Cuando llega la vuelta al cole podemos escuchar a menudo esta frase: “voy a sufrir más yo que él” o “seguro que lo paso peor yo que mi hijo”. Entonces… ¿quién sufre más?

La vuelta al cole ideal sería aquella en la que nadie sufriese: ni mamá o papá, ni el niño. Esto es posible, sí, pero no antes que todas las partes estén preparadas para separarse tantas horas, y suelen estarlo cuando los padres ven al niño lo suficientemente autónomo e independiente para desenvolverse en el aula.

Como muchas veces esto no es posible (tenemos una conciliación laboral y familiar que deja mucho que desear y a menudo es, directamente, inexistente), los niños tienen que entrar en el cole cuando muchas veces no son ni autónomos ni mínimamente independientes.

O sea que a menudo «toca» sufrir: ellos y nosotros. Las separaciones tempranas son dolorosas muchas veces, pero cuando hablamos de esto, del dolor de la separación, es habitual que se minimice la emoción del niño y en cambio, se tenga más en cuenta la del adulto.

Esto no es de extrañar: hasta hace muy poco se pensaba que los niños no sentían nada, que no recordaban nada y que, por lo tanto, daba igual lo que sintieran o lo que les pasara de pequeños. Ahora sabemos que esto no es así.

Es imposible saber quien sufre más. Lo que está claro es que tenemos distintas formas de sentir.

Los adultos podemos estar todo el día angustiados con un pensamiento que se repite una y otra vez, por ejemplo “echo de menos a mi hijo” o “¿y si está llorando?” y tenemos el corazón en un puño hasta que no lo tenemos en brazos de nuevo. Pero por lo menos digamos que la decisión la tomamos nosotros siendo adultos, responsables y teniendo en cuenta un montón de cosas (o se le supone). Ha sido nuestra decisión. 

En su caso no, no es su elección, y además, a menudo no entienden nada. No tienen todavía madurez suficiente para comprender las cosas de este mundo: trabajo, conciliación, etc. Además, los niños son distintos: viven tan en el presente que pueden pasar de la desesperación más absoluta a jugar a algo, para volver a desesperarse, para pasar a dormir después, etc. Todo es intenso emocionalmente. Mucho.

Esto no quiere decir que su dolor sea menor, simplemente, se expresa de forma distinta.

Pero es que además, a menudo pensamos que el niño sólo sufre cuando llora y esto no es así: hay niños que no lloran pero luego se pasan la tarde rabiando, otros que empiezan a despertarse muchísimo por la noche o a hacerse caca o pipí encima cuando ya habían dejado de hacerlo. Vamos, que puede haber muchas maneras en la que los niños expresen el estrés que les supone la separación.

No se trata de dramatizar la vuelta al cole, no. Se trata de no minimizar el dolor ajeno por el simple hecho de que no es nuestro o que no queremos verlo. A nadie le gusta ver que su hijo sufre.

Pero si no nos damos cuenta de cómo está, no podremos acompañarle como merece y necesita.

Ahora hablemos del sufrimiento de los adultos en este tema:

No podemos dejar que se nos lleve. Si nuestro hijo nota nuestro sufrimiento, ¿con qué ganas va a ir al cole? Tenemos que transmitirle confianza, alegría… No hace falta engañarlo, hace falta distanciarnos un poco del miedo que tenemos. Ponerle distancia y perspectiva para poder estar en la posición adulta que nos corresponde.

Ya lloraremos en casa cuando estemos solos, si lo necesitamos. Pero mientras estemos con nuestro hijo, tenemos que evitarlo. ¿Cómo? Respirando lentamente, repitiéndonos la frase “yo soy la adulta”, “Yo soy el adulto”, y sabiendo que lo superaremos. Todos.

Sí, a veces es difícil.

Pero es necesario que sepamos sobrellevar todas estas emociones porque, de alguna forma, le estamos transmitiendo que él también va a poder sobrellevar las suyas…

Ánimo a todos los que vuestros hijos están en este proceso. En el próximo post os voy a hablar de recursos que pueden ayudar a vuestros hijos a llevar mejor vuestra ausencia.

Si te das cuenta que a menudo tus emociones te traicionan y no te dejan ser la madre/padre que quieres y deseas ser, quizás sea el momento de mirar hacia adentro y aprender de ellas. Aprender cómo acompañarTE mejor emocionalmente para poder acompañarLES mejor también a ellos, tus hijos o hijas. El 15 de octubre empieza la 2a edición del Programa de 6 meses online «Acompañamiento de emociones propias y de los hijos». Échale un vistazo por si es lo que necesitas en este momento 😉 

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