Hace mucho tiempo que este post se estaba gestando dentro de mi. Primero porqué mamás venezolanas me pedían que escribiera algo al respecto ya que ellas estaban viviendo mucha incertidumbre y querían herramientas para gestionar tantas emociones.

Podía comprenderlas, pero intentaba escribir y no me salía nada. Es muy fácil opinar cuando algo no lo has vivido en propia carne y también muy fácil errar. Así que no pude hacer ese post que me pedían.

Luego, este mes de septiembre, recibí muchos mails de mamás mexicanas que me siguen y que después del terremoto estaban muy asustadas y me pedían ayuda. “Escribe algo que nos pueda alentar en este momento en qué no sabemos cómo gestionar tantas emociones nuestras y de nuestros hijos”.

Y otra vez, me costaba escribir porque yo no he vivido jamás un terremoto y tenía miedo de que lo que les dijera, no les sirviera para nada. Así que no escribí.

Pero estas últimas semanas, donde vivo, en Catalunya, han sido tiempos revueltos. Por primera vez he sentido en primera persona ese montón de sensaciones que hay que gestionar: un montón, a veces, en un mismo día. Y a la vez que sentía todo esto, a mi lado estaban mis hijas con también sus propias emociones que había que acompañar.

La avalancha de mails de mamás pidiendo ayuda no se hizo esperar, y esta vez sí sentía que podía escribir ese post que tanto me habían pedido. Me di cuenta que las emociones que se viven en tiempos revueltos no son muy distintas, ya sea por un terremoto, un huracán, una crisis económica, política o del índole que queráis.

Y aquí estoy. Escribo esto con un único objetivo: aportar paz y herramientas para que cada mamá y papá en casa puedan comprenderse mejor y comprender mejor a sus hijos.

Ahí voy.

Hay muchos tipos de crisis. La palabra significa cambio y hay muchos tipos de cambio, claro está. Estas crisis pueden atacarnos en cualquier momento y podemos tener una crisis de identidad que sólo nos afecta a nosotros y ya. Podemos vivir una crisis de pareja. O una crisis familiar. Pero también hay tipos de crisis más globales que afectan a muchísima más gente a la vez. Digamos que en este caso, el sistema al que afecta la crisis, se amplía.

Hoy me centro en estos tipos de crisis, pero aviso que muchas de las cosas que voy a decir se pueden aplicar también a crisis que afectan a menos personas, como una familia, una pareja o a sólo uno mismo.

El ser humano y los cambios muchas veces no van de la mano. Buscamos siempre la seguridad. La seguridad, el control,… todo esto nos da paz y tranquilidad. Es normal. Pero que esto sea lo que busquemos no significa que siempre podamos tenerlo: así que como no somos muy fans en general del cambio, cualquier cosa que ocurra y que provoque un cambio substancial, o intuyamos que pueda llegar, automáticamente nos activa un montón de emociones.

Si se trata de un cambio repentino y brusco como puede ser un terremoto, el schock es brutal porque nos pilla absolutamente desprevenidos y llegan, de repetente dos cosas: El miedo y la inseguridad con algo de fondo que ocupa toda nuestra mente todo el rato y es que pueda volver a suceder.

Si se trata de un cambio más paulatino, no nos pilla tan desprevenidos pero las emociones que se van despertando pueden desgastar todavía más porque es un día tras otro con un estado emocional removido como una centrifugadora. 

Sea cual sea tu vivencia, tanto si estás a favor del cambio como si no, tanto si hay sufrido un terremoto y te has quedado en casa o si has salido y movilizado para ayudar, tanto si en la crisis política que vives eres de los que quiere cambio o eres de los que no, tanto si todo te pilla como lejos, tanto si con lo que sucede en tu entorno te sientes en euforia o en miedo, por encima de todo esto, no podemos olvidar que somos padres.

Tenemos la responsabilidad de filtrar la intensidad emocional en nosotros y la que se respira en el ambiente, para ayudar a nuestros hijos a que todo esto sea asimilable para ellos. Ellos son más inmaduros, más pequeños, y tenemos que convertir eso, el coctel de emociones que hay, en algo digerible…

Las sensaciones de inseguridad, de miedo, de incertidumbre, de euforia o de adrenalina pura, son muy distintas cuando no tienes nadie a tu cargo, que cuando tienes hijos. Primero porque se activa esa sensación de que tienes que protegerles y por lo tanto, tienes una responsabilidad mayor. Segundo, porque ellos no son inmunes a tantas emociones y se empapan de todo, con lo cual, es probable que tengamos que hacer una gestión doble: nuestro barullo emocional, y el suyo.

La cosa, por lo tanto, se complica.

Todo lo que os he contado ahora lo habéis seguramente experimentado en vuestra piel sea cual sea la crisis que hayáis atravesado o estéis atravesando. Pero aquí lo importante es saber qué nos pasa y cómo ayudarnos y ayudarles.

Como madre de 2 niñas y como profesional que trabaja con madres y padres para ayudarles a acompañar las emociones de sus hijos os propongo estas herramientas:

LO QUE HAY QUE SABER.

Cualquier situación de crisis nos activa sensaciones corporales ya vividas en otras situaciones quizás parecidas pero que vivimos siendo nosotros niños. Puede ser por mil motivos: una muerte en la familia que la dejó del revés durante meses con mucha inseguridad y sin nadie que llevase las riendas, una crisis económica que costó mucho de superar y que produjo muchos cambios en la familia, una separación que produjo en los dos progenitores mucha rabia, indignación y al mismo tiempo incertidumbre….

Y no sólo eso: a pesar de no haber vivido ninguna crisis importante seguramente nuestros padres o abuelos nos han contado situaciones críticas que les tocó vivir (sea lo que sea), y eso ha quedado guardado en una parte escondida de nosotros, que, al vivir algo que se le pueda parecer, despierta de nuevo con esas mismas emociones con las que ellos nos transmitían lo que habían vivido.

Por lo tanto, hay que estar muy al tanto de qué emociones y sensaciones corporales se nos despiertan cuando somos nosotros los que estamos enmedio de una crisis, del tipo que sea. Y preguntarnos si lo que estoy sintiendo forma parte del aquí y ahora o tiene que ver más bien con miedos transgeneracionales.

Las emociones que se nos despiertan cuando estamos en una crisis son emociones muy viscerales, que muchas veces nos impiden encontrar la calma y pensar con claridad. Desde las emociones de miedo, rabia, incertidumbre, excitación, euforia, etc. es probable que no actuemos de una forma asertiva y justamente la asertividad es lo que más necesitan nuestros hijos.

Así que toma consciencia de qué emociones se te han despertado para, primero, tomar consciencia.

QUÉ PODEMOS HACER
  • Lo primero es aceptar que hay cosas que NO dependen de nosotros. Es decir: no podemos impedir que no vuelva a haber un terremoto, porque no está en nuestras manos. Y tampoco podemos cambiar el curso de otros hechos que son muchísimo más globales y que se nos escapan. Así que en parte, hay que aceptar que pasará lo que tenga que pasar y que no depende de nosotros (en gran medida), así que tenemos que “acostumbrarnos” a vivir quizás sin esa sensación de “control” (que era también ficticia, la verdad) que teníamos antes.

Aún así hay muchas cosas en las que sí podemos actuar y de las que sí depende nuestro bienestar y el de nuestros hijos. Ahora comparto algunas:

  • Darnos cuenta de qué sentimos y por qué. No luchar contra lo que sentimos aunque sean sensaciones y emociones desagradables y aceptar que ahora estoy así. Si puedo poner nombre a esa emoción me será más fácil luego disiparla. Si no sé qué siento ni por qué, siempre me será más difícil hacer algo al respecto.
  • Preguntarme si lo que estoy sintiendo tiene que ver con algo objetivo del ahora y el aquí. Si me siento en peligro, por ejemplo, ¿eso es cierto? ¿Ahora, aquí en mi casa estoy en peligro? ¿O es una sensación que me lleva a eso pero en realidad no tiene que ver con mi presente ahora?
  • Preguntarme si se me ha despertado alguna emoción del pasado no resuelta. Por ejemplo: si mis abuelos me han contado que sufrieron mucho en la guerra, aunque ahora la situación no tenga nada que ver, se me despiertan emociones y la mente me trae imágenes de sus vivencias y las traigo al presente? Quizás me lo contaron cuando era muy pequeña/o y eso no podía procesarlo ni entenderlo y me produjo mucha inseguridad, y ahora, esa inseguridad se despierta y vivo sus propias emociones pero que en realidad no tienen nada que ver con mi presente. 
Las respuestas a todas estas preguntas me ayudarán a situarme en el aquí y ahora y a darme cuenta de qué es lo que estoy viviendo y, entonces, podrá hacer algo al respecto desde la asertividad y la calma.
  • Cuando ya me doy cuenta de qué es lo que me pasa, respirar esa emoción. Lentamente, inspirar por la nariz y sacar también lentamente el aire por la boca. Poco a poco y procurando no pensar en nada, sólo en centrarme en disipar esa emoción. Hacer esto nos ayudará no sólo a nosotros sino a, después, ayudar a nuestros hijos a hacer lo mismo cuando sus emociones les desbordan.
  • Ser consciente y responsable sabiendo que como esté yo eso afectará a mi hijo y por lo tanto, es necesario situarme y hacer el trabajo personal que tenga que hacer para no dejar a mi hijo en un vacío emocional en el que nadie le pueda acoger. Nos necesitan. No podemos quedarnos permanentemente anclados en el miedo, la inseguridad, o lo que sea que nos haga sentir el momento que nos toca vivir, etc, porque eso les deja a ellos en la soledad más absoluta.
  • Pensar en qué cosas me hacen sentir peor. Es decir, si yo estoy bien pero al conectarme a redes sociales de repente empiezo a leer cosas que me hacen entrar en angustia, puedo decidir mantenerme al margen por un tiempo. Si estoy bien y me siento a gusto, pero al encender la tele me pongo de los nervios, y me altera de tal forma que no vuelvo a estar en paz el resto del día, lo mejor es no encenderla más por un tiempo.
  • Aceptar que está bien (si lo necesitamos), aislarnos y protegernos de hechos, personas, medios de comunicación, redes, etc, que sintamos que nos chupan nuestra energía y que, de alguna forma, toman el control de nuestro bienestar. Está bien decidir poner una barrera, al menos un tiempo, y proteger nuestro espacio emocional e interno.
  • Tener muy claro que somos su ejemplo. Si nos alternamos con nuestras emociones con lo que sentimos o vemos cuando, por ejemplo, miramos la tv o nos llama una amiga, o lo que sea, nuestros hijos nos están mirando y tomando nota. Si me altero, ellos se alteran. Tenemos que tenerlo claro. No es necesario ser hipócritas, pero hay que actuar con responsabilidad.
  • Poner palabras a lo que sentimos y a lo que está pasando. No es un momento de evadir preguntas porque sus preguntas nos incomodan, al contrario. Es momento de hablar y de hablar mucho si lo necesitan.
  • Podemos permitirnos, claro está, estar más preocupados o tristes, pero tenemos que comunicarles qué nos pasa: “María, quizás me notas un poco apagada. No tiene que ver nada contigo y me pasará, no te preocupes”. Desligarles a ellos de nuestra emoción les ayudará a poder estar más en calma.
  • Poner palabras también a lo que ellos sienten: “Estos días te noto más alterado: puede que estés preocupado por lo que ha pasado estos días. Lo entiendo, no es bonito ver a todo el mundo con tanto miedo, verdad? Y esto te hace sentir inseguro… Pero yo y papá estamos aquí para ayudarte y para protegerte”.
  • Transmitir sensación de seguridad. Podemos admitir que no sabemos qué va a pasar pero siempre hay cosas que sí sabemos por seguro: que les queremos más que a nada, que les vamos a proteger pase lo que pase, que nosotros nos ocupamos de todo, y que ellos no tienen por qué preocuparse porque para eso estamos nosotros.
  • En tiempos revueltos sugiero no dejar que nuestros hijos vean la televisión. Estamos hablando de niños pequeños que ver como una casa se cae en pleno terremoto les puede asustar un montón. O ver cargas policiales, o gente peleándose, o un huracán llevándose a árboles por delante… lo único que va a hacer es preocuparles más. No tienen suficiente madurez como para comprender la magnitud de lo que sucede así que mejor no bombardearles con imágenes que lo que les van a aportar va a ser inseguridad.
  • Cuando nos pregunten, contestar siempre y no con evasivas. Y os propongo tirar del hilo: “¿Me preguntas eso porque estás muy preocupado? ¿Qué es lo que más te angustia de todo esto que me contabas? Veo que no puedes dormir… ¿qué sientes ahora mismo? ¿hay algo que te preocupa?”
  • Darles herramientas para que puedan acompañar ellos mismos también sus emociones: respirar juntos, enseñarles a respirar de manera consciente y pausada. Darles contacto físico, más tiempo juntos.
  • Aceptar que puedan retroceder en algunos hitos ya asimilados. Puede que la inseguridad y el miedo que captan del ambiente les haga retroceder y sentir más frágiles. Por lo tanto, no es raro que vuelvan a querer dormir con nosotros, que tomen más teta de lo que hacían o vuelva a escapárseles el pis. Todo es normal.
  • Escaparnos todos al campo, al bosque. Entrar en contacto con la Naturaleza para que nos equilibre y nos armonice.
  • Mantener las rutinas en la medida de lo posible, que es algo que les va a dar mucha seguridad.
  • Tener claros los valores universales y no alejarnos de ellos: del amor, de la amistad, de la paz, del respeto… porque estos valores son los únicos que nos pueden salvar en época de tiempos revueltos. Estar en esos valores y transmitírselos a nuestros hijos es lo mejor que podemos hacer.
  • Educar en la paz y en la solidaridad. Por más removidos que estemos, por más emociones que a ratos puedan despertarse siempre, siempre, hay que educar a nuestros hijos en la paz. De ello depende este mundo.
  • Rodearnos de gente que aporte, con los que podamos hablar y ayudarnos si lo necesitamos. No es momento de relaciones tóxicas que nos quiten energía. Aceptar al otro tal y como es y tal y como siente lo vivido, pero alejarnos si lo que produce en nosotros no son sensaciones agradables. Cuando hay crisis es tiempo de sumar, no de restar.

Ser empáticos. Incluso si el otro no lo es con nosotros. Tiene otra historia de vida, otro bagaje, otra mochila, otras carencias, otros traumas y otras experiencias. La empatía no sobra nunca y mucho menos en tiempos de crisis.

Si vemos que no somos capaces de gestionar lo que sentimos y que esto acaba afectando a nuestros hijos a los que, a su vez, no somos capaces de acompañarles, entonces quizás es interesante y recomendable buscar ayuda profesional.

Sentirnos vulnerables y frágiles (sensaciones absolutamente normales en tiempos revueltos) nos hace contactar con el bebé y el niño pequeño que fuimos y quizás necesitamos que algún profesional nos eche una mano en eso. Si somos acogidos, podremos acoger. Si no lo hemos sido nunca, nos será más difícil.

Y por último y no menos importante. Siempre habrá crisis, siempre habrá cambios. Lo importante es procurar sacar siempre el mejor aprendizaje de estas etapas. Estar bien cuando todo va bien es más o menos fácil. Lo difícil es estar centrado y en la paz interior también en tiempos revueltos.

Así que tenemos todos un reto: Buscar nuestro centro porque desde aquí sí podrán salir soluciones asertivas, sí podremos sobrellevar mejor la situación y además, conseguiremos que nuestros hijos lo lleven, sin duda, muchísimo mejor que si estamos del revés.

Ojalá todo lo que te he contado hoy, te ayude. Yo procuro aplicarme todo lo que te he escrito y llevo muchos días ya haciendo cada paso de los que te he descrito y sí, funcionan.

Como siempre, no es lo que nos ocurre sino cómo lo atravesamos. El mismo hecho puede ser vivido desde la angustia más profunda o desde la calma y la aceptación (que no resignación), más absoluta.

Y en parte, cada uno elegimos cómo queremos vivir.

Un abrazo muy fuerte. En tiempos revueltos, los abrazos largos, curan. Abrazaros mucho.

¿Qué tal llevas tú criar en tiempos revueltos?

6 Comentarios

  • Shasha

    En casa el atentado de bcn nos cogio desprevenidos y mi hija se empapo demasiado de tele y estuvo muchos dias hablando de ese hecho aunque no en su magnitud real, la crisis politica actual no nos esta afectando animicamente. Perooooo me he dado cuenta que yo estoy muy pero que muy irascible pero por una cosa relativamente pequeña pero que me esta causando muchas inseguridades y es que en seis meses vuelvo a trabajar despues de mas de cuatro años cuidando a mi peque, y ese futuro cambio de rutinas el no poder estar ahi para llevarla al cole, cuando se ponga enferma, etc me esta creando una crisis interior, que se ve aumentada en que todo el mundo me pregunta que cuanto me falta y me «apoyan» diciendome lo mal que voy a llevar la reincorporacion despues de tantos años sin hacer nada, que esta pagando la pobre con mi mal humor y muy poca paciencia.
    Voy a intentar aplicar lo que has dicho aunque no sea una crisis de la magnitud de las que describias. Gracias

    • miriam

      Vaya, lo siento mucho. Sí, eso puede ser una gran crisis porque es un gran cambio y nos remueve muchísimo. Estoy segura que irá mucho mejor que lo que te imaginas. Procura centrarte en el presente e ir pasito a pasito. Un abrazo y mucha suerte.

  • Albert

    Com sempre, moltes gràcies per compartir amb nosaltres la teva saviesa.
    Genial el post, els consells i la teva mirada serena sobre com enfrontar-nos a situacions difícils, de ben segur ens servirà molt aquests dies i en el futur.

    • miriam

      Gràcies Albert, me n’alegro. Una abraçada.

  • Raquel

    Gracias gracias gracias por todo lo que aportas, que es tantoooo
    Un fuerte abrazo

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