El ruido y los niños

El ruido me agobia, me irrita. Es cierto que cuanto mayor me hago más me gusta el silencio y más me molesta el ruido, pero recuerdo que de pequeña me agobiaban los lugares donde había demasiado ruido. Tengo el oído sensible y los lugares con mucha estridencia, directamente, me ofenden y es como si algo físico me empujara a irme, no lo puedo soportar.

Cuando Laia era un bebé, nos dimos cuenta de que cuando entrábamos en alguna tienda, casa o lo que fuera con ruido, se ponía a llorar. Sí, lo hacen muchos bebés, es cierto. Pero Laia lo hacía mucho. Creíamos que iría creciendo e iría perdiendo esa sensibilidad tan alta al ruido pero no ha sido así. El ruido la agobia, la molesta y le produce malestar. Uno de los puntos negativos que tiene para ella la escuela es que hay mucho ruido. A veces cuando sale me dice “mamá, qué dolor de cabeza! Todos gritaban y me he agobiado mucho “.

 Quizá por eso, porque somos un poco más sensibles al ruido o porque nos agobia tanto, nos hemos ido fijando en la cantidad de ruido que hay siempre que se organiza algo para niños. Y no me refiero al ruido que hacen los propios niños hablando, gritando, cantando o corriendo. No, me refiero al ruido que nosotros, los adultos, les ponemos en espectáculos infantiles, chiquiparks, ferias, etc., suponiendo que así, disfrutarán más.

Os habéis fijado? ¿Os habéis fijado en el volumen altísimo que hay en las atracciones de las ferias? En el volumen altísimo que hay cada vez (al menos en Manresa), que se organiza algo para niños? En el volumen altísimo de la música que ponen en los chiquiparks, etc?

Es necesario que SIEMPRE haya música a todo trapo? No es suficiente con música flojita, que de ruido ya harán los propios niños? Es necesario que la música que ponemos sea música de adulto, de la que podríamos escuchar en cualquier discoteca?

El domingo por la mañana fuimos al Carnaval INFANTIL de Manresa y lo remarco en mayúsculas para que quede claro que es un carnaval dedicado a los niños y lleno de niños de todas las edades, incluidos bebés. Pues bien, durante la rúa había música pero era soportable. El Carnaval terminaba en la plaza del Ayuntamiento y allí sí que se te fundían los tímpanos! Sólo llegar Laia puso cara de “¿pero qué esto?” y mi marido, que llevaba a Lua en la mochila le tapó directamente las orejas! Nos encontramos unos amigos y pudimos distraer un poco el malestar que provocaba a todos, tal nivel de decibelios. Mientras llegaban las comparsas la música era del estilo de “Follow de leader”, para que os hagáis una idea…! Al cabo de 10 minutos tuvimos que irnos de la plaza; aquello era insoportable. Nos fuimos nosotros, los amigos y mientras salíamos nos íbamos encontrando compañeros de clase de Laia, etc, que hacían lo mismo: se iban diciendo “Dios, qué ruido!”.

Nos aireamos un poco y al cabo de un rato lo volvimos a intentar situándonos en otro lugar de la plaza a ver si era menos agresivo el ruido de los altavoces, pero no. En 4 minutos Laia nos miró y tuvimos que irnos definitivamente porque aquello ni ella, ni nosotros, ni Lua lo soportábamos más. De camino al coche nos encontramos más amigos y todos hacían lo mismo, comentar el volumen de la plaza.

Y este ejemplo me ha servido ahora de caso concreto pero es extremadamente habitual que el volumen de las actividades para niños sea excesivamente alto justamente, para unos niños que en general tienen el oído mucho más fino que los adultos!

Los niños, en general, no tienen problemas de oído, ¡al contrario! No disfrutan más si ponemos el volumen a todo trapo (quizás alguno sí, no lo dudo), pero que te revienten el tímpano no suele gustar a nadie!

¿Por qué no favorecemos ambientes agradables con música a un volumen soportableen que los niños puedan pasar un largo rato disfrutando con los amigos? O es que lo que quieren es que familias enteras se vayan rápido a casa con la cabeza como un bombo? Si es eso lo que buscan, lo hacen muy bien. Pero si no lo es, por favor, tomen nota: música sí, ruido no gracias!

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

2 respuestas

  1. També seria d’agrair que les famílies ensenyessin els infants a no udoilar,fer esgarips i xiscles estúpids quan juguen.Visc en un setè pis i a l’estiu és una tortura sentir el volum de crits que fan els nanos que juguen al carrer.És com estar sentint tot el sant dia els xiscles de l’escena de la dutxa de “psicosi”.Reconec que amb l’edat em torno més intolerant, però també és cert que els sorolls forts i sobretot els xiscles aguts m’arriben a fer mal…
    I ja no parlem de quan anem amb la meva parella, tan sensible al soroll com jo, a dinar o sopar a segons quins llocs.El volum de decibels és brutal.

  2. Te entiendo muy bien y estoy totalmetne de acuerdo. A mi hijo Leo le pasa lo mismo que a Laia y por ejemplo en algún cumpleaños nos hemos tenido que ir smplemente porque la música que los padres ponen en el radiocasette está muy alta. Es absurdo.

    Con él no podemos ir a conciertos, es una pena… De alguno al aire libre nos hemos tenido que ir también. Y el cine ni nos lo planteamos!

    Poco a poco lo va llevando mejor. Menos mal que no tiene que quedarse al comedor en el cole!

    Un saludo!

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