¡Qué fácil es amar cuando todo va bien! Cuando tu hijo/a te abraza, cuando se ríe y te mira, o cuando le ves dormir. Amar entonces es taaaaaaan rematadamente fácil y espontáneo… que lo raro sería no amarle.

Pero amar también cuando se enfadan, están bordes y nos hablan mal, cuesta. Amarles y demostrárselo cuando pegan lo que encuentran y estallan en rabieta, es otro cantar.

Porque en el imaginario colectivo tenemos integrado que no podemos educar a nuestros hijos/as cuando tienen un mal comportamiento, si vamos de buenas. Creemos que si no nos enfadamos, no nos tomarán en serio. Tenemos que enfadarnos, o gritar, o reñirles… para que les quede muy claro que eso, NO.

No tenemos integrado que educar, lo que se dice educar, se hace siempre desde la conexión, desde el amor, desde el ejemplo, desde el buen rollo. Así es cuando más aprendes. No ellos, sino todos. Aprendemos más y mejor cuando conectamos con el que nos quiere contar algo.

Y entonces, cuando es así, sentimos que hay también amor. Porque no solo no se enfadan conmigo porque he estallado en rabieta sino que me ayudan y me cuentan cómo puedo expresarme de otra forma la próxima vez. Deben de quererme mucho si, cuando grito y lloro como hoy, me tratan bien también.

Tratándoles bien siempre no solo les transmitimos que les queremos, sino que son merecedores de ese amor. Les transmitimos que son importantes, que les respetamos y que no merecen que nadie les trate mal. Haciendo eso les preparamos para la vida en todas sus etapas, para que resuenen en el amor y detecten a la legua lo que no lo sea.

Amar incondicionalmente cuesta, es cierto, pero es extremadamente importante.

Ojalá resuene amor

Artículo publicado en Instagram y Facebook el 14 de enero de 2020

1 Comentario

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.