mama mira

Sobre el: “¡Mira mamá, mamá mira!”

¿Cuántas veces habéis escuchado la frase “mira mamá, mamá mira”? Apuesto a que miles.

Este verano, en la piscina de uno de los campings donde estábamos, nuestra hija mayor, sus amigas y otros niños y niñas de, más o menos su edad, nadaban, se tiraban de cabeza, hacían piruetas, intentaban hacer la vertical y no sé cuántas cosas más.

Los padres, algunos dentro de la piscina y otros al lado, los mirábamos. Laia me decía “mira mamá, mamá mira!!!” y hacía algo de lo que estaban practicando. Al cabo de 10 segundos volvía a gritar “mira mamá, mamá mira!!!”, y así sin parar.

A su lado, unas amigas vascas gritaban lo mismo en euskera a sus padres, y más allá, otros amigos holandeses y alemanes hacían, en su idioma, la misma petición a sus progenitores.

Era un constante: mirad qué hacemos, mira qué hago, mira, que casi me ha salido, jolín ahora justo cuando no mirabas me ha salido mejor, Uala, lo has visto? y así sin parar.

Los padres nos mirábamos unos a otros con complicidad y con sonrisas como diciendo “veo que estáis en la misma fase”. Porque sí, hay una fase de petición casi incansable a los padres de que te miren.

Los que no la habéis pasado, sabréis cuando llega porque un día diréis “pero si te estoy mirando constantemente !!”, con cierta irritación, porque escuchar “mira mamá, mamá mira!” tantas veces termina irritando. Es así.

Es como si no les pudieras sacar los ojos de encima, no porque haya ningún tipo de peligro, sino porque a la mínima que te giras te vuelven a gritar con todas sus fuerzas “mira mamá, mamá mira!!!”, porque veas por enésima vez cómo hace esa rueda que no le acaba de salir.

Cuando entré en esta fase me vino como un flash. De pronto me vi con 6 años, practicando sin parar la rueda, la vertical, la voltereta en una barra, la voltereta atrás, etc, y reclamando incansable: “mira mamá, mamá mira!”.

De hecho, creo que esta frase la patenté yo porque recuerdo haber sido tremendamente pesada con eso. Me encantaba hacer esas piruetas y experimentaba un placer indescriptible cuando me salían y mi madre o mi padre miraban.

Por eso, cuando repite esta frase cada vez que está intentando aprender algo nuevo respiro hondo. Me quito de la cabeza aquellas frases que la mente me trae del estilo de “por favor, pero cuántas veces más piensas decir eso?!” o peor aún “bufff, será pesada!”, y vuelvo atrás en mis recuerdos para entender que para ella es muy importante que en ese preciso momento yo esté mirando.

Trato de ponerme en sus zapatos y comprender que no me lo diría tanto si no lo necesitara. O sea que vuelvo a respirar y la miro. La miro sin hacer nada más, presente, intentando que note que no puedo mirar más fijamente.

Y cuando de repente le sale bien y me pregunta “mamá, mamá, lo has visto?” puedo decir “Sí, lo he visto!!!” y su cara de felicidad es impagable!

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

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