11.12.2014

 

Cuando mis hijas sean mayores sé que habrá momentos de su crianza que no recordaré, y en cambio, sé que otros los tendré grabados en la memoria para siempre. Este fin de semana he tenido dos momentos de éstos, de los que me parece que recuerdas aunque pasen cinco años, y diez, y veinte.

 

Estoy puérpara. Hace sólo 8 meses que volví a ser madre y eso quiere decir que no tengo filtros, que todo lo vivo sin corazas. Las emociones me abrazan día sí, día también y yo intento bailar con ellas. Y cuando estás puérpara y vives un momento de esos que te regala la vida para no olvidar jamás, es inevitable que se te llenen los ojos de lágrimas.

 

El viernes nos abrazamos, él y yo, en un abrazo de aquellos dulce y profundo a la vez. Cuando está Laia, si ve que nos abrazamos, ella corre a encontrarnos y o nos abraza a los dos o se cuela en medio para hacer como si fuera el jamón de un bocadillo. ¡A veces abrazarnos los dos solos es todo un reto!

 

Laia estaba en el cole. Lua jugaba en el suelo con no sé qué. Y él y yo nos abrazamos. De repente oímos tac-tac-tac-tac… unas manitas pequeñas y unas rodillas gateando deprisa hasta donde estábamos nosotros. Llegó, se puso de rodillas y nos cogió las piernas alzándose mientras decía «aaaaaaaaa». Un claro “¡yo también!». Era la primera vez que Lua se quería añadir a un abrazo nuestro y me emocioné! Nos reímos, él la cogió en brazos y nos abrazamos los tres. Una bonita sensación de «ahora ya estamos todos» me invadió mientras por dentro me inundaba un profundo amor hacia aquella cosita pequeña de cara redonda y ojos azules.

 

Dos días después, Laia y una amiga estaban en una fiesta infantil. Una chica hacía bailar a los niños con un montón de pasos que debían seguir e imitar. Yo estaba un poco más allá, mirándolas. Las dos concentradísimas, intentando hacer los pasos y bailar al ritmo. Miré a Laia: se veía tan grande, tan guapa…! Allí moviendo brazos y piernas que a ratos iban a la vez y a ratos no… y sentí tanta ternura .. tanto amor por ella y tan agradecida a la vida por habernos juntado, que me volví a emocionar.

 

Cuando estás puérpara se te llenan los ojos de lágrimas a menudo. Y cuando estás así, a flor de piel, sin filtros, en carne viva, todo tiene otra intensidad: más profunda, más rica, y en el fondo, supongo que lo único que ocurre es que estás más presente.

 

Estar emocionalmente fusionada a tu hijo te hace vivir el presente con mayúsculas aunque no quieras. No, no puedes huir. Y cuando tu presente te gusta, cuando eres capaz de sumergirte y empaparte de él hasta el muelle del hueso, te emocionas cada dos por tres.

 

Esto es lo que me pasa. Que a cada rato me caen lágrimas de alegría, de emoción, de gratitud. Cuando veo Laia bailar o cantar, cuando me cuenta cosas feliz, cuando veo que se da cuenta de que ha aprendido algo, cuando veo Lua gatear arriba y abajo, cuando veo que se da cuenta de que ha aprendido a dar palmas y se rie, cuando veo que se abrazan, cuando las siento respirar.

 

Me emociona sentirme viva, verme viva, experimentar la Vida intensamente. Tanto cuando hay momentos duros como cuando hay momentos increíblemente bonitos. Ya no sé vivir de otra manera. Ya no puedo ni quiero vivir de puntillas.

 

 

1 Comentario

  • Alba

    Sí que és veritat sí, jo també m’emociono cada dos per tres! Més d’una i de dues vegades al dia em descobreixo rient sola o havent-me d’eixugar la llagrimeta. I aquesta setmana que he tornat a la feina, ha sigut un no parar, cada vegada que els companys em demanaven que els ensenyés una foto de l’Arnau o que em preguntaven què tal tot, em notava les papallones a l’estómac i l’emoció em recorria tot el cos! Tothom em diu: ostres que bé que se’t veu, i jo sé que tot és gràcies a l’injecció d’amor que em dóna cada minut al costat del meu fill. M’encanta viure-ho tant intensament, és el millor que m’ha passat mai i viure-ho així em fa taaaaaaaaant feliç!!!!!

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