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Casas con niños

Sabes enseguida, cuando entras en una casa, si allí vive algún niño o no. No sólo por los objetos que que hay allí sino por el aire, por lo que se respira, por algo intangible que te dice, sin posibilidad de equivocación, «aquí vive un niño».

A mí las casas con niños me gustan. Me gusta esa especie de caos que rezuman casi todas las casas donde viven niños que aún maman, niños que gatean, niños que caminan pero que todavía llevan pañal, niños que ya aprenden a leer y escribir, niños que empiezan a ir de campamentos… Son casas donde no todo está en su sitio porque simplemente, es imposible, porque hay alguien pequeño que lo revuelve todo y que tiene otro tipo de orden y lógica de donde va cada cosa. Son casas donde cuando te sientas en el sofá te podrías encontrar, tranquilamente, un coche pequeñín, un muñeco de peluche o un plastidecor medio roto que alguien ha abandonado allí encima cuando decidió ir a buscar cualquier otra cosa…

Cuando miro las casas con niños a mí me transmiten prisa; la que intuyo que hay cuando la madre o el padre quieren que todo esté en su lugar, cuando se ponen nerviosos porque tienen que irse todos por la mañana de casa y queda todo sin recoger… y al mismo tiempo, me transmiten calma y me imagino las mañanas de fin de semana o entre semana, quién sabe, tumbados en la cama juntos, haciendo cosquillas en la barriga o jugando a «¿adivina qué letra escribo con el dedo en la espalda?»

Sabes que en aquella casa viven niños porque cuando entras al baño además de papel higiénico también hay toallitas húmedas. Porque en algún rincón siempre encuentras un taburete de colores, y si miras bien, al lado del grifo siempre hay un cepillo de dientes pequeño con algún muñeco o algo que le hace ser diferente de los demás. También ves muñecos de todo tipo para jugar en la bañera y colgada en algún lugar, una toalla de Hello Kitty, Rayo McQueen, el Rey León o algún colega suyo…

Son casas distintas. Más desordenadas o quizás con un poco más de polvo que el resto porque es imposible tenerla siempre limpia… pero yo en ellas huelo más vida. Porque los niños las inundan: porque cantan, gritan, lloran, juegan, corren y saltan y todo eso que hacen es vida en estado puro, en explosión constante que a veces, hay que decirlo, agota seguro a sus padres…

Me gustaría que a los hombres y, sobre todo, las mujeres, dejáramos de disculparnos cada vez que tenemos invitados en estas «casas con niños» porque no todo está en su sitio, o porque no hemos tenido tiempo de dejarlo todo impecable, o porque hay alguna zona que es un auténtico caos. Me gustaría que dejáramos de sentirnos mal por estas cosas y en cambio, valoráramos todo ello intangible, profundo y precioso que tienen las casas donde viven niños. Porque quizás sí que no todo esté donde toca pero… ¿y qué? ¿Qué importa? Ya lo ordenaremos cuando tengamos un momento… Y si el único momento que tenemos queremos invertirlo en jugar con nuestros hijos pues ¡mejor todavía!

Las casas donde vivimos son especiales porque vivimos con ellos, con esos hijos que las llenan por los cuatro costados y que segurísimo, el día que se marchen estarán quizás más ordenadas, de acuerdo, pero también mucho más vacías y un poco menos vivas.

 PD: Y en las casas con niños, a veces alguien pinta hojas de colores! 🙂

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

8 respuestas

  1. Has descrit casa meva! i segurament la de moltes mares i pares del món. Jo ja no em preocupo de donar explicacions. Els nens han de viure i ser feliços i, sense arribar a ser salvatges, tampoc han de viure en un museu

  2. Ai si! quin patir per voler-ho tenir tot endreçat! De vegades em molesto a mi mateixa! Però ho intento, cada vegada aconsegueixo una mica més el tirar-me a l’esquena l’endreça de casa…i el donar explicacions!
    😉

  3. Leer tu artículo me recuerda que no pasa nada si no alcanza el tiempo para tener orden en casa cuando si puedes tener tiempo para disfrutar con tus hijos.

  4. El caos a casa, quan la casa no té ni 70m quadrats i som 4, és la tònica de cada dia.
    De vegades m’angoixa, però com que el temps és el que és si he de triar entre una casa endreçada i uns nens esbroncats i quiets o el caos a casa, el CAOS és MA CASA… i jo tan feliç…

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