Amarte

Amarte desde el fondo. Amarte con la piel y con los huesos. Amarte, por primera vez, desde la invisibilidad de lo que sólo se piensa.

Amarte desde el tacto, después: benditas manos, que podían tocarte.

Amarte por todo y por nada. Porque no puedo hacer otra cosa, porque con esto, no hay escapatoria.

Amarte tanto si haces o como si no haces. Tanto si estás como si no. Tanto si lloras, protestas, te ensucias o me detestas. No importa. Ya lo he dicho, no hay escapatoria posible. No hay razón ni explicación tampoco a tanto amor que ni siquiera se palpa.

Amarte en cada etapa, en cada escalón de este crecimiento que es todo por mérito tuyo y que me devuelve mi imagen a cada paso. Quien fui, lo que recibí, lo que sentí, lo que amé y fui amada.

Amarte mientras recorro rincones de mi infancia y los abrazo, mientras les doy un apretón de manos y hago las paces.

Amarte tanto si te alejas como si te acercas. Me quedo paciente, en la distancia, mirándote de refilón por si necesitas que te dé la mano y tengas dónde apoyarte.

Amarte cuando veo en tus ojos de bebé recién nacido que eres consciencia pura y también cuando ya, en tus ojos, veo que has olvidado quién eres de verdad. Amarte mientras miro como ansías encontrarte.

Amarte por quien eres, por lo que eres, sin necesidad de que hagas nada que pueda o no gustarme.

Amarte sin esfuerzo, como lo más brutalmente impactante y a la vez fácil que he hecho en mi vida. Porque ya te lo he dicho, no puedo hacer otra cosa. Amarte sale de un lugar que no conozco, pero que le llaman entraña y todavía no sé ni qué quiere decir exactamente. Pero es de muy adentro. Quizá sea desde el mismo lugar de dónde tus ojos de bebé me decían que venías.

Amarte sin complejos. Por encima de todo y de todos. Amarte sabiendo que será lo más eterno que haga porque no habrá muerte que pueda detenerme. Si muero, seguiré haciéndolo, puedes estar segura. Si por desgracia fueras tú quien se marchara antes, te amaría con la añoranza que mata cada día un poco, deseando poder reencontrarte.

Amarte. Así, sin nada más. Con palabras y sin ellas. Con ruido y en silencio.

Porque soy tu madre. Porque no sé hacerlo de otra forma. Y porque amarte es lo más importante que haré nunca en esta vida.

A mis hijas. A las que he tenido y a las que no tendré nunca.

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