el primer día: tle apetecía mucho y además, no tenía que sufrir porque su madre no se iba. Las primeras semanas fueron duras: sobretodo para mí. Ver tantos niños llorar desconsoladamente cuando se iban sus padres se me hizo muy difícil.

Des-ubicado

David había salido de casa con prisas porque ya llegaba tarde. Había dejado durmiendo en el sofá a Irene, su compañera, y a Max, su hijo de dos meses, que se resistía a soltar el pezón de su madre. Estaban de foto, había pensado mientras se ponía la chaqueta. Él, antes de salir, había recogido la cocina y había puesto una lavadora. Cuando miró el reloj soltó un «mierda», porque era muy tarde. Su hermana lo mataría, pensó. Habían quedado en una cafetería del centro a las cinco para, después, ir a comprar el regalo de su padre, que aquel domingo, al día siguiente, cumplía 70 años.

Canvi de ritme

Entro de «novata» en este nuevo mundo de llevar una hija al cole y lo primero que me choca es el cambio de ritmo. Yo, que después de parir estuve felizmente 2 años sin trabajar, yendo al ritmo que Laia y yo necesitábamos, durmiendo hasta las 11 de la mañana si era necesario, durmiendo siestas cuando queríamos… de repente me encuentro que los ritmos cambian. Y sí, lo sabía, no me quejo. Sólo digo que no pensaba que me chocara tanto.

Avui començo una cosa nova!

Hoy Laia empieza la escuela y yo empiezo… algo nuevo. No sé cómo se dice cuando a ti también te cambia la rutina, los ritmos, etc, porque tu hijo empieza una nueva etapa… Yo empiezo también eso, una nueva experiencia, una nueva fase. Después de tres años de estarla criando con su padre, y con la ayuda de abuelos y una canguro que vale un imperio, hoy a las nueve de la mañana los tres entraremos por la puerta de la escuela. El lugar donde a partir de ahora Laia también pasará muchas horas de su vida.

10 consells per l'etapa d'adaptació

1. Fuera expectativas: lo de «mi hijo es muy sociable, seguro que le gustará ir» o lo otro de «espero que la adaptación sea fácil porque él no llora nunca cuando lo dejo con alguien»… Lo que hemos vivido hasta ahora puede no tener nada que ver con lo que viviremos a partir de ahora. Es una nueva etapa, y recibámosla como tal. Seamos abiertos. No esperemos nada y no habrá nada de lo que frustrarnos.

Querido septiembre

El verano ha sido… potente. Caluroso, movido, agradable, estresante a ratos y aunque ha habido algunos momentos durillos, ha sido un verano feliz. Me gusta vivir en un lugar donde el año tiene estaciones, y donde el verano, el otoño, el invierno y la primarvera se notan y no son sólo palabras. Me gusta el verano porque rompe la rutina, porque hacemos muchas cosas que no hacemos durante el año, porque los días se alargan y porque el calor, los primeros días, me llena. Pero también me gusta el verano porque se acaba. Porque ya estoy harta de temperaturas altas, de que no corra el aire, de acostarme demasiado tarde, de demasiada poca rutina, de que el día sea tan largo, de que Laia quiera marcha cada día,… y sobre todo, tengo ganas de empezar esto que comienza cuando llega septiembre.

Inici de curs

6.9.2011 En todas partes oigo hablar del inicio de curso. La publicidad habla de ello, en el parque, los padres y madres hablan de ello… todo es el nuevo curso, ahora. Ya hablé de la «GUARDERÍA» en otro post y ahora no volveré a hacerlo. Ya he explicado que Laia no irá y que comenzará la escuela el próximo año,…

Carta de una mujer en puerperio a su pareja

Lo del puerperio o del post-parto, (que para algunos se acaba con la cuarentena pero que no es verdad, porque en el fondo, parece que nunca se acaba y se perpetúa con la crianza de un bebé que reclama y reclama), es como nadar en un humedal; son preciosos pero tienes que vigilar si no quieres hundirte.

Vas flotando entre un sinfín de emociones con la sensación constante que al más pequeño descuido, las aguas se te comerán y no podrás salir nunca más.

El barro son los miedos, a no hacerlo bien, a que se atragante cuando yo no la mire, a que me caiga en un momento de demasiado cansancio o de demasiada confianza, a que se aburra conmigo de hacer cada día lo mismo.