La enfermedad también habla

Desde hace ya bastantes años, cuando enfermo siempre me pregunto por qué. Pero no con la mano en la frente como si estuviera en una tragedia griega, no.

Sino para saber qué ha habido o que ha pasado últimamente en mi vida que me ha hecho bajar las defensas y enfermar. Normalmente siempre lo encuentro, siempre encuentro lo que no ha acabado de encajar, aquel momento en que mi cuerpo ha sucumbido ante el ataque de algún virus. Hace poco más de un año, el 11 de septiembre de 2010, de fin de semana en una casa de agro-turismo con mis padres, me puse a 38,5 de fiebre. Horas antes me dolía un pecho, el izquierdo, si no recuerdo mal.

Era un dolor inusual en un lugar concreto y ya me lo imaginé: obstrucción de un conducto. La leche había quedado allí almacenada por lo que fuera y me dolía. La solución en estos casos es fácil: hacer que el hijo/a mame mucho más de este pecho y cambiarle la posición, mamando hacia la zona donde está la obstrucción. Una hoja de col sumergida un momento en agua caliente y sobre el pecho afectado me bajó mucho la inflamación y al cabo de unas 30 horas ya estaba mucho mejor. La fiebre había desaparecido y el dolor intenso del pecho, también.

Pero quedarme en sólo eso era demasiado fácil y me pregunté qué me estaba diciendo aquel principio de mastitis. ¿Por qué me había pasado algo así cuando hacía ya un año que daba el pecho a mi hija? No me fue difícil encontrar la explicación: mi compañero tenía que irse al extranjero 4 días, y yo, unos días antes me empecé a poner como triste, nostálgica, melancólica… todo lo que os podáis imaginar que os ponga en contacto con vuestra parte más vulnerable.

Resumiendo, no tenía ningunas ganas que él se marchara. No sé por qué, pero en ese momento, sentía que lo necesitaba a mi lado, con nosotras, y cuatro días en el extranjero se me hacían una montaña. Cuando él ya estaba fuera, se fue quizá la tristeza pero llegó con fuerza la añoranza. Un añoranza intensa, poco real en el ahora y el aquí de aquel 11 de septiembre.

Tenía mucho más que ver con la añoranza dolorosa que yo, de pequeña, había sentido por mi madre, cuando por alguna historia de trabajo se marchaba también lejos unos días. Este proceso de reconocimiento de lo que estaba pasando, de comprensión, lo hice en pleno dolor de huesos por la fiebre, tumbada en la cama, mientras mi hija jugaba con la abuela. Entenderlo quizá no hizo que me pasara antes el malestar físico, pero sí el emocional. Vi de dónde venía todo y pude colocarlo en su sitio. Entenderlo. No me hizo falta ni un calmante, ni un antibiótico.

Este es un ejemplo más o menos reciente de una ocasión en la que he estado enferma y he acabado preguntándome a dónde me llevaba la enfermedad en ese momento. ¿Por qué había venido a mí, que tenía que enteder? Creo muy importante y necesario que los padres que estamos criando, cuando los niños enferman, nos hagamos la misma pregunta: “¿Qué ha pasado últimamente, cómo he estado yo, como hemos estado los adultos de esta casa? ¿Cómo nos hemos sentido? ¿Ha habido algo fuera de lo normal? ¿Nos hemos estresado por algún hecho que nos ha afectado?”

Normalmente acabamos encontrando una respuesta. Hay muchos niños, muchos bebés, que al igual que los adultos, acaban somatizando emociones que no han podido gestionar correctamente. El cuerpo habla. Los niveles altos de estrés, de añoranza punzante ahora que empiezan guarderías o escuelas, etc, hacen que muchos acaben aparentemente, aceptando la situación que les toca vivir pero al cabo de nada, zass, aparecen los mocos. O el dolor de garganta, o la tos, o la fiebre, o dolor de estómago y la diarrea…

No nos fijemos sólo en el síntoma, vayamos más allá. Hagamos revisión, entendamos por qué ocurre e intentemos poner palabras. Explicarles a los hijos qué les está pasando cuando son demasiado pequeños para expresarlo ellos mismos. La semana pasada escribí el post “NO LLORES” que generó bastante debate sobre cómo acompañábamos a nuestros hijos en el llanto y el dolor. Pues bien, acompañémosles también en la enfermedad, explicándoles lo que ha pasado últimamente que quizás no han llevado bien. Expliquémosles por qué lloran y por qué tal vez, ahora, tienen mocos o malestar. “Ah … es que cuando vas a la escuela me echas de menos.

Echar de menos es eso que sientes cuando quieres a mamá y mamá tiene que irse porque no nos podemos quedar allí en la clase”. O… “Desde que has empezado la escuela que no te encuentras muy bien y tienes tos… probablemente tu cuerpo está diciendo que no quieres ir y que no te gusta quedarte allí. Te entiendo, mi amor, a mí también me gustaría no ir a trabajar, pero tengo que hacerlo.” Y a partir de aquí… observad. Quizás no pasa nada y vuestro hijo continúa enfermo y angustiado. O quizá sí, y aprende a expresarse y entiende qué le pasa, y ese malestar va desapareciendo.

Quizás los resultados no son inmediatos, pero perseverad en explicarles qué tienen, qué les pasa, por qué están enfadados o tristes. Aumentará su comprensión del momento presente y cuando menos os lo esperéis, serán ellos mismos los que os dirán: “Estoy enfadado” y eso es muy, muy importante, y también muy, muy sano.

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

9 respuestas

  1. Tens raó.
    De fet, que els nens enmalalteixin tant aquests primers dies de guarderia no crec que sigui únicament per causa de la major oportunitat de contagi.
    Crec que tenen les defenses més baixes perquè l’enyorament i l’abandonament que senten al principi els fa estar més sensibles.

    1. No tinc cap vareta màgica per saber què passa en cada cas, només faltaria, però en tot cas, que tants nens es trobin malament a l’inici de curs, em fa pensar que hi ha alguna cosa més. Clar que es poden contagiar amb més facilitat però aquí el que hem de veure és per què a tots els baixen les defenses just al començar l’escola quan, se suposa, encara fa bon temps i tornen la mar de forts i contents de les vacances d’estiu, no? Com tu dius, l’enyorament i l’abandonament que en algun moment deuen sentir, també deuen tenir els seus efectes. Gràcies, Onavis, pel teu comentari i per llegir-me!

  2. Hola Míriam!! Avui només arribar a casa he tingut que “tirar” de les paraules del teu blog per a veure una mica de llum. L´Adrià ha començat el col.legi i la veritat es que ho està passant molt malament. Jo li explico totes les meravelles que se m´acudeixen sobre tot lo que aprendrà i els seus companyets, les profes….Pero tinc la sensació de que no sabem gestionar prou bé els recursos per a que tots dos poguem disfrutar d´aquest moment. Ja tots els seus companys estàn adaptats i ell segueix sent un mar de llàgrimes, y per molt que li explico i em sembla que ho enten, quan arriba el moment de despedir-nos ho passa molt malament. Les profes em diuen que li està costant molt i a mi em trenca el cor pensar que ho pugui passar tant malament com jo ho vaig passar a l´escola quan era petiteta com ell. Avui després d´una setmana i per primera vegada crec que estic plorant més jo que ell. Al sortir de l´escola em diu que estava trist per que em buscaba, cada día m´ho diu moltes vegades, jo ja no se si seguir explicant-li o cambiar de tema, ja que quan li pregunto cosetes sobre el que fa allí sempre es la mateixa resposta: -jo abans estaba molt trist de buscar-te….
    Estic una mica perduda…Gracies bonica encara que nomes sigui per escoltar-me

    1. Cristina, ja t’he respost en privat, però et diria que no, que no canviïs de tema per molt mal que et facin les seves paraules. L’Adrià t’està expressant el molt que t’enyora i és bo que ho faci, és bo que ho tregui. Tant si sent pena i tristesa com si s’enfada i plora. És dur saber que s’ho passa malament, moltíssim, i entenc perfectament que se’t trenqui el cor. Digues-li que l’entens, que comprens el seu dolor, la seva tristesa, el seu enyorament. Legitima el que ell sent, no ho tapis, sinó tot al contrari. És un procés i a vegades els processos són dolorosos. Ell prefereix estar amb tu i aquest desig és totalment comprensible! Escolta’l i acompanya’l, dóna-li escalf, suport, en aquest moment tan difícil per ell. I si tu també en necessites, busca qui et pugui donar a tu el mateix acompanyament, escalf i suport perquè tu també t’ho estàs passant malament. Tots dos.

      Molta sort en aquesta etapa i molt amor. Una abraçada.

      1. Gràcies Míriam!! fins i tot crec que quan m´explica que està trist perque em busca, no espera una resposta….nomes vol dir-m´ho moltes vegades, com per a assegurar-se de que em queda clar. Ell en el fons sap que jo no hi soc i que no hi aniré fins a l´hora de recollir-lo. Però li faig falta i es consola. M´agradaria que s´acostumes a anar a l´escola amb alegria y no amb resignació, i ho haurem de treballar molt tots dos. Avui m´he permés plorar una bona estona i com tú dius una mica si que m´he curat!! Un petó i gracies bonica.

  3. Excelente reflexión Miriam… ya me habías dicho algo del tema en el post que escribí sobre la obstrucción de mi conducto mamario. Pues fijare que antes de ayer de repente la obstrucción volvió, en el mismo seno, pero en otra zona. Sin embargo, esta vez trate de no angustiarme y de entender porque me volvía a pasar. Me lo tome con calma y reflexión, acompañado de paños de agua caliente, masaje y un poco de extracción manual. Luego, cuando Sara quiso, pase para que mamara todo el tiempo, y casi que por arte de magia, la obstrucción cedió y al día siguiente, prácticamente, no tenía nada…. gracia por tu consejo. Creo que lo que me escribiste en mi post calo en mi corazón (al igual que lo que escribes en este) y me hizo actuar de una manera totalmente diferente en esta oportunidad. Un abrazo.

    1. Oh, Zary pues cómo me alegro! De que mis palabras te hayan ayudado y sobretodo, de que te encuentres ya bien y recuperada! Es importante escuchar qué nos dice nuestro cuerpo. Celebro que estés bien. Un beso.

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