Demos tiempo a los procesos

 

No sé por qué, siempre he tenido una cierta tendencia a que la gente me cuente sus problemas. Esto me pasa desde muy pequeña y ahora, de mayor, en que no sólo me gusta que me los expliquen sino que intento ayudarlos si puedo, esto ha ido in crescendo. Tan es así que a veces, sin hacer gran cosa, me encuentro en los lugares más inverosímiles y con personas que no hubiera dicho nunca, confesándome lo que les pasa y les preocupa. Sobre todo en temas de crianza o de los hijos.

El otro día me fui a depilar. Busqué un lugar de aquellos donde no tienes que pedir hora: van rápido y es barato. La chica que me depilaba empezó a hablarme del puente, de si yo tenía fiesta o no,… y a explicarme que ella no y que era un problema porque su hijo de dos años y medio no tenía guardería el viernes. Por lo tanto, tenía que hacer malabares logísticos para tener quién cuidarlo. Yo casi sólo decía sí y no, poca cosa más… no he sido nunca de las que explica su vida a desconocidos… Casi sin ni darme cuenta, me encontré escuchando su historia y dentro de esta había un gran “problema” que a ella la preocupaba enormemente: su hijo de vez en cuando todavía se hacía el pis encima. Habían quitado el pañal al empezar el verano, como tantos otros padres de hijos de dos años.

Cómo si en mayo o en junio alguien hubiera dado el pistoletazo de salida diciendo:

“A ver, los niños de dos años, que se pongan todos en fila, uno al lado del otro. Cuando escuchéis el disparo, todos con el pañal fuera y a ver quién va más rápido a controlar esfínteres y acaba en la pole position”.

Ella no tenía en cuenta que estaba embarazada y que el niño lo sabía (posible aparición de celos), ni tampoco que había empezado la escuela, con un proceso de adaptación difícil que aún no había acabado porque todavía lloraba casi cada día cuando ella se iba. Los niños, a menudo, no hacen los procesos ni cuando los padres queremos que los hagan ni cómo nos gustaría que los hicieran (rápido y sin sufrir, por ejemplo). Cada cosa tiene su tiempo y muchas veces, los tiempos de los adultos no se asemejan en nada a los tiempos de los bebés o de los niños pequeños. Entonces llega la preocupación. Intenté explicarle que lo que le pasaba a su hijo era absolutamente normal. Que qué le explicaba que ya hacía frío! Cómo si el hecho de llegar el otoño e invierno significara que los niños ya no se pueden hacer pis encima. Intenté calmarla, decirle que el proceso de control de esfínteres requería, por parte de los padres, mucha paciencia, que era un proceso, que cada niño va a su ritmo, que normalmente dura meses… Que entendía que no le gustara lavar tanta ropa, pero quizás es porque era demasiado pronto. Que volvieran a poner el pañal, si lo creían necesario, que no pasaba nada, que no quería decir que su hijo fuera “menos” que los otros. Básicamente: que se calmara y sobretodo, sobretodo: que intentara no reñirle cuando a él se le escapaba el pis.

Me escuchaba y decía que sí con la cabeza. Me miraba cómo si le hablara alguien de otro planeta. Quizás nadie le había dicho todavía nada semejante. Quizás lo que había escuchado hasta el momento era “¿todavía se hace pis? ¡Este niño te toma el pelo!” Noté que aquellas palabras le sentaban bien pero a la vez, al cabo de un rato, vi que lo que le pasaba realmente era que estaba enfadada. Enfadada con él porque no respondía a sus expectativas. Enfadada porque se meaba a pesar de que ella, hacía quizás sólo 5 minutos, le había propuesto de ir al baño sin éxito. Cómo si su hijo le estuviera fallando, traicionando. Cómo si se lo hiciera a propósito, para fastidiarla, o para hacerla enfadar. Ojalá la depilación hubiera durado más y hubiera tenido algo más de tiempo para reconfortarla e intentar acercarla un poquito más a su hijo…

Lo que le pasaba a ella es más común de lo que pensamos. Personas que ven los hijos como si fueran enemigos, como si hubieran venido aquí sólo para amargarnos, a estropearlo todo o a complicarlo todavía algo más. Sin ponernos en su lugar, sin informarnos de si aquello que hacen tiene un por qué… Ver los hijos como enemigos es terrible. Por un lado porque no es cierto, porque no lo son. Y del otro porque que pensemos esto les hace daño, mucho daño. Y si lo que pensamos les hiere y ellos son parte nuestra y, seguramente, lo que más amamos… en el fondo, nos estamos hiriendo también a nosotros. ¡Y de qué manera!

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

5 respuestas

  1. Ai si, de vegades quan estàs cansat et prens de manera personal que el teu fill/a no es vulgui
    vestir o netejar el cul després de fer caca, o…
    És una ofensa!: en plan: “ostres! només em falta que em demani això ara, però si ja ho sap fer tot sol, però que no veu que no puc més,
    que encara he de fer el sopar, canviar els bolquers de la petita i estendre la rentadora que si no
    s’arrugarà i agafarà pudor d’humitat! és que només pensa en ell!!!!”…
    jajaja, després si pots, has de comptar fins a deu i respirar…i dir: encara no està preparat…o: m’està demanant atenció…
    En fi…poc a poc!

    Per cert! Sobre això que dius de parlar amb desconeguts sobre la criança: L’altre dia vaig xerrar amb
    una caixera d’hipermercat perquè es justificava amb una parents seus que encara dormia amb la seva
    filla de 9 mesos. Quan van marxar li vaig dir que tranquil.la, que fés el que el cor li demanés i
    em sebla que li va anar bé, va fer cara d’alleugerida i em va agraïr que li hagués dit (jejeje,
    si sabés que a casa dormim tots 4 junts!!!). Però guaita tu…com ella mateixa em va dir: “si total: quan sigui gran marxarà de casa i ja no podré mimar-la…”.

    1. Hola, Maria!
      Sí, a vegades estem tan immersos que ens prenem com a personals coses que no ho són. I això que comentes de la caixera, que bé que li poguessis donar un altre punt de vista! Que, d’alguna manera, sentís que també hi ha qui no la jutja i l’acompanya. Que bé que hi hagi desconeguts també per donar un cop de mà, oi?!
      Una abraçada

  2. Cuantos casos hay así, y no sólo del control de esfínteres. El ver a los hijos como controladores, manipuladores, como tu dices enemigos, hace que la distancia entre padres e hijos sea enorme y los niños no entiendan el por qué. Me da mucha pena que los padres piensen así de sus hijos.

    Cuanto me alegro de que en el caso de esta mujer se encontrase con alguien que le hiciese ver otro punto de vista, al que seguramente no esté para nada acostumbrada.

    Un abrazo

    1. Totalmente de acuerdo.
      La distancia es enorme, el vínculo entre los dos se resiente y a veces hay caminos que ya no consiguen desandarlos, ni los padres ni los hijos, ya mayores. Y la raíz es que los hijos nunca se sintieron tenidos en cuenta. Una pena. A mi me agobia a veces ver lo extendido que es este sentimiento…
      Besos

      1. Si, sap molt de greu quan veus famílies tan trencades, amb els vincles tan ferits… I la malaltia, i la soledat que això genera…
        Quanta ajuda necessiten aquests pares que tenen aquesta carència, i aquesta necessitat de que el seu fill/a creixi abans d’hora perquè senzillament no el/la poden sostenir…perquè no es poden sostenir ni ells/elles mateixes…tots i totes ho hem sentit, i alguns hem tingut la sort de veure-ho i anar-hi posant la mirada, anar-nos curant i refent els vincles….
        Ara que parlem de refer vincles, l’altre dia vaig veure el vídeo “ESTAR AQUÍ” que recomanes a NOTÍCIES, i em va encantar moltíssim!

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