24.9.2012

 

Hace poco, Myriam del blog EN MINÚSCULAS (que os recomiendo de todo corazón porque escribe como los ángeles) decía en Facebook «la echo de menos… volviendo a casa como una enamorada expectante… » y esta frase me inspiró. En primer lugar, en un momento me vi a mí, los primeros días que volvía de trabajar después de dos años de excedencia, con mariposas en el vientre y nerviosísima para volver a ver a Laia. Terriblemente añorada. Nunca hasta entonces habíamos estado tantas horas separadas y no podía esperar ni un segundo más para volver a su lado. Si alguien me paraba por el pasillo de la radio para decirme «hola, ¿qué tal?», yo sólo podía decir: «bien, con ganas de llegar a casa» y con una sonrisa intentaba que no se notara demasiado aquella prisa que me quemaba por dentro…

 

Sí, lo que sentía es exactamente el mismo: enamoramiento. Aquel nerviosismo de cuando estás profundamente enamorada y no puedes esperar ni un minuto más en ver LA persona que te hace sentir todo esto. Esa sensación de que si pasara algún imprevisto y te hiciera tardar un poco más en estar cerca de quien te hace sentir aquellas mariposas en la barriga que no paran de moverse… te pondrías a llorar. Porque se te hace insoportable estar un minuto más sin su presencia. Y lo único que puedes hacer es correr… correr y volver lo antes posible a su lado.

 

En ese momento, cuando yo vivía en mi propia piel aquella prisa exagerada que me hacía volver a casa tan pronto como podía, pensé que con el tiempo, toda esta impaciencia cambiaría y que poco a poco, la intensidad bajaría para dar paso a otra manera de sentir las horas pasadas sin mi hija y las ganas de volver a verla. Para mi sorpresa, he visto que no, que eso no ha cambiado. Sigo teniendo la prisa de llegar a casa y abrazarla. Quizás ya no me pondría a llorar si hubiera un imprevisto que demorara un poco más el reencuentro, pero me pondría de muy mal humor seguro. Cuando termino de trabajar no hago nada más que volver a casa volando. He pasado demasiadas horas sin ella como para alargarlo aún más. No puedo: mi cuerpo, mi piel, o mi alma (no lo sé), no me lo permiten. Tengo prisa. Y lo mejor para mi entonces es volver a casa. No es un peso sentir esto, ni una losa, ni tampoco es un sentimiento de culpa lo que siento y que me hace volver rápido a casa… no, de verdad, no es nada de todo eso.

 

Quiero volver a casa enseguida porque sigo enamorada de Laia. Más, incluso, que el primer día que la vi… y estar a su lado me llena. Entro por la puerta y viene corriendo a abrazarme. Grita «¡mamá!» bien fuerte y oigo el ruido de sus pasos. Se le iluminan los ojos. Se me tira al cuello. Otras veces prefiere esconderse y quiere que la encuentre. Antes, tengo que hacer un recorrido por toda la casa diciendo «¿dónde estará Laia? ¿Cómo es que no la encuentro?» mientras la veo, que le salen los pies por debajo de una manta, tumbada en el sofá intentando no moverse.

 

Volver a casa es mucho mejor cuando tienes hijos. De verdad. Toma otra dimensión. Nunca antes había tenido tantas ganas ni tanta prisa de volver a casa como la que siento desde que soy madre. Y todo esto es por culpa de las mariposas en la barriga. Que vuelan y vuelan, y se mueven en todo momento… y que ponen huevos cada día y poco a poco, van naciendo más y más… Cada día tengo más mariposas porque aunque parezca mentira, cada día la amo más. Las primeras mariposas empezaron a hacerme estremecer cuando me enamoré locamente y perdidamente de él. Y desde aquel día, ya no he dejado de tenerlas. Las que todavía siento por el hombre de mi vida se mezclan con las que siento por la niña de mi vida… y bailan juntas, y vuelan juntas, haciéndome volver a casa como Myriam, como una enamorada expectante…

 

 

6 Comentarios

  • mjose

    Me encanta como te has expresado,a mi me pasa lo mismo con carolina,soy enfermera , hago jornadas de 12 horas,y y cuando me queda una hora para terminar me la paso mirando el reloj esperando impaciente al relevo para irme a casa,cuando llega cuento lo principal y me voy corriendo a verla,,mis compañeros me preguntan cosas y yo no quiero entretenerme porque quiero verla despierta,si no me habre perdido un día de su vida,,,,y no puedo parar de llorar solo de pensarlo y eso que luego estoy varios dias con ella pero me falta el aire cuando no la veo,,,un besazo me he identificado mucho con tu historia

    • Míriam

      Hola, M.José…
      Te entiendo. Yo un día a la semana también hago una jornada larguísima y cuando alguien me dice «quedamos luego y vamos a tomar algo?» pienso, «no! por favor…! Quiero llegar a casa!»… Porque ya no puedo esperar más!
      Gracias por contar tu experiencia!
      Besos con mariposas!

  • Alkyria

    Sí, las sigo teniendo y como bien dices, cada día son más grandes por que la quiero más y eso que ya me parecía imposible!
    Un día voy a salir volando yo también, entre las mariposas del papi y ahora las de la peque me cuesta tener los pies en el suelo ^^

    • Míriam

      Oh, Alkyria… Precioso!
      Ojalá cada día seamos más y más que no tocamos el suelo y volamos gracias a las miles de mariposas que nos revolotean dentro!!!
      Besos guapa… y a seguir volando! 🙂

  • David Stoks

    preciós, igual que el blog. Felicitats perquè el trobo una cucada.

    • Míriam

      Moltíssimes gràcies, David! 🙂

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