Te voy a contar una conversación de hoy con Lua (5,5 años) por si te ayuda: nunca le ha gustado lavarse la cabeza. Se pasó años llorando caaaaaaada vez. Un día paró y empezó a llevarlo mejor, pero aún así, hay días que se sigue enfadando.

Hoy se ha empezado a quejar en plan “no quierooooo” pero estoy curtida ya en esto, y muy calmada, le he preguntado si con la abuela, a veces que la baña, también se quejaba así.

“No, mamá, sigue sin gustarme con nadie, pero contigo tengo más confianza para decir lo que siento, que es que me molesta mucho”.

No es nada personal. No nos toman el pelo. No nos toman por idiotas. No nos quieren fastidiar ni manipular. No es que seamos unas blandas o que tengan “mamitis”. No es que no sepamos poner límites ni que sea culpa de la teta, o de no reñirles. No es que la crianza consciente sea un error. No es nada de todo eso que quizás has sentido y escuchado mil veces. Es, simplemente, que te siente un “espacio seguro” donde sacar lo que le pasa dentro. Es que sabe que puede contártelo como lo vive porque intuye que le vas a querer a pesar de todo. Es que no modula ni es asertiva/o y por eso lo expresa de esa forma a veces tan desagradable.

Pero van creciendo y con nuestra ayuda, van aprendiendo a expresarse mejor sin dañar a nadie. Poco a poco. Paso a paso. No es fácil crecer.

Confía tanto en él/ella como lo hace en ti. Ojalá resuene

Artículo publicado en Instagram y Facebook el 15 de noviembre de 2019

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