hijos

Cuando los deseos no encajan

 

Acababan de dejar a Lola en la guardería. Él conducía y ella estaba sentada en el asiento de al lado, pensativa.

A esas horas de la mañana normalmente charlaban poco, ambos eran de despertar lento. Cuando Xavi paró en doble fila en la calle del Ayuntamiento, ella se puso la chaqueta de nuevo y cogió el bolso con la mano izquierda. Antes de darle un beso le dijo:

– Xavi quiero tener otro hijo – Se hizo el silencio y él la miró sorprendido. – Sí, ya sé que dijimos que nos plantábamos, pero no sé qué ha pasado, que desde hace unas tres semanas vuelvo a sentir aquel tictac, vuelvo a desear quedarme embarazada, tener otro hijo…

– Joana, este tema no se habla a las nueve menos cuarto de la mañana con el coche en doble fila… Por favor… Llegaremos tarde al trabajo

– Perdona… Hasta luego.

Le dio un beso en los labios pero de aquellos que pasan casi sin tocar los labios del otro. Un beso que no acaba de serlo.

No le había gustado ese comentario y salió del coche manifiestamente ofendida. Él tenía razón, no era un tema para hablar a esas horas ni de esa manera, pero Joana no lo había podido evitar. O lo decía o reventaba, y como no sabía cómo ni cuándo empezar el tema, lo hizo así, de repente y casi sin pensar.

Entró en el Ayuntamiento (era técnica de medio ambiente) un poco triste. Sabía que aquella conversación inacabada era, muy probablemente, la más difícil que deberían enfrentar los próximos días y a pesar de que todavía no había pasado nada, ya estaba asustada.

Él condujo diez minutos más con la mente en las últimas frases de su mujer. Por nada del mundo se imaginaba que ahora ella le saldría con esto. Se pensaba que era una cuestión cerrada y acordada desde hacía mucho tiempo.

Se pensaba que ya nunca más habría que volver a hablarlo, pero se equivocaba. Entró en la oficina un poco triste. No había querido ofenderla, pero aquello no se hablaba así, como quien no quiere la cosa, en el coche, mal aparcado y mucho menos, a las nueve menos cuarto.

Sabía que esa conversación no estaba terminada y, aunque todavía no había pasado nada, estaba asustado.

Los dos intentaron distraerse en el trabajo y cuando finalmente se reencontraron, ya en casa, 8 horas y media más tarde, se volvieron a besar, con un beso que esta vez, sí lo fue. Era de los hechos a conciencia, como para compensar ese mal beso que había dejado tan mal sabor de boca por la mañana…

Estuvieron con Lola; jugando, bañándola, cenando y finalmente, Joana la acostó. Él la esperaba en el sofá, contestando correos electrónicos atrasados​ desde su móvil. Cuando ella volvió se sentó a su lado y él dejó aquel trasto del revés y encima de la mesa de centro. Sabía que ahora tocaba hablar.

– Lo siento – dijo ella.

– Yo también. No te quería hacer sentir mal… pero es que me has enganchado en mal momento. No me lo esperaba.

– Yo tampoco. No sé qué me ha pasado… a mí me parecía muy bien tener sólo a Lola pero desde hace unas semanas, la miro con dos años y medio y pienso que me gustaría tener otro. Tener otro hijo, darle un hermano o hermana, ser uno más en casa… Como si mi cuerpo se hubiera vuelto a activar… Y yo no quería. Sé lo que dijimos. Pero es que no lo puedo evitar… quiero profundamente otro hijo, Xavi…

– No sé qué decir…

Él calló. Aquello era como un jarro de agua fría por encima. Él por ganas le diría «yo no quiero ninguno más, yo no deseo ningun hijo, ni profundamente ni superficialmente. Y no, no lo quiero ni ahora ni nunca.» Se lo habría dicho así de claro y contundente pero por nada del mundo quería volver a herirla…

– Ya sabes que yo no quería ninguno más, Joana… Estoy bien así, como estamos. Me gusta que Lola se esté haciendo mayor, que parezca todo mucho más fácil. Me gusta volver a tener tiempo para mí y para nosotros. Yo no siento eso que sientes tú… No deseo otro hijo y no quiero tenerlo porque lo deseas sólo tú. No sería justo para él, ni para ti, ni para Lola ni tampoco para mí. Sería no respetarme y no respetarlo. Sería empezar con mal pie y dije que eso no lo haría nunca… Lo siento…

– Yo también…

Se dieron la mano y la apretaron fuerte. Joana tenía lágrimas en los ojos y los dos tenían el corazón encogido porque quizás era la primera vez que no iban a la una, pero sobre todo, porque sabían que aquello podía significar una grieta que quizás, se iría haciendo mayor hasta suponer un abismo.

¿Cómo respetar sus deseos y no traicionar los del otro? ¿Cómo respetar al otro sin traicionar sus propios deseos? ¿Cómo hacerlo para volver a encajar un puzzle con piezas cambiadas?


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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

4 respuestas

  1. Quina situació més complicada. Conec el cas d’una parella que per edat van decidir que la seva filla seria l’única que tindrien. Si no, haurien d’haver intentar buscar el germanet o germaneta quan la nena només era un bebè i no es van veure amb forces. Volien gaudir del moment i es va decidir així. I, tot i que són plenament conscients de que era la millor decisió, noto quan parlen del tema que els ha quedat un petit buit, un «i si…?». Han passat 10 anys fins que arribés aquest dubte sobre la decisió presa, però hi és. Si a sobre la decisió no hagués estat unànime, penso que sempre quedaria una rancúnia molt difícil de compensar i el buit potser acabaria sent enorme.

    1. Hola Melibea,
      per descomptat, molt millor que la decisió la prengui la parella i hi estiguin 100 per cent d’acord! No n’hi ha cap dubte… Perquè sinó sempre queda aquella recança que a vegades hi ha qui la supera i hi ha qui no… I a vegades també, la recança es converteix en retret, i aleshores és quan tot plegat ja és molt més difícil…
      Una abraçada i gràcies per compartir

  2. No saps com entenc el que has escrit!!!
    Jo hem trobo en una situació similar. Tot i que nosaltres ja tenim dos fills i ell sempre ha sabut que jo en volia tres i jo sempre he sabut que ell en volia dos.
    A més en el meu cas la cosa es díficil perquè jo tinc uns embarassos bastant complicats i ja sabem d’entrada que un nou embaràs no serà fàcil…
    De qualsevol manera, viure una situació així és díficil i crec que ho has definit a la perfecció quan has dit que es crea una escletxa que pot arribar a ser un abisme.
    Em sento molt identificada amb la Joana, gràcies per plasmar-ho tan i tan be

    1. Hola Anna,
      gràcies pel que em dius. Celebro haver-ho plasmat bé… i lamento que en aquesta decisió de tenir o no un tercer fill visqueu la mateixa contradicció que la parella del conte.
      Us desitjo que l’escletxa no es faci mai gaire gran i la pogueu mantenir a ratlla. Una abraçada!

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