Artículo escrito por mi madre, Àngels Torras.

Lo primero que sabemos de la infancia cuando nos encontramos en los albores de ser madres y padres se refiere a la nuestra propia.

Los recuerdos a menudo no son nítidos ni fiables pero si lo son las sensaciones y sentimientos y la manera como tenemos de acercarnos a los bebés. Lo que se nos despierta en su presencia… En función de lo vivido en nuestra gestación, parto y primera infancia, sobre todo en la etapa pre-verbal, vamos a construir nuestra manera de ser y de estar en el mundo y nuestra capacidad para amarnos a nosotros mismos y de amar a los seres mas vulnerables e indefensos, los bebés!

Nos hemos bañado en los sentimientos de mamá durante nuestra gestación. Quizás hemos recibido el SÍ profundo que nos brindó o en su lugar, los sentimientos de ambivalencia o la negación rotunda de un espacio para SER, pasando por todos los matices. A través de las vivencias del parto y el contacto con las personas que nos atendieron o desatendieron, nos llevamos la primera impresión del mundo. En nuestro tiempo de máxima dependencia continuamos nuestra relación con los seres humanos… nuestros padres, hermanos, abuelos, cuidadores… ellos pusieron las palabras y los gestos a nuestra percepción de nosotros. A través de su mirada supimos si éramos un preciado tesoro o un estorbo y quizás allí empezó nuestra lucha por colmar sus expectativas, hacernos un hueco en su vida y asegurar así nuestra supervivencia. O si tuvimos suerte, pudimos dedicarnos a crecer, bien acompañados y amparados por unos papás suficientemente buenos, que no perfectos pues estos no existen, ni los necesitamos así. Otra vez de un polo a otro, pasando por todos los matices, en algún lugar de esta línea, nos encontramos todas y todos en el umbral de nuestra maternidad y paternidad.

La gestación, el parto y la crianza son periodos en donde la linea divisoria entre consciente e inconsciente se vuelve muy fina. Todo lo vivido está almacenado en la memoria corporal. Se guarda en los tejidos del cuerpo, en la piel, en cada célula y despierta cuando menos lo esperamos, a través de un sonido, de un olor, de una mirada o de una situación. A menudo las mamás se ven sorprendidas por sentimientos y sensaciones que les provocan confusión y sentimientos de culpa. A veces incluso antes de quedarse embarazadas.

Recuerdo a una mujer que acudió a mí cuando se estaba planteando tener un hijo: odiaba a los bebés y a los niños pequeños. Entendía que esto no era normal y quería “arreglar” esta anomalía y poder desear tener un bebé y ser capaz de amarlo y cuidarlo. Otras veces es en el embarazo cuando surgen sentimientos de ambivalencia o rechazo hacia el bebé.

¡No debería sentir esto! Quise tener este hijo… ¿por qué ahora siento que me molesta en la barriga?

– ¿Por qué me aterra tanto el parto?

– ¿Por qué siento tanto miedo de perder a mi bebé si mi embarazo marcha perfectamente?

Y después del parto…

– Tanta ilusión que tenia y ahora no se qué hacer con él…

– Me cansa, no puedo estar todo el día pendiente… es un ser egoísta… ¡Sólo quiere que le haga caso!

Esto causa un gran dolor, sobretodo a las mamás y papás que han escogido vivir la gestación, el parto y la crianza de una manera consciente! Desde su parte intelectual y desde su voluntad más profunda y sincera quieren darle lo mejor a su bebé. Han ido más allá de la repetición automática de lo recibido, se han planteado como llevar su maternidad y paternidad y han escogido una manera amable y cuidadosa para ellos y su bebé. Sin embargo, algo se despierta que tira por los suelos su idea de maternidad y paternidad.

Es normal. Las ideas, la razón, el análisis, se generan en un lugar del cerebro que todavía no estaba operativo cuando nos bañamos en los sentimientos de mamá y en las miradas, cuidados o ausencia de ellos y las palabras del entorno maternante. Allí donde descubrimos nuestro valor! Y si nosotros no tenemos valor…. ¿van a tenerlo nuestros hijos? ¿O los hijos de los demás? ¿Dónde queda el amor si no hemos podido fundirnos en la unidad primera con mamá? Si esto no está integrado, ¿cómo lo podemos transmitir?

La maternidad y paternidad es un momento clave para saber de nosotros. No de la historia que nos han contado nuestros padres sobre como fue nuestra primera infancia si no de cómo lo vivimos realmente.

 

El pasado sábado por la tarde, andaba por la calle absorta, pensando qué iba a escribir para la mesa redonda de hoy, cuando vi a una madre con la puerta de su coche abierta, cambiando el pañal a su bebé de pocos meses. Visiblemente enojada le chillaba una y otra vez a su niñita que era una “marrana y una sucia”… Mi cuerpo se encogió, empatizando con el de la pequeña. Seguro que todas y todos hemos visto escenas parecidas. A veces distintas pero todas con el denominador común del maltrato. Con total impunidad ya que un gran segmento de la población cree tristemente que los bebés no sienten ni comprenden!

Quizás lo hemos vivido en la sala de partos, en el nido del hospital, en el pediatra, en la primera escuela… A veces la rabia del adulto se ceba en el espejo de su propia indefensión. El niño maltratado que fue, se revuelve y vomita su rabia al otro, tan indefenso como él, en su día. La víctima se vuelve verdugo. La cadena atroz continúa.

Es necesario que estemos dispuestos a realizar una indagación sincera y valiente si sentimos que las cosas no nos cuadran, que hay algo que falla en nuestra capacidad de amar a nuestros bebés y a los bebés ajenos. Escuchar las resonancias, desde el cariño hacia el bebé que fuimos y que sigue viviendo y a menudo, llorando en nuestro interior. Observar nuestras reacciones. Si no somos capaces de sentir amor en presencia de un bebé, si se nos despierta agresividad ante su demanda, algo falla. Busquemos ayuda si solos no nos bastamos. Hay terapias profundas que conducidas por terapeutas empáticos pueden llevar a una permanente y profunda reparación.

Desde la parte profesional, ofrezcamos a las mamás y a las familias grupos de apoyo en donde puedan nutrirse de otros modelos y en donde puedan sincerarse en sus dificultades. Cuidemos de quien cuida. Cada vez que tratamos con amor a una mamá gestante ponemos un granito de arena en su capacidad de acoger a su bebé. Cada vez que tratamos con respeto a un bebé, delante de sus padres, ofrecemos un testimonio de normalidad amorosa y de valor hacia ellos y su criatura.

Cuidando de la infancia, cuidamos al bebé que fuimos.

Si entendemos que de lo que se trata es de amar y que para ello tenemos que ir a nuestra cuenta corriente de amor, encontraremos la manera de revisar el saldo. Si dicha cuenta está en números rojos, porqué no se ingresó lo suficiente en nuestra infancia, no debemos perder la oportunidad de hacer nuevos ingresos, cada día, hasta que tengamos un súperhabit que nos permita vivir sin miedo. Sin miedo a la vulnerabilidad y dependencia, nuestra y de nuestros hijos e hijas.

Tenemos la ventaja que el amor, es de las pocas cosas, junto con la leche de mamá, que se multiplica cuando más lo repartimos.

7 Comentarios

  • Zary

    Hoy precisamente vi como la rabia de un adulto se desbordaba ante los pedidos de su hijo, sin razón y sin asomo alguno de arrepentimiento. Tengo que confesar que sentí miedo, que el dolor de ese pequeño penetró mi alma como una daga y la tristeza que sentí no se ha podido alejar de mi corazón. Creo que voy a compartir este escrito con ella, y con otras tantas madres que conozco y que aun no se han podido conectar con sus bebés, que compiten con sus demandas inconscientemente, desde su propio niño egoísta e insatisfecho. Graciss por este escrito. Las reflexiones de tu madre están llenas de verdad, pura verdad que duele en el fondo de nuestros corazones y que da miedo mirar de frente, pero que debemos reparar a como de lugar.

    • Míriam

      Hola, Zary.
      A mi también me pasa: cuando veo que un adulto pisa las necesidades del bebé o del niño pequeño porque las suyas son demasiado fuertes, me choca. Y a la vez, aunque no me guste, lo entiendo e intento comprender qué historia debe de haber vivido ese adulto para no poder sentir empatía por ese bebé que llora y demanda a gritos. Cuánto dolor debe de haber albergado también su alma… y qué «saldo» de amor debe de tener esa persona en su «cuenta corriente» , como dice Àngels. Es tan importante, vital diría yo, que nos demos cuenta de esto… que tomemos consciencia por doloroso que sea y demos un paso más… Porque sino, estas cadenas no se rompen y vamos propagando el dolor por los siglos de los siglos…
      Un abrazo y gracias por compartir tu experiencia y saber!

  • Raquel

    L’escrit de la teva mare es veritat, vull dir que les mancances dels pares queden reflectides en com criem al nostre fill. Fa mal posar-ne consciencia pero ho hem de fer per be del nostres fills i sobretot per nosaltres.
    Gracies Miriam per compartir-lo amb nosaltres, m’ha agradat molt. Cada dia aprenem una mica mes.

    • Míriam

      Hola, Raquel!
      Gràcies. Celebro que t’hagi agradat. Jo el trobo senzillament brillant i subscric cada paraula!
      Una abraçada

  • Patricia

    Brillante ,genio , sinceramente un aplauso a tu madre y por brindarte el que nos traspases todo lo que te enseño y tu decidiste coger.Gracias a ambas , porque sin personas como vosotras ,profesionales que saben , comprenden, nosotros/as los que os leemos podemos descubrir , entender mucho mejor sentimientos que en un inicio parecen incomprendidos.Gracias por compartir sabiduria.Un abrazo enorme.

    • miriam

      Gracias a ti por leernos. Un abrazo!

  • Vane

    Hola! Yo siempre que hablas de q nos comportamos con nuestros hijos segun las experiencias q tuvimos de pequeños. Pero yo apenas recuerdo en mi misma como fui tratada de bebe a los 5-6 años. Tengo muy pocos recuerdos por mi misma…No se si es bueno o malo… no se como fui tratada…Yo con lo único que me veo desbordada ante la demanda de un bebe o niño pequeño es cuando he descansado fatal q tengo 0 paciencia o llevo varios dias durmiendo mal…me sabe mal pero me supera…

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