Cuando entras en el mundo de la maternidad y la crianza de repente te das cuenta que encima del hombro se te ha instalado un hombrecillo pequeño con joroba, impertinente y mal compañero que a menudo aparece y te dice aquello de : «¿no ves que esto no lo estás haciendo mal?», «uy, ahora sí que te has equivocado…!», «¿crees que lo que hace tu hijo es normal?«, «uf… ¡como te dejas tomar el pelo!»...

Es un hombrecillo del saco sí, con un saco cargado de miedo, de frases escuchadas una y otra vez a lo largo de nuestra vida, de años y años de inercia en esto de criar a los hijos, y donde también hay lugar para nuestras carencias, frustraciones y proyecciones.

Este hombrecillo intenta ganar la batalla siempre al instinto, a lo que, como él, no se ve pero se percibe y que nos acerca a la esencia.

Hace lo posible para echar por tierra cualquier tipo de confianza en uno mismo, e intenta eliminar la poca sabiduría que nos hemos ido transmitiendo de generación en generación.

Porque quiere sobrevivir por encima de todas las cosas y sabe que si estamos conectadas, si confiamos en el instinto, en el amor que nos brota de dentro, no podremos hacer nada más que ignorarlo… y este mal compañero, si lo ignoramos mucho acaba desapareciendo y se funde en la nada.

Por eso es bueno saber que él hará lo posible por acompañarnos allá donde vayamos, hacerse presente a la mínima oportunidad y que en cualquier instante de duda o de desfallecimiento, él estará allí.

Sí, para restregarnos por la cara que de maternidad/paternidad no tenemos ni idea, y nos pondrá el miedo en el cuerpo y decirnos que nuestro hijo no tirará adelante, que será un malcriado, que se chupará el dedo hasta los 15 años, que dormirá con nosotros hasta que encuentre novia, que mamará hasta el día de nuestras bodas de oro, que nos pegará toda la vida y que de mayor, será un asesino a sueldo. Sí, todas estas tonterías nos dice al oído el mal compañero que tenemos sentado en el hombro. Todas estas y más.

Os podría asegurar que casi es más fácil capear los juicios que hacen la propia familia o conocidos de cómo criamos a nuestros hijos, que los que nos hace el duendecillo ese que nos pone el miedo en el cuerpo y nos hace dar vueltas y vueltas sobre qué estamos haciendo mal, llenándonos de culpabilidad que a menudo no nos deja ni avanzar.

Pero no todo lo que tiene el mal compañero es malo; puede servirnos de una única cosa. Para cuestionar qué hacemos y cómo lo hacemos.

Para darnos cuenta de que quizás, a veces, necesitamos que nos echen una mano, porque estamos viviendo muchos cambios y algunos nos superan.

El duendecillo del hombro nos puede ayudar a ver lo influenciados que estamos por lo que nos dice el entorno y podemos decidir intentar descubrir quiénes somos y qué queremos, para poder tirar adelante de otra manera.

El mal compañero no es bueno echarlo fuera de un plumazo a la primera de cambio, porque a veces, si nos lo miramos con cierta distancia, podemos ver realmente cuáles son nuestros miedos y carencias, y decidir hacer algo.

Porque nos sitúa ante nuestra propia fragilidad, nos hace vulnerables y una vez llegados a este punto yo recomiendo hacer una cosa: mirarlo a la cara, saber de qué mal podríamos llegar a morir algún día y después, una vez lo hemos observado todo atentamente, coger impulso y afrontar nuestros fantasmas.

Por nosotros, para poder ser más felices, pero sobre todo también para poder criar en paz. Porque criar tranquilos y en paz, sin el miedo que te asaltaba en cada decisión que tomas es mucho más agradable y fácil para nosotros, pero también para nuestros hijos.

Sepamos que tenemos un mal compañero desde el día que decidimos ser padres; mirémosle bien a los ojos y deshagámonos de él para siempre.


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3 Comentarios

  • Mariona

    Hola Miriam!!
    Feia ja un temps que no et podia escriure, doncs la meva nena va néixer ara fa tres mesos… Quina passada tot plegat, quantes emocions i situacions noves!!
    Ara llegia el que deies de l’homenet petit… i si que hi és!! doncs a mi em passa amb que dubto de si l’agafo massa, de si estic massa sobre seu… de si està «MASSA» emmarada… Però el meu instint diu que és el que toca, que l’he de cuidar i protegir… que ha se sentir que sempre hi sóc…
    Quants dubtes i quantes inseguretats Míriam!!!
    Petonets, Mariona.

  • Bmc

    Qué barbaridad, si viendo tus vídeos de YouTube me daba la sensación de que hablas sobre lo que me pasa últimamente, leyendo este post siento como si sacaras todo lo que hay dentro de mí y me lo enseñases diciendo, haz algo!! Qué reconfortante leerte siempre, escucharte más todavía y cuanto aprendo contigo. Gracias, gracias, gracias!

    • miriam

      Qué bien, me alegro mucho! Un abrazo fuerte.

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