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Agradecimientos

El post de hoy es un post distinto de los últimos. Es un post que puedo escribir ahora, 7 meses después de parir a Lua porque ha habido el tiempo y el espacio para dejar reposar todo lo que sucedió. Dejar reposar, tomar conciencia, ordenar, poner en su sitio, entender y positivar. Pero para poder realmente poner toda la experiencia donde toca, necesito escribir esto que escribiré.

TU NO

TU NO

Lo que os voy a contar hoy no me hace sentir orgullosa, es más, me da cierta vergüenza contarlo y me gustaría, sinceramente, no haberlo tenido que vivir nunca. Pero las cosas son como son y no, a veces, como una quisiera.
«El día que me hundí» me di cuenta de qué me estaba pasando. En ese momento me molestaba muchísimo la felicidad ajena. La planta de maternidad, con una avalancha de parturientas y bebés por todas partes, me suponía un calvario. Con el calor que hace dentro de los hospitales, cada habitación tenía la puerta bien abierta y desde el pasillo podías ver las madres recién paridas con sus bebés en brazos. Ramos de flores que llegaban, padres radiantes de felicidad, y familias enteras con abuelos, tíos y primos que estaban de celebración. Para ir al baño tenía que pasar por ese pasillo y lo hacía con la cabeza baja porque no soportaba ver ninguna de estas escenas.

El día que me hundí

Serían sobre las seis de la mañana. Yo había estado en neonatos dando el pecho a Lua hasta que la dejé profundamente dormidita en su cama. Volví a mi habitación, justo al lado, a tumbarme y al entrar, mi madre me preguntó si Lua ya dormía. «Esto es una mierda», dije, y diría que me cayeron lágrimas. Ella se levantó para abrazarme pero le dije que no, bruscamente y con la excusa de que quería dormir. Pero no era por eso que no quería que me abrazara, sino porque si lo hacía, tenía la sensación de que no podría seguir siendo fuerte y me derrumbaría. Me tumbé en la cama y me dormí al instante. Al cabo de unos diez minutos empecé con unos temblores brutales. «Tengo mucho frío», le dije a mi madre y me empezó a poner de todo por encima; una manta, una chaqueta,… Duró un rato y no nos asustamos, ni ella ni yo. Sabíamos que era una mezcla de subida de leche y agotamiento profundo.

Neonats

28.3.2011 Cuando me entero que tal pareja ya ha parido y que, por lo que sea, el hijo está ingresado en la unidad de neonatos, tiemblo. Me sabe muy mal y tiemblo. Porque hay algo aún peor que el parto haya ido medio-mal y que el hijo esté en esta unidad, y es que el hospital dé el alta a…