A nosotros nos gusta mucho esquiar. Es un deporte que empecé a practicar gracias a mi compañero, que me hizo amar su pasión y las sensaciones tan espectaculares que se pueden llegar a sentir cuando deslizas montaña abajo por encima de la nieve. Recuerdo que yo, inexperta como era en el tema, cada octubre o noviembre, cuando veía que ya había caído la primera nevada le decía «ya podemos ir a esquiar» y él me respondía «todavía no. No hay suficiente base». Y por tanto, teníamos que esperar.

Para poder esquiar a gusto y disfrutándolo, es necesario que haya buena nieve. Si los últimos grosores han caído recientemente, mucho mejor, pero es básico e importantísimo que bajo las últimas nieves caídas haya una buena base. Centímetros de nieve de base, que se ha ido compactando con el peso de un día detrás de otro, y que hará que ni se te rayen los esquís ni, mucho más importante, que cuando caigas, te des de cabeza con alguna roca. La nieve de base amortiguará los batacazos y hará que la jornada de esquí sea mucho más placentera.

Cuando somos jóvenes, casi por definición, somos impacientes. Lo queremos todo aquí y ahora, rápido, sin esperar. A veces la impaciencia por tener un hijo agota y parece que no haya un mañana. El viernes, cuando publiqué el post «QUERIDO HIJO» recibí un montón de mensajes de mujeres que sentían lo mismo. Que gestaban sin gestar. Y pensé «cuánta gente haciendo base…! Que bien!» Porque sí. Gestar sin gestar es hacer base. Es ir preparando la nieve de abajo para poder construir encima. Para, más tarde y cuando sea el momento adecuado, poder deslizarse por encima de ella y que todo sea fácil. Cuando hay nieve de base y buena nieve, esquiar es mucho más sencillo ya ratos parece que, incluso, no cuesta.

 Si queremos gestar, parir y criar de manera consciente, es necesario también que gestemos sin gestar de manera consciente y que veamos la importancia que tiene todo este tiempo previo.

De preparación, de imaginar, y sobre todo, de ir viendo cómo nos vamos sintiendo con lo que gestamos ya pero sin estar «embarazados». Porque esta gestación sí es de los dos y en ningún caso pertenece sólo a la mujer. Es una gestación que lo ideal es hacerla en pareja, poco a poco, como quien tiene un plato exquisito dentro de la olla que se tiene que cocer a fuego lento y durante días. Y así, un día tras otro, vamos haciendo base. Base de pareja, base de familia, porque después, con la llegada de un nuevo miembro, nada se desmenuce, sino al contrario, lo que construyamos juntos sea mucho mejor que lo que teníamos hasta entonces.

Y para hacer base es imprescindible la paciencia. Tanto si queremos nuestro primer hijo como si es el segundo o el tercero. Cada hijo requiere de una buena base donde llegar y no darse con las rocas. «Que si se te pasará el arroz», «que si se llevarán demasiado tiempo entre uno y otro…» esto, todo esto, a este nivel no importa. Olvidemos lo que nos digan, olvidemos las convenciones sociales, o lo que nos pensábamos que haríamos hace 15 años y simplemente sintamos.

 Sintamos si es ahora o no, sintamos si con nuestra pareja es con quien deseamos continuar construyendo, sintamos si bajo nuestros pies (de los dos) hay suficiente base para poner encima el peso de un nuevo ser. Sintamos si es eso lo que deseamos, continuar construyendo en este camino… Parar y sentir. Permitámonos que lleguen las sensaciones que sean, aunque no respondan a lo que habíamos imaginado o lo que nos pensábamos que queríamos… El corazón nos hablará y entonces, con sólo décimas de segundo, sabremos el resto.

2 Comentarios

  • Raquel

    Com sempre:Genial Miriam. I fantastica la metafora amb la neu.

    Una abracada

    • Míriam

      Gràcies Raquel!
      És que ens encanta la neu…
      Una abraçada!

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