Verano 2013

 

Sólo tengo ganas de no hacer nada. De descansar. De parar, de estar sentada o tumbada, nada más. De leer y de hablar poco. Tengo un cansancio de aquellos profundos,  denlos que te dejan hacer poca cosa sin jadear. Hago cualquier tontería y tengo que volver a sentarme, descansar y coger fuerzas. Por eso hace días que decidí que haría muy poco o nada más que lo que estoy haciendo: gestar en sus inicios.

 

Estamos de vacaciones y es mucho más fácil. Porque tenemos que hacer muy poco más que hacer lo que nos plazca y descansar. Hace un par de días que además, tengo la necesidad de hablar muy poco. Estoy mucho más hacia adentro y muy poco hacia afuera. Por suerte, él, tu padre, se ocupa de toda la parte más externa que yo no puedo asumir y juega con Laia a tirarse de bomba a la piscina, saltar olas y hacer aquellas cosas que una niña a punto de hacer 4 años quiere hacer. No tengo energía para seguirle el ritmo y hago lo que puedo. Las vacaciones, otra vez, lo hacen todo más fácil y lo acepta sin ningún tipo de problema. Tiene su padre las 24 horas del día y esto también la hace enormemente feliz.

 

Y yo puedo «retirarme» un poco, estar «out», estar en un lugar donde no estaba desde hacía mucho de tiempo. Empieza otro camino, una nueva aventura y de momento estoy, simplemente, disfrutándola y permitiéndome lo que me pide el cuerpo.

 

Dejar fluir y al mismo tiempo irnos vinculando, o mejor dicho, continuar vinculándonos, porque tengo la sensación de que mucho antes de estar embarazada ya estábamos, de alguna manera, juntos y vinculados.

 

Es curioso: era perfectamente feliz con una familia de tres. Absolutamente. Y a la vez sentía que aún no era completa, lo he sentido desde hace mucho tiempo. Hace unos días, cuando supe (antes de hacerme la prueba), que estaba embarazada, lo primero que me vino fue «Ahora sí. Ya estamos todos» y fue una sensación muy agradable. De estar ya juntos los cuatro finalmente. Como si algo dentro de nosotros nos dijera que había alguien esperando venir a nosotros, como un conocimiento muy profundo y poco racional, poco coherente. No es que hubiéramos «previsto » una familia de cuatro, no es eso. Pero algo me dice que faltaba alguien y que así debía ser.

 

Por eso cuando te supe ya dentro de mí fue una sensación muy bonita, de reconocimiento y de «ahora sí, esta familia ya está completa». No siento que haya de venir nadie más, quien sabe, pero no lo siento.

 

Tengo tanto sueño que me estaría todo el día dormitando medio despierta, medio en otro mundo. Me gusta que el embarazo me transporte lejos de lo que era habitualmente mi día a día activo y me lleve a yacer y a cobar… como si fuera una gallina que no puede hacer gran cosa más que estar sentada encima de su huevo querido. Curioso también este tiempo de poder hacer tan poco y a la vez estar haciendo la cosa más importante que haré en mi vida, junto con la gestación de Laia. Curioso también estar sintiendo lo mismo. La misma vibración, la misma onda… sólo que con un poco más de experiencia y con mucha más calma y menos excitación. Ya sé lo que es estar embarazada y ya no tengo prisa de que avance. Sé que será la última vez y la quiero saborear poco a poco y con todo el gusto y placer que merece este estado tan maravilloso y fascinante que es ser portadora de un nuevo ser al mundo.

 

Quiero ser el receptáculo que te mereces. Consciente y paciente. Estoy disponible en cuerpo y alma, estoy a punto, estoy aquí. Para ti, hijo mío, para que me habites y que te formes, para que crezcas y vayas desinficándote, para llegar un día en mis brazos, los de tu padre y los de tu hermana. Estamos aquí. Reconociéndote, disfrutándote, queriéndote.

 

 

 

2 Comentarios

  • Mo

    Quin estat tan dolç i quina sort poder gaudir-lo així…
    Un petó!

    • Míriam

      Sí, Mo… és això que tu has dit: DOLÇ!!! Una delícia poder-ho viure… Sóc feliç! 🙂
      Petons

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