Lo sé. No es algo de lo que queramos hablar con los hijos. Y quizás sólo leyendo el título decides cerrar el post e ignorarlo. Es comprensible. Porque si pudiéramos escoger, seguro que nos vendrían a la cabeza otras mil conversaciones más apetecibles con niños.

Pero lo siento, es inevitable: algún día tendremos que hablar con ellos de la muerte.

Algún día morirá alguien cercano y preguntarán. O verán o escucharán algo en la tele que les hará pensar en ello. O simplemente, crecerán y se darán cuenta de que la muerte existe y empezarán a preguntar.

Si no hemos reflexionado sobre ello antes, quizás nos pillan con el pie cambiado. Quizás nos sorprenden con esas preguntas comprometidas y difíciles de responder y no sabemos qué decir.

En ese momento nos damos cuenta: depende de lo que digamos o cómo lo hagamos se angustiarán más o se relajarán. Depende de lo que digamos entenderán algo o no. Depende de lo que les contemos sabrán que lo que decimos tiene sentido o no.

Con nuestra reacción, también construirán una idea de la muerte: si es tenebrosa, oscura y algo de lo que no se debe hablar, o si es algo natural, que no da miedo y de lo que podemos hablar sin problema.

Por eso es tan importante que entremos en materia (reflexionando primero nosotros) (Si no lo has leído, te recomiendo que antes de seguir leyendo pases antes por este post) un poco antes de que nuestros hijo empiece con la batería de preguntas… que tarde o temprano, es muy probable que llegue.

Cuando preparaba estos 3 posts sobre la muerte (Cap.1: preguntas, Cap.2: Cómo hablar de la muerte con los hijos, Cap.3: recursos y herramientas), me di cuenta que no podía abordar este segundo capítulo sin entrar de lleno antes en otro concepto: LA VIDA.

LA VIDA

La vida y la muerte van de la mano y no podemos entender la muerte sin entender antes la vida… No es algo que pueda separarse… 

Para conectarnos a la vida y poder explicársela a los niños de alguna forma que para ellos tenga sentido y puedan comprender, os invito a volver a la Naturaleza.

Es difícil hablar de vida y muerte cuando estamos en el mundo artificial. Cuando vivimos en ciudades donde todo es mecánico, donde todo son objetos fabricados y artificiales y hay muy poco de vida natural. Las cosas se fabrican y un día se rompen o se estropean y ya no sirven para nada más.

En la Naturaleza no es así: la vida y la muerte se entrelazan porque están en constante baile… En realidad, cuando estamos de lleno en ella nos damos cuenta que hay un maravilloso ciclo de la vida que no para, que no tiene fin y que está en todas los seres vivos y también en el cosmos.

Os invito a que os fijéis en las plantas, en los animales, en las flores, en las hojas de los árboles, en las estaciones del año, incluso en el sol y la Tierra… Para darnos cuenta de que todo baila de una forma sincronizada y armónica en este ciclo de la vida en el que nada muere y todo se transforma.

Fijémonos profundamente en la vida, la vida de verdad, la vida natural, y la muerte aparecerá también como algo natural, como algo transformador, necesaria en este ciclo de la vida en el que todo está unido y no hay cabos sueltos ni piezas separadas.

Formamos parte de un todo. Todo se entrelaza, todo está relacionado, también nosotros, y danzamos (a veces sin saberlo), en esta armonía que a veces puede parecer aleatoria y fruto del azar, pero que no lo es (o al menos así lo creo yo).

CAMBIO

La muerte no es si no un cambio a lo que ha sido hasta entonces y nace algo nuevo, algo en lo que se ha transformado. Estamos en constante cambio, y vamos muriendo constantemente a lo que hemos sido. Sí….

E incluso así… algo siempre queda de lo que soy en realidad, a pesar de tantas “muertes”. Sino… mirad:

  • No me acuerdo de cuando estaba en el vientre de mi madre… pero era yo… y no queda nada de lo que fui entonces: ese cuerpo ya no es el de hoy, ni esa voz, ni esa forma de ver el mundo… aún así… era yo y sigo siendo yo…
  • Fuí una niña de la que ya no queda ni el cuerpo que tenía, ni lo que pensaba entonces, ni la forma que tenía de ver y entender el mundo… aún así… esa era yo y sigo siendo yo…
  • Fuí una mujer embarazada de la que ya no queda ni el cuerpo que tenía, ni lo que había en él, ni cómo veía lo que me rodeaba, ni lo que pensaba… y aún así… era yo y sigo siendo yo…
  • Moriré también a lo que soy hoy, una mujer de 40 años recién cumplidos y me convertiré en una anciana con un cuerpo muy distinto del que tengo, con unos pensamientos muy distintos de los que tengo ahora y también seguramente con unas emociones muy distintas… y aún así, algo quedará… y seguiré siendo yo….

¿Qué me hace pensar que después de haber vivido tantas muertes, después de haber visto lo que pasa en la Naturaleza, lo que llamamos muerte es de verdad la nada?

¿Por qué debería ser así y romper ese ciclo que se ve en todas las cosas?

Todo en la Naturaleza tiene un fin, una razón de ser. ¿Qué me hace pensar que nosotros no lo tenemos?

Y ahora voy a hablaros de algo que sí puede hacer la diferencia en la forma que tenemos de ver y entender la vida y la muerte y te hago una pregunta…

¿CON QUÉ TE IDENTIFICAS?

Porque si te identificas con tu trabajo, si te das valor a ti mismo por el trabajo que desarrollas, si sientes que lo que te fa valor como persona es lo que haces, siento decirte que sí morirás y que sí tocarás la nada. Porque un día no tendrás este trabajo y ya no podrás hacer lo que haces. Entonces, ¿quién serás tú si te identificabas con ello?

Si te identificas con tu cuerpo te pasará exactamente lo mismo. Si te das valor gracias al cuerpo que tienes, por si estás más joven/guapa-o/fuerte, etc… siento decirte que un día este cuerpo no podrá seguirte y ya no será como el que tienes ahora. Este cuerpo morirá a lo que es actualmente y si te identificas muchísimo con él, morirás y tocarás la nada… porque ya no te sentirás válida/o sin ese cuerpo que te daba esa “razón de vivir”. ¿Quién serás tú sin ese cuerpo?

No eres tu cuerpo. Porque, como te he dicho antes, tu cuerpo ha ido cambiando desde que estabas en el vientre materno y ha sido “muchos cuerpos” en realidad… a pesar de que seguías siendo siempre tú. Tu cuerpo es tu medio de transporte… no tú.

No eres tu mente. Has tenido muchísimos pensamientos a lo largo de tu vida que han ido cambiando y muriendo y a pesar de ello, has seguido siendo tú. Tu mente alberga tus pensamientos pero no es tú.

No eres tampoco lo que sientes. Porque a lo largo de tu vida has sentido muchísimas cosas, algunas contradictorias y muy distintas cuando eras un niño o en la edad adulta y aún así, seguías siendo tú. Tus emociones son lo que sientes pero no son tú.

No…. eres mucho más. Hay algo que a pesar de tanta muerte de cuerpo, de mente, de emociones, de creencias, de pensamientos, de… siempre queda: LA ESENCIA.

¿Pruebas científicas? ¿Cómo poder acotar algo que es inalcanzable?

Los niños entienden la Naturaleza, los niños pueden entender el ciclo de la vida, y también la suya propia. Llevémosles a ese terreno donde todo tiene un sentido, porque lo tiene. Donde puedan entender que formamos parte de un todo. Donde puedan conectar con quien son de verdad y puedan des-indentificarse de ese espejismo que a veces nos dice que somos lo que no somos en realidad.

Y ENTONCES, ¿POR QUÉ DUELE LA MUERTE?

Sí, lloramos cuando muere alguien, yo también. Sí, duele. ¿Por qué, si responde al ciclo de la vida y es pura transformación? Pues porque es cambio, y añoramos aquello conocido que hemos podido ver, tocar, compartir, gozar juntos. Duele porque es darnos cuenta que ha habido un cambio y que lo que conocíamos ya no volverá a ser.

Los cambios asustan. Las muertes, por lo tanto, también. Pero es normal que haya tristeza, desesperación incluso al darnos cuenta que ya no podremos tocar jamás a esa persona tan amada… Esa muerte provoca una emoción que hay que dejar salir, expresar, procesar y digerir…

Asusta no ser capaces de captar la magnitud de lo que la muerte significa y vernos desprovistos de herramientas mentales que nos ayuden a entender, a poner parámetros y razón a eso que es absolutamente incontrolable. Nadie sabe cuando va a morir ni cuándo la muerte va a llevarse a esas personas queridas.

Y duele, claro que duele.

Acojamos el dolor de nuestros hijos delante de la muerte, pero a la vez, adentrémosles en el mundo Natural donde puedan tener contacto con el ciclo de la vida.

Alguna vez en este blog he recomendado que al menos una vez a la semana los niños tengan contacto con el bosque, con los campos, con la tierra, con el mar… que tengan contacto al menos una vez a la semana con el medio natural. Que vean animales, plantas, flores, insectos… y puedan conectar con el ciclo natural de la vida, de la que forman parte y son parte indivisible.

Sólo así creo que podemos apreciar la vida en toda su dimensión y también la muerte. Sólo así, desde lo natural e inter-conectado, podremos disfrutar de los cambios y de la multitud de muertes que experimentamos en cada una de nuestras vidas. Sólo así, desde la Naturaleza, podemos transmitir a nuestros hijos una visión que de verdad puedan comprender…

Y tú… ¿Cómo has contado la muerte a tus hijos?


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9 Comentarios

  • Judith

    Gracias por tratar este tema con tanta naturalidad, hacernos reflexionar sobre tantas cosas que comentas y verlo de un modo tan sensible. Te felicitó, a mi me ha encantado.

    • miriam

      Gracias Judith, lo celebro. Un abrazo.

  • Julieta Mora

    Muy movilizante lo que dices. Gracias! No puedo decir mucho más, sólo reflexionar, pensar y respirar. Gracias por generar estas cosas.

    • miriam

      Gracias Julieta, me alegra saber que te ha resonado. Un abrazo.

  • Angie

    Me encantó, que importante poder siempre actuar, hablar y explicar las cosas desde lo natural ya que somos también parte de…porque entonces se nos complica tanto la vida y sentimos miedo, angustia, desesperación y lo peor trasmitirlo a los niños, al final realizar un ciclo mal enfocado en vez de entender lo correcto, «el ciclo de la vida»

    • miriam

      Exacto Angie… así, tan fácil y a la vez, a ratos, tan difícil…! Un abrazo

  • Raquel

    Puro amor y pura vida esta reflexión.
    Gracias!

  • Mar

    Mi hijo empezó a hacerse y hacerme preguntas con poco más de cuatro años. Ahora con cinco sigue. Me ayuda mucho leerte. Yo siempre le he respondido con tranquilidad y sin engaños, pero ahora al leerte tengo más argumentos y más cuestiones para hablarle.
    Muchísimas gracias por toda esta información, sobre este tema y todos los demás. Nos ayudas mucho.

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