Ya habían comido hasta más no poder aquel mediodía de Navidad. Era el turno de los postres, de los turrones, de los polvorones, de los cafés, de la sobremesa interminable, de aquella pereza que te haría tumbar en el sofá y no despertarte hasta al cabo de una hora. Había ruido, todo el mundo charlaba a la vez y a Lia le costó que la familia le parara atención. Tuvo que hacer el típico ruido de cucharilla con la copa hasta tres veces porque todo el mundo se enterara que alguien quería decir algo y ser escuchado a la vez por todos.

“Qué pasa?” – dijo un tio suyo despistado…

“Nada, que os quería… bien, os queríamos decir una cosa…” – dijo Lia mirando a Toni, su compañero.

“Ay que estos se casan…” – dijo su madre bien flojito a su marido.

Delante de Lia estaba Mar, su hermana, a quien de repente se le disparó el pulso. Intuía, preveía, qué era aquello tan importante que querían anunciar los dos.

“Nada, que queríamos deciros que estamos muy contentos porqué… ¡Estoy embarazada!” – Dijo Lia con cara radiante de felicidad, de contenta, de haber tenido que hacer esfuerzos para aguantar toda la comida sin decir nada… Justo acababa de pronunciar aquellas palabras, dentro del comedor explotó la alegría. A sus padres, los anfitriones de la fiesta, se les llenaron los ojos de lágrimas… ¡serían abuelos! No se lo podían creer… Todo el mundo se abrazaba, se felicitaba y gritaba “¡Viva!”, “¡El año que viene seremos un más en la familia!”… Lia no habría podido imaginar una mejor manera de anunciar la llegada de su hijo tan deseado. Un hijo que llegaba rodeado de alegría cuando sólo tenía ocho semanas.

Mar se levantó de la silla y fue hasta encontrarla. La felicitó, le dijo “enhorabuena, guapa” pero sin mucho entusiasmo. Mira que intentaba que su tristeza no se notara, pero no lo consiguió. Lia se sintió mal… ¿Cómo podía ser que su hermana reaccionara de aquella manera, casi sin ánimo? ¿Que no estaba contenta? “Serás tía”, le dijo, intentando buscarle la mirada. “Sí, que bien”, respondió ella. “¿Que no te hace ilusión?” le preguntó ya con la mosca en la nariz… Y Mar lo único que fue capaz de hacer fue irse de aquel comedor. Casi nadie se dio cuenta. Sólo Lia, que no acababa de entender nada, y Ramon, (el marido de Mar), que la miró con cara de “no soy yo quien te tiene que explicar qué pasa”.

Mar se cerró dentro de la que había sido su habitación durante casi toda la vida. Ahora era el despacho de su padre, ya retirado. Se echó a llorar. Se sentía tan mal… pero no podía evitarlo: un sentimiento de envidia infinito se había apoderado de ella desde que había escuchado aquellas palabras al otro lado de la mesa.

Hacía 2 años que intentaba, sin éxito, quedarse embarazada. Ya casi lo habían probado todo. Estaban en lista de espera. Esperaban que los llamaran por una in vitro… era su última esperanza de quedarse embarazada. Estaba tan triste… Y se sentía tan culpable… De no haberse podido alegrar de verdad como los otros, de no haberla podido felicitar como su hermana se merecía, de no haber podido sentir gozo de ser tía por primera vez de un bebé que nacería al cabo de siete meses, y que sí, claro que se alegraba y claro que lo quería…

Al cabo de un momento oyó que llamaban a la puerta. No dijo nada. Se abrió: era Lia.

“¿Qué te pasa?”

No pudo hacer ni el intento de decir “nada”. Se echó a llorar desconsolada…

“¿Qué tienes, Mar? Me estás dejando muy preocupada… ¿Qué pasa? ¿Que he dicho algo que te ha sabido mal? ¿Qué es?”

Cuando pudo calmarse, Mar la miró a los ojos y le dijo: “hace dos años que intento quedarme embarazada. Hemos hecho de todo… Llevo ya dos inseminaciones artificiales y estoy en lista de espera para una in vitro. Quizás esto que a ti te pasa, que estás embarazada, yo no lo podré vivir nunca. Y estoy tan triste…”

“Pero ¿por qué no me lo decías? No sabía nada… Lo siento muchísimo…”

“Porque no es nada agradable decir que lo que más deseas, que es ser madre, no lo puedes tener, porque no hay manera. No es nada agradable decir que los médicos nos dicen que todo está bien pero que por más que lo probamos, no podemos tener hijos…”

Mar lloró todavía un buen rato. Su hermana simplemente estaba allí, con ella, soltando también alguna lágrima. Su alegría había quedado nublada por tanta tristeza… Le sabía tan mal… Fue cómo si Mar lo captara de repente y se secó las lágrimas de un revuelo. “Hoy es vuestro día, Lia, y no te lo quiero estropear. Soy muy feliz que estés embarazada… Que estéis esperando… Me sabe mal haber reaccionado así pero hace tanto tiempo que buscamos que yo ya lo vivo con tensión… no lo he podido evitar, ¡he estallado! Papá y mamá tampoco saben nada… Me gustará vivir tu embarazo, pero me tendrás que ayudar porque quizás a ratos me viene mi tristeza… ¿Me acompañarás?”

“Claro que sí, hermanita… Lo haremos juntas. Y no quiero que tengas más secretos… me imagino como deben de haber sido estos dos años y se me estrecha el corazón! Dime que de ahora en adelante lo compartirás conmigo. Dime que compartiremos juntas el embarazo mío y tu búsqueda. Prométemelo.”

“Te lo prometo”.

Cuando salieron del despacho, la familia ya se empezaba a preguntar dónde demonios se habían metido. A las dos se le notaba que habían llorado, pero nadie dijo nada. Salieron cogidas de la mano y fueron cada una a sentarse en su sitio, para continuar con la sobremesa. Mar alargó la mano a su marido y se la estrechó muy, muy fuerte. Y lo hizo de una manera que él supo, enseguida, que Mar se había sacado, finalmente, un peso de encima. Y se alegró muchísimo.


9 Comentarios

  • Ana

    M’ha recordat el que jo vaig viure tants cops. Anuncis d’embarassos d’amigues, de familiars i de la meva germana. I nosaltres sense aconseguir-ho mai. Te n’alegres pels altres però, et fa tanta enveja aquell moment que estan vivint ells i que potser tu i la teva parella no viureu mai, que ets incapaç de mostrar alegria. És duríssim. Perquè, tot i la tristor i la desesperança i saber que la que posa aquella cara de circumstàncies no ets de debò tu, alhora et sents mala persona per tenir enveja.
    Jo vaig tenir sort i, en la que varem decidir que era la última in vitro que fèiem, em vaig quedar embarassada. I vaig recuperar la meva vida.
    Si no hagués estat així m’hauria hagut de reinventar i tirar endavant amb el meu marit, que també em va patir durant tot aquest període.
    Felicitats pel post.

    • Míriam

      Hola, Ana!
      Gràcies pel teu missatge, per explicar la teva experiència. Sempre he pensat que ha de ser duríssim tenir ganes de tenir un fill, de quedar-se embarassada i no poder… I anar veient com l’entorn pot fer allò que tu no pots… Que bé que finalment, arribés aquell fill tan desitjat. Ho celebro! Una abraçada ben forta!

  • Carme

    Hola Mïriam,
    Et llegeixo fa molt de temps i mai t’he posat cap comentari.
    Només et volia dir una cosa: llegir-te em fa ser millor persona. GRÀCIES

    • Míriam

      Carme…
      m’he emocionat al llegir el teu missatge. Gràcies per atrevir-te a escriure després de tant temps llegint aquest blog. T’ho agraeixo de tot cor.
      Una abraçada ben gran. I GRÀCIES a tu… per fer-me plorar d’alegria.

  • Zarina

    Que lindo relato Miriam!! 😉

  • melibea

    Fa pocs dies que hem anunciat als amics i familiars que estem esperant un fill. Tothom ha reaccionat amb molt d’entusiasme, fent-nos preguntes, fent broma, comentant que no havien notat res encara… Tothom menys una parella d’amics nostres, que es van quedar gelats i van tardar en reaccionar una bona estona. Vaig saber de seguida que devien estar buscant un fill i que potser ho estan passant malament perquè no arriba, però és molt difícil saber què fer quan notes una cosa així. Evitarem que l’embaràs sigui un tema recurrent a les reunions d’amics, però sabem que no podem fer res per ajudar-los a no sentir-se tristos o preocupats, lamentablement. I sabem que veure’ns a nosaltres gaudir d’aquesta etapa no els resultarà fàcil.

    • Míriam

      En primer lloc, Melibea: enhorabona. Moltes felicitats per aquesta maternitat/paternitat viscuda amb tanta il·lusió. Ho celebro de tot cor.
      En segon lloc, entenc el que expliques, no ha de ser fàcil, ni per ells, ni per vosaltres encaixar la seva poca alegria en conèixer que esteu esperant. Tan de bo tots plegats, tots quatre, pugueu trencar el tabú, posar-hi paraules, explicar-vos com us sentiu, sobretot ells, i aleshores, acompanyar-vos en aquest camí que us ha tocat viure a tots plegats. Tan de bo això pugui ser motiu d’enfortir el vostre vincle.
      Ua abraçada i que tingueu una molt feliç gestació!!! A gaudir-ne!!! 🙂

  • Inski

    Ostres, amb aquest post sí que he plorat de debò! I és que és realment dur veure com la gent al teu voltant va aconseguint, sense ni buscar-ho a vegades, allò que tu tant anheles. El que deies al post «estimat fill», que sents que la teva família no està completa, però que no saps si ho estarà mai. Sort que finalment va arribar!
    En el nostre cas, sempre vaig preferir no dir res i fer el paper per no incomodar als que celebraven amb merescuda alegria el seu embaràs, però en algun cas se’m va veure el «plumero». Com diu la Melibea, no s’hi pot fer res i cada parella ha d’anar superant els entrebancs com pugui.

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