Conciliación

Queremos criar a nuestros hijos

4.10.2011

¿Hay interés en conciliar? Me refiero a la gente que corta el bacalao. ¿Hay un verdadero interés en llegar a una conciliación real ya?

Conciliar no significa sólo bajas de maternidad y paternidad más largos. No. Quiere decir muchas cosas que implican un cambio de concepción de los tiempos de trabajo y un cambio de concepción social en muchos aspectos. Lo primero que muchos se preguntarán es ¿hace falta?. Mi respuesta es que sí, que es necesario, que es imprescindible.

Ahora bien, entiendo que muchas personas, muchos políticos, muchos de esos que “cortan el bacalao” no lo vean como un “imprescindible”. Porque para entender la verdadera necesidad de conciliar la vida laboral y familiar tenemos que saber, para empezar, cuáles son las necesidades más básicas de un bebé. Cuáles son las necesidades de un niñ@ en su proceso de crecimiento emocional, físico e intelectual. Pero claro, a veces no nos interesa saber realmente qué necesita ese bebé o ese niño que reclama. ¿Por qué? Pues porque su necesidad entra en lucha con nuestra propia necesidad de adulto de lo que sea: de tiempo para nosotros, de contacto con otros adultos, de nutrirnos profesionalmente, intelectualmente, de proyección exterior, de hacer deporte, etc. Y ante dos necesidades enfrentadas, ¿cuál diríais que prevalece? Bingo, la del adulto. Esto es lo que pasa en muchas ocasiones. Por eso es tan importante la crianza consciente. ¿Qué quiere decir consciente? Pues que ponemos toda la conciencia a saber qué necesita el bebé, qué necesitamos nosotros, para podernos entender, perdonar y conseguir dar al que hemos ido a buscar, lo que nos pide y que sólo nosotros, sus padres, le podemos dar.

¿Por qué nos es tan difícil ignorar nuestras necesidades de adulto? Porque muchas veces cuando nosotros éramos bebés, las nuestras, las necesidades más básicas que reclamábamos, no nos fueron satisfechas. Y ahora, que es NUESTRO turno, no volveremos a ignorarlas para satisfacer las de este peque que llora en la cuna reclamando contacto a gritos. Y así vamos reproduciendo el patrón. Conclusión: las necesidades del bebé más básicas, de fusión, de contacto, etc, no son satisfechas, otra vez.

La sociedad que tenemos montada también tiene unas necesidades, que son, básicamente, las de productividad; que hagamos, que produzcamos, que seamos “útiles”. Por lo tanto, quedarse en casa a criar/cuidar nuestros bebés no interesa, porque no somos “productivos”. Y en el fondo, sí que lo somos, y muchísimo más que en una fábrica. Estamos criando los que serán adultos el día de mañana, dotándolos de buenas bases, de los cimientos que les permitirán seguir construyendo sin, esperemos, ataques de ansiedad, ansiolíticos o visitas al psiquiatra.

Pero el problema es que los resultados de una crianza consciente, de escuchar las necesidades más básicas de los bebés y los niños tiene unos resultados a largo plazo. Y lo que reclama nuestra sociedad son resultados rápidos, casi instantáneos, a muy corto plazo.

¿Cómo podemos convencer a los del bacalao que invertir en nuestros hijos (y no hablo de invertir en más escuelas infantiles o más formación para educadoras) es una inversión segura? ¿Cómo podemos hacer entender que los bebés son la clave, que el vínculo con sus padres también lo es, que una sociedad que no escucha sus bebés acabará siendo una sociedad enferma? No soy muy optimista, francamente. Pero no tiro la toalla y no me cansaré nunca de repetirlo. Sí es importante, sí es posible. La conciliación real es necesaria y cuanto antes la tengamos, mejor. Por nosotros pero sobre todo, por ellos. Por nuestros hijos y también por los suyos, y por los suyos, y por los suyos…

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

3 respuestas

  1. Cuánta razón tienes. Yo creo que no se ve como algo necesario ni prioritario del mismo modo que aun persiste la idea de que los niños “no se enteran” de las cosas. Cuantas veces habré oido este comentario o otros como “ya se le pasará” “te toma el pelo” y lindezas de este tipo que demuestran que hasta que no RESPETEMOS a nuestros pequeños y los veamos como seres humanos (pequeñitos, pero seres humanos al fin y al cabo) el mundo dificilmente cambiará

  2. Yo creo que no interesa y por eso dudo tanto en que vayamos a lograr algo real y decente aunque por intentarlo que no quede.

    Estamos montados en el consumismo y para consumir hay que producir dinero. Además, todavía existe la nefasta concepción de que cuantas más horas pasemos en la oficina más se está produciendo y es un craso error. Creo que si se fomentaran los horarios intensivos para los padres que deseamos conciliar el resultado podría llegar a ser realmente asombroso pues trabajaríamos con los 5 sentidos puestos en nuestro trabajo las horas que estemos en la oficina.
    Lo que ocurre es que lo “socialmente normal” es llegar a la oficina a las 09.00 de la mañana, tomarse un cafetillo a medio día, hacer una comida de 2 horas o más y claro, nos dan las 20.00 de la noche y seguimos fuera de casa. Hasta que no se cambie ese “chip” va a ser muy difícil lograr una verdadera conciliación. Ya se sabe, “spain is different”

  3. Me ha gustado mucho el análisis de la situación que has hecho. Yo también creo que “los cortan el bacalao” no es que no sepan, es que no quieren saber. Si algo está poniendo de manifiesto esta crisis económica, es que el “cotarro” lo manejan unos pocos y que todos nosotros, incluso los gobiernos, la sociedad entera… somos esclavos del dinero, los bancos, los mercados. A quienes de verdad tienen el poder poco les importan las necesidades de nuestros hijos o que seamos felices. Pero aunque seamos las pequeñas hormigas trabajadoras del cuento, la unión hace la fuerza, y nos necesitan para sustentar el engranaje de su caja registradora. Así que no debemos rendirnos y luchar por los derechos de nuestros hijos. Qué parece un sueño lejano… sí, pero no un imposible.

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