De rabietas y berrinches

Tengo la sensación de que desde hace unas semanas hemos entrado en esa espinosa etapa que muchos llaman de las «rabietas». A mí no me gusta esta palabra porque creo que tiene connotaciones muy negativas. Cuando pensamos en una «rabieta» normalmente pensamos en un niño/a que se enfada de forma desmedida por una tontería, por algo sin sentido, y que por tanto, no es nada bueno. Ya de entrada, lo juzgamos…

Tengo que confesar que los primeros arrebatos de genio de mi hija me sorprendieron muchísimo. Sabía que llegaría un momento en que saldría la «leona» que lleva dentro, pero aún así, cuando la vi gritar, tumbada en el suelo y pataleando pensé: “¡Que no nos pase nada!«. Porque, no nos engañemos, normalmente son situaciones difíciles de capear con buenos resultados y sobre todo, que dan muuucha pereza. Porque te exigen un esfuerzo extra cuando, quizá, estás más cansada de la cuenta. Porque pide de ti toda la mano izquierda, todo el saber hacer de madre o padre, porque aquella situación no acabe prolongándose in eternum…

Ahora que ya llevo unas semanas en esta nueva etapa he observado algunas cosas: los golpes de genio así de repente se producen mucho más si yo estoy cansada o he estado horas fuera de casa. Como si por la tarde me «regalara» este comportamiento, supongo que para hacerme presente (aunque sea inconsciente) que me ha echado de menos. Totalmente comprensible. Si estoy cansada me cuesta horrores capear bien la situación y a veces me lleva al límite de mi paciencia que, por suerte, intento no acabarla. Estos enfados de niños pequeños en público están muy mal vistos y siento que la gente me juzga a mí y también a ella. Por ahora, no me importa mucho. Hay momentos en que veo que llora porque necesita hacer una buena descarga y busca cualquier motivo para poder hacerlo. Por ejemplo, querer conducir ella, cosa absolutamente imposible. Ante estos casos, simplemente intento entenderla y dejarla llorar acogiéndola, abrazándola y explicándole qué está sucediendo. Normalmente con unos minutos le bastan y justo después vuelve a sonreír.

Pero otra cosa que también he observado a mi alrededor es que madres y padres que crían con vínculo, dedicándose a los hijos de todas las maneras posibles, se sienten a veces incluso decepcionados por estos comportamientos de sus hijos. Como si el hecho de haberlos criado de la manera que lo han hecho les tuviera que dar la «carta de libertad» en estos temas. Como si el hecho de haberles dado pecho a demanda, haber colechado, haber empatizado siempre con ellos, y haberles cubierto las necesidades en todo lo que han podido, tuviera que hacer desaparecer esa etapa en la que el niño se reivindica y se hace sentir.

Y yo me pregunto… ¿No es precisamente eso lo que queríamos? Yo siempre he querido que mi hija, cuando sea mayor, sea una persona libre, que piense por sí misma, que haga valer sus derechos, que no sea una ovejita que sólo cumple órdenes… Pues bien, ¿de qué demonios me sorprendo? Hace justamente lo que le toca en el momento en que está. Ha aprendido que ella también tiene sus ideas y las hace valer. Cuando no quiere subir el coche y llora con todas sus fuerzas tiene sus motivos. Normalmente es porque en el coche hace un calor insoportable. Yo, si pudiera, tampoco entraría! Acaso tenemos que entrar porque tenemos de ir a casa? Pues evidentemente que lo acaba haciendo, pero no sin antes haberme dicho y expresado que entrar en el coche en pleno verano con el calor que hace dentro es una mierda. Y tiene toda la razón.

Que yo preferiría que fuera todo más fácil cuando estoy cansada, que no me echara de menos, que… pues sí, evidentemente. Pero nadie ha dicho nunca que criar a un hijo fuera fácil, o que acoger esa rabia que nuestro hijo/a expresa con toda la fuerza y que nos remueve por dentro, fuera coser y cantar. Es una oportunidad. De aprender de ellos, pero también de nosotros. De crecer CON ellos. Bienvenidos sean los golpes de genio de mi leona!

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

11 respuestas

  1. Hola!!

    Me ha gustado mucho la forma en la que lo has planteado y cuando dices que algunas personas (entre las que me incluyo en algunos momentos) ven estas «rabietas» como un fallo en la educación, estoy de acuerdo. Es una etapa de su crecimiento y hay que verla como tal. Nosotros estamos tb pasando unos días de bastantes enfados por su parte, cuando no puede coger algo (un cuchillo, el mando de la tele…) se enfada muchísimo, grita, llora y patalea, es su forma de mostrar su descontento, es verdad, como dices, que sería mas agradable si no le dieran estos arrebatos pero ella es así. Ya hemos tenido alguno en la calle y lo que si hemos comprobado es que si yo (o el padre) conseguimos mantener la calma (muy complicado algunas veces) la situación mejora mucho más rápido. El sofocón no se lo quita nadie pero al menos la cosa no va más.

    Muchisimas gracias por tu comentario en la entrada de la vuelta al trabajo, es verdad que la cosa ha mejorado mucho e intento entrar en casa contenta, sonriente y sin mostrarle el agobio de no haber estado con ella por la mañana…

    Un besazo

    1. María… Si yo creo que quizá algunos niños pasan esta fase mucho más «light», depende, pero que reivindiquen lo suyo tampoco es malo y lo mejor, creo, es vivirlo con muuuucha paciencia y calma. Y seguro que eso también pasará. Son etapas, son momentos… Tienen derecho a expresar que te han echado de menos, que no les gusta algo que les toca hacer o que se sienten frustrados. Con el tiempo y con nosotros acompañándolos, ya encontrarán la manera de gestionar las emociones de manera más tranquila… Pero lleva su tiempo. Gracias por explicar tu experiencia. Un beso! Ah, y me alegro que lo llevéis un poquito mejor.

  2. Hola,
    Ja fa dies que et llegeixo; he estat mirant moltes entrades anteriors i m’he sentit molt identificada amb tot el què expliques (part, cesària, arribada a casa, «primeres vegades»). M’he emocionat molt amb algunes entrades, em queien les llàgrimes i tot.
    La meva nena encara és petita: 3 mesos i mig. L’avantatge que em portes amb la Laia em va bé per anar-me preparant pel què vindrà… encara que tens raó: tots els nens són diferents. Avui buscaré el llibre que vas escriure, tinc ganes de llegir més sobre el vincle.
    Gràcies per compartir l’experiència de criar.
    Una abraçada.

    1. Gràcies Gemma per les teves paraules! Em fan il·lusió! Celebro que t’agradi el que escric i que et serveixi. Enhorabona per la teva recent maternitat! Una abraçada.

  3. Ai, les enrabiades…el més difícil és mantenir tu la serenitat i no perdre també els nervis. I això s’allarga. Jo tinc ara el petit que comença a entrar-hi (també vol conduir) i el gran que ja porta tres anys d’avantatge que també té les seves, encara. Així que, paciència, sobretot paciència i molt d’amor. Poc a poc i explicant les coses, les aigües tornen al seu lloc, encara que sigui sanglotant després d’una bona plorada assegut a la teva falda. I quin moment de descans el del consol i de satisfacció per poder-lo donar.

  4. Ufff cada nen és un món….. Com ja he explicat en altres comentaris, jo tinc un nen de 5 anys que MAI ha fet una marranada ni una rabieta. S’ha pogut enfadar quan li diem coses que no pot fer però rabietes no. Per una banda, això es bo perquè sempre et fa quedar be, saps que vas al súper i si li dius que no li compraràs alguna cosa no et montarà el número però per altra banda és un nen massa conformista, a vegades i ara amb 5 anys de tant en tant li surt la ràbia que no li va sortir amb 2.
    En canvi la nena que té 3 anys és totalment al contrari, és reivindicativa a tope, monta número per qualsevol cosa…en fi que us he d’explicar…com diria la seva àvia: «la nena té caràcter».
    En fi, que són coses que han de passar i que com be dius és difícil mantenir la calma quan estàs cansada i que sobretot es tracta d’aprendre tots junts. Ànims!!! (això és el que em repeteixo quan ja no puc amb la meva ànima!!!)

    1. Òstres Anna, doncs tu has viscut els dos casos… Déu ni do. No és fàcil, gens. Però quan estic en ple capítol d’enrabiades intento repetir-me per dins «passarà» i és cert, sempre acaba passant i retrobant la calma…

  5. Hola! doncs jo tinc un lleó a casa i ja portem algunes setmanes que està en plan «mandon» i enfadat, s’ha de fer el que ell cregui en aquell moment i jo a vegades trampejo la situació el millor que puc i tinc paciència però el seu pare no, i aquest cap de setmana ha sigut d’allò més mogudet!!!!
    Ell creu que ens pren el pèl, però jo no penso igual i es fa força difícil suportar aquestes situacions…. perquè jo faria, però si faig llavors creo un mal ambient amb el meu home…. i és duret..

    El Joan sol fer rabietes per quasi tot, esperem que sigui una curta etapa.
    Ja he comentat que porto anant a tallers de criança des-de que el Joan tenia mesos i la noia que ens ho fa sempre m’ha dit que és molt bo que el Joan reivindiqui el que sent, i que si vol dir no i enfadar-se doncs és lliure i molt positiu però clar, és dur, i suposo que també en la societat que vivim, anem mastegant en que un nen si fa rabietes ja és un marrano o mal educat….
    A mi se’m fa força dur aquesta nova etapa… jo que per les tardes estic sola ja que el meu home no arriba de treballar fins les 10 del vespre i clar, llavors el Joan ja dorm i hem passat la tarda junts, banyera, sopar…

    Però intento calmar-li quan ell vol alguna cosa i no pot ser, amb paraules suaus, pessigolles, explicant-li alguna cosa nova o algun que li cridi l’atenció i llavors dir-li que allò no es fa ara o no toca i que farem una altre cosa més divertida…

    Ser mare és molt dur, però a la vegada tant gratificant que no ho canvio per res del món!

    1. Uau, Pilar, no ha de ser fàcil. Els lleons són potents, oi?! 🙂 I la situació no és fàcil, menys encara quan amb el teu home teniu diferents criteris a l’hora de fer front a l’enrabiada del vostre fill. Suposo que ell, el Joan, això també ho deu notar… Entenc el teu patiment en aquesta qüestió… A veure si amb el teu marit podeu anar trobant espais comuns a l’hora de tractar aquest tema, perquè el Joan no hi vegi fissures, que pogueu anar a la una… això pot ajudar i molt a rebaixar el nombre d’enrabiades diàries del teu fill… Però no és gens fàcil, gens! Ànims i sort en aquesta etapa.

  6. Sip, tens tota la raó, per sort són moments puntuals, quan són enrabiades fortes, que aquestes són de tant en tant, també el que ens passa es que encara no parla clar i moltes coses no les entenem i el Joan s’enfada, jejej suposo que poquet a poquet anirem pulint la situació.
    I siii els lleons són tremendos! jejejeje
    Un petó!

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