educacion emocional

Educación emocional en los hijos y nosotros

Saber lo que se quiere. Saber lo que queremos.

Parece fácil y en realidad… lo debería de ser. Pero no. El martes pasado, en el video “Poder: ¿y si te toma el pelo?” os explicaba que los niños saben lo que quieren y lo demandan, a su manera, que a menudo no es la que nos gustaría. Pero saben lo que quieren.

Lo saben de una forma instintiva (están mucho más conectados que nosotros), pero no saben pedirlo. No saben expresarse como les gustaría y como querríamos. Pero es que además, sienten que quieren algo pero a menudo, lo que piden puede no ser lo que quieren en realidad.

Parece complicado y quizás lo entenderemos mejor con un ejemplo. Niño de 2 años que, mientras su madre está en la calle hablando con una amiga que se acaba de encontrar empieza a pedir teta. Al principio lo hace normal, “teta, mamá teta” pero a medida que su madre va hablando y hace como que ahora no es el momento, empieza no a pedirla sino a exigirla. Y empieza a chillar. “Mamá, tetaaaaa!” como si no hubiera un mañana.

Es muy probable que este niño justo ahora en ese preciso momento, el tomar teta o no, no le sea una cuestión de vital necesidad. Vaya, casi pongo la mano en el fuego. Pero quiere atención y por la edad que tiene, todavía tiene poca espera, poca paciencia. Ya la tendrá, pero ahora todavía no. Su madre está hablando con una amiga y no le está haciendo caso y… cómo puedo obtener la atención de mamá? Con la teta.

Con la teta mamá tiene que dejarlo todo, sentarse, tocarme, cogerme en brazos, sentarme en su regazo, entregarme su leche, su cuerpo y su alma entera. Con la teta el mundo de mamá vuelve a girar entorno mío y yo, que estoy en la etapa egocéntrica, necesito saber que su mundo gira a mi alrededor. Me nutro y me hace feliz.

Pero mamá no quería ahora dar teta. Quizás no le apetece dar el pecho a su hijo en plena calle ahora mismo porque lo que quiere es hablar con su amiga. Tranquila. Sin escuchar los gritos de su hijo a punto de montar la rabieta del siglo.

Nadie tiene la culpa. Lo que les pasa a los 2 es normal:

  • El niño se aburre, se aburre mucho mientras escucha la conversación de las dos mujeres y no tiene ni la capacidad, ni la edad, ni el entendimiento para comprender que ahora, para su madre, es importante que esté, un ratito, callado y quieto.
  • La madre tiene necesidad de hablar ahora, un momento, con otra adulta y quiere hacerlo sin sentir que está descuidando nada, y no quiere parar su mundo para sentarse y dar el pecho. Es comprensible.

¿Cuál es el problema aquí? 2 necesidades que chocan, y que la demanda del niño es una demanda desplazada y por eso no se entienden. Si el niño dijera: “mamá, entiendo que quieras hablar con tu amiga pero ahora mismo me aburro mucho, necesito que me hagas caso porque no tengo edad para estar aquí plantado esperando”, su madre seguramente lo tendría presente y, o daría algún juguete al niño para que se distrajera un poco, o quedaría con su amiga en otro momento y en otro lugar.

¿Qué son las demandas desplazadas?

Es esto: No te pido lo que necesito de verdad porque quizás ni siquiera lo sé, pero te pido otra cosa que apacigüe el malestar que siento al no tener lo que necesito de una forma muy profunda.

No siento que mis padres me hagan caso o que estén presentes cuando están conmigo y empiezo a portarme “mal” haciendo toooodas las cosas que sé que les sacan de quicio. O… les echo mucho de menos el rato que estoy en el cole y como no sé cómo expresárselo y siento muchísimo malestar, cuando me recogen empiezo a pedir la Luna. O… pido un caramelo como si no hubiera un mañana cuando en realidad lo que me pasa es que estoy cansado y me gustaría estar ya en casa ahora y no sé cómo decírtelo.

No se dan cuenta. No son conscientes de ello, pero muy a menudo los niños hacen demandas desplazadas.

Por cierto, las demandas desplazadas no quitan ningún malestar, no aumentan, porque nunca conseguimos lo que en realidad queríamos, que era otra necesidad, mucho más primaria.

¿Y los adultos?

Pues sí, también, cada dos por tres. Siento que mi pareja no se hace co-responsable de lo que supone criar a nuestros hijos, me siento sola, pero en vez de decirle que lo necesito más activo y presente, le monto la de san quintín por cualquier cosa con lo que él piensa que soy una exagerada y que pido chorradas. Y no hay manera de entendernos. O… mi pareja se siente desplazado desde que ha llegado el niño y en vez de decirme “te echo de menos” se enfada conmigo porque no me apetece hacer el amor. O… siento que mi madre no cuida de mis hijos igual que cuida de los de mi hermana y me enfado con ella por cualquier cosa que no tiene absolutamente nada que ver.

¿Cuántos adultos sienten malestar pero no pueden ponerle nombre? “Es que no sé qué me pasa, estoy fatal, pero no sé por qué…” La educación emocional ha estado muy ausente, pero tenemos que ponerla en el sitio que le corresponde y para mi es vital.

¿Qué podemos hacer para revertir esta situación?

Es necesario hacerlo porque desde las demandas desplazadas no podemos comunicarnos porque la comunicación se convierte en un diálogo de besugos porque nadie entiende nada.

El que recibe la demanda no sabe a qué viene tanto alboroto por algo trivial, y el que hace la demanda se siente ninguneado porque en el fondo, esa no era la demanda real, pero no lo sabe.

Se puede revertir cuando sepamos qué queremos de verdad. Cuando sepamos qué sentimos, qué echamos en falta, qué necesitamos de verdad. Parando, teniéndome en cuenta, escuchándome profundamente sin miedo a sentir… podré saber qué necesito y podré encontrar la manera de hacerlo saber, la manera ASERTIVA de hacer mi demanda.

¿Y los niños?

Sé que a lo mejor algunos creéis que si esto es difícil de hacer en adultos, imagínate con los niños pequeños que no saben identificar todavía muy bien lo que sienten. Pues no, yo creo que no es tan difícil y lo digo porque lo he experimentado.

Cómo sabrá lo que necesita, cuál es la demanda REAL? Pues porque tú se lo dirás. 

En el ejemplo del niño que pide teta: “Cariño lo que ahora quieres no es teta, es que mamá te haga caso porque te estás aburriendo”. En el caso de un niño que interrumpe constantemente a los padres que intentan hablar un segundo “no hace falta que hagas X para llamar nuestra atención, ahora te atendemos, sé que quieres que te hagamos caso ahora porque te estás aburriendo”. “Lo que te pasa se llama celos, cariño y me puedes decir -mamá caso- cuando sientas lo que estás sintiendo ahora, no hace falta que quites el juguete a tu hermano pequeño”. 

Queréis que os cuente cómo podéis enseñar a vuestros hijos a deciros lo que quiere sin que haga demandas desplazadas? Leed este post: “MAMÁ, CASO”

Lo hemos practicado con nuestra hija mayor y con la peque ya estamos con esta frase, “mamá, caso”. Todavía no la dice, pero ya pone nombre a algunas emociones “toy enfadada, toy triste, tengo miedo…” y este ya es un primer paso, para que pueda ir identificando sus malestares y luego, poder pedir lo que necesita DE VERDAD.

No es fácil y tenemos que poner palabras, estar presentes… El otro día no se separaba de mi ni un segundo. De verdad, ni un segundo. Yo estaba empezando a agobiarme porque todo se hacía mucho más lento y tenía prisa. En un momento dado le dije “voy a la habitación, no hace falta que vengas, quédate aquí, es sólo un momento” y empezó a gritar fuerte y a llorar… yo fui corriendo y volví. Le dije “ya estoy aquí” y ella, indignada me dijo “Es que tengo miedoooooo” como quien dice: “no te pido que no te alejes de mi por capricho, es por algo real, porque tengo miedo y que te vayas un segundo me hace sentir insegura…”.

Por eso es tan bueno enseñarles a identificar las emociones que van sintiendo, porque entonces, cosas a las que los adultos no encontramos sentido, de repente vemos la luz y decimos “aaaaaah… vale… lo siento, no lo sabía”.

Pensad en lo que hacen vuestros hijos y haced trabajo de investigación para detectar demandas desplazadas. Pensad en lo que hacéis y sentís vosotros y detectad demandas desplazadas. Reflexionad sobre lo que sentís, de verdad. Y sobre lo que sienten, de verdad. Y empezad, si no lo habéis hecho ya, a poner palabras. Primero a vosotros mismos y después a los demás.

Es liberador y hace que, poco a poco, todo empiece a encajar.

 

 

 

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

15 respuestas

    1. Paqui, desde el minuto 0. Tú le pones palabras “acabas de nacer y sientes muchas cosas que no sentías… estoy aquí para acompañarte” “Sé que no te gusta que te cambie el pañal porque te sientes inseguro…” Poner palabras a un bebé que no entiende cómo funciona el mundo es muy necesario. Les ayudamos a conocer el entorno y a conocerse ellos mismos. Un abrazo

    1. Us en posaré de vells perquè estic segura que molta gent no els ha vist pas tots, que ja n’hi ha més de 70! 🙂 Jo també us trobaré a faltar… però hi seré. A les xarxes i aquí. Una abraçada.

    1. Hola Marta,
      pues difícil de responderte con un comentario aquí sin saber más cosas. Tendrías que preguntarte desde cuando te pasa eso? Qué te molesta exactamente? Hay una parte de “mamá leona” que se activa y es normal, sientes que, de alguna forma, te va a robar tu espacio privilegiado de madre cuando cuide a tu bebé. Pero tú siempre vas a ocupar EL espacio de madre. Es algo irracional e inconscientes, sentimos que nuestra cría peligra y nos ponemos en alerta. Pero esto te lo estoy diciendo así, generalizando y quizás lo que te pasa es algo más profundo, etc. No lo puedo saber. Yo te recomiendo sentar una buena base de comunicación porque va a ser la abuela de tu hijo siempre, y es importante que haya “buen rollo”.
      Lo que te pasa, por cierto, es más habitual de lo que se puede creer. Un abrazo.

  1. La veritat que si per nosaltres es dificil, pobrets ells no vull ni imaginar.ho. M,ha agradat molt i sobre tot m’ha ajudat molt aquest post, moltes gracies com sempre, et trobarem a faltar, pero sobretot disfruta molt de les vacances i de la familia que passa rapid. Una abraçada

  2. Míriam, me ha encantado leerte. Me asombra tu capacidad de comunicación y la inteligencia emocional que desprendes. Leyendo, has removido algo en mí y me gustaría comentárselo porque es un problema que no sé por dónde afrontar. Yo no fui criada de un modo respetuoso. Eso me ha dejado ciertas secuelas como falta de seguridad en mi, valorar me poco… Hasta ahora esto ha sido simplemente una losa en mi espalda, pero ahora que tengo hijos, quiero desprenderme de todo esto porque sin quererlo, se lo transmito al ellos. Y lo que es peor, aunque veces me horrorizo viendo cómo repito los patrones que tanto reprocho al mi madre. ¿Me podrías recomendar alguna lectura, taller o vía para aprender algo gestionar las emociones yo misma? Es la única forma que tengo de poder llegar a enseñar al mis hijos a que lo hagan. Mil gracias

    1. Hola Marta, es que cuando se trata de algo tan profundo, que nos asalta aunque no queramos, creo que tiene que haber un trabajo más profundo. Porque leer está bien pero es la teoría y en la mayoría de los casos la teoría la tenemos clara, en la mente lo tenemos claro, pero luego nos asalta otra vez el viejo patrón, el aprendido en la infancia. Por eso es necesario un trabajo profundo de investigación y sanación de la propia historia. Un abrazo

  3. Que verdad más grande, si no sabemos reconocer nuestras demandas desplazadas no podremos avanzar. Voy a ponerme manos a la obra para ayudar a mi peque en todo lo que pueda.

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