intentemos

Inicio escolar: intentemos ponernos en su lugar

Hoy he visto una niña a quien le costaba despegarse de su madre y que dentro de una semana empieza la escuela. En ella he visto todos los niños y niñas que estos días todavía no saben lo que les tocará vivir.

Algunos se adaptarán rápidamente, pero a otros, les costará un tiempo terminar de vincularse con la maestra o el maestro, acostumbrarse al espacio (la clase), al entorno… Los septiembres me encantaban hasta que me di cuenta que los septiembres estaban llenos de lágrimas en prácticamente todas las guarderías y escuelas infantiles de medio planeta.

El año pasado estuve un mes dentro de la clase de mi hija hasta que se sintió segura y me dijo que ya podía irme. Fue un gran día para ella. Conseguimos un septiembre sin llantos y también un octubre y un noviembre, etc… Pero no todo el mundo tiene el tiempo para quedarse con sus hijos hasta que están realmente adaptados al gran cambio que supone separarse tantas horas de las personas con las que están vinculados. Y no todas las escuelas permiten que los padres acompañen a sus hijos como necesitarían.

Por ello, partiendo de la base de que muchos niños llorarán, de que muchos padres lo pasarán mal, quería decir:

Intentemos, los adultos, no violentarnos con las situaciones que se puedan producir. A veces, ver llorar a nuestro hijo pegado a nuestras piernas mientras otros padres y madres nos miran, nos hace sacar lo peor de nosotros. Entonces hay quienes en vez de evadirse de todo y acompañar a su hijo con amor, le riñe, o intenta comprarlo con un “venga que después te traeré una piruleta”, o lo que sea.

Intentemos, los adultos, no desviar la atención de lo que está pasando. No simulemos que no pasa nada porque sí que pasa. No es necesario que nos pongamos todos a llorar, pero como personas mayores y más maduras que nuestros hijos, intentemos hacer lo posible para acompañar estos momentos difíciles. Con amor, con abrazos, con mucho contacto. Con palabras, explicando lo que pasa, validando lo que siente nuestro hijo.

Digámosle que lo entendemos. No lo juzguemos ni lo comparemos con otros niños que sí se adaptan rápido (o eso parece). Y no nos sintamos peor nosotros por tener un hijo a quien le cuesta separarse. No nos juzguemos ni comparemos con otras familias. 

Intentemos, los adultos, hacer revisión e indagar qué nos pasó a nosotros en el principio de la escolarización. Recordemos cómo nos sentíamos cuando nos quedábamos en clase. Qué recuerdo tenemos de la etapa en que se encuentra nuestro hijo y veamos si nuestra vivencia está enturbiando, en alguna medida, la suya. Notemos qué se nos remueve cuando él nos clava las uñas en la espalda diciendo “no te vayas” o sólo llorando porque todavía no sabe hablar. Qué sentimos. Muy probablemente averiguar todo esto nos ayudará a separar las cosas, a reparar y a poder, seguro, acompañar mejor a nuestro hijo. A entenderlo, ponernos en su piel y al mismo tiempo, a darle las herramientas para que esta etapa difícil lo sea menos.

Intentemos estar atentos a las señales que nos dan los niños. No sólo en el momento de separarnos sino también por las noches. Si sueñan, si se despiertan más que antes, si se les escapa el pis. O durante las tardes: si se enfadan más, si lloran, si se pegan a nosotros como pegamento. Observemos no sólo los primeros días de escuela sino semanas después, porque la gran mayoría de niños lo sacan todo al cabo de un tiempo. Y… o enferman, o es entonces que empiezan a “sacar” toda aquella tensión vivida.

Intentemos no bajar la guardia, porque el acompañamiento no sea real sólo los primeros días, sino siempre. Pero al mismo tiempo, relajémonos y confiemos. De toda experiencia se puede sacar algo positivo, de toda vivencia podemos salir reforzados y todo nos ayuda a crecer. Confiemos en nuestra capacidad, en nuestro instinto de padres y madres, y confiemos también en ellos. En nuestros hijos. Confiemos en que pueden hacerlo, que se adaptarán un día u otro. Confiemos que un buen día dejarán las faldas de mamá, que se harán mayores y nos necesitarán, seguramente, mucho menos de lo que nos gustaría! 😉

Pero mientras esto no ocurra, mientras sigan necesitándonos, hagámoslo tan bien como podamos y sepamos, sin mirar hacia otro lado por miedo a sufrir, sin regañarlos, amenazarlos o reprimirlos cuando lloran sin consuelo. Dejemos que saquen el dolor, y el dolor no se les quedará dentro.

Y si lo necesitamos, cuando ya estemos en casa… lloremos quizás nosotros el dolor que un día no sacamos cuando éramos pequeños. Seguro que nos sentiremos también mucho mejor.

Si quieres profundizar más en el tema y abordar cómo hacer un buen acompañamiento de tu bebé o de tu hijo en este inicio escolar, apúntate al “TALLER ADAPTACIÓN ESCOLAR” que voy a dar  este miércoles en la sesión de preguntas y respuestas.  Si quieres más info, escríbeme a info@miriamtirado.com

Si quieres leer más sobre el tema:

“10 CONSEJOS SOBRE LA ETAPA DE ADAPTACIÓN”

“POR UNA ADAPTACIÓN ESCOLAR REAL”

“NO HAGAMOS DIFÍCIL LO QUE ES FÁCIL”

 

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

4 respuestas

  1. Es difícil a veces este acompañar y que importante es hacerlo al principio y hacerlo siempre. Yo pienso mucho en la adaptación de sara cuando entre a colegio grande. Espero poder estar ahí y acompañarla por un tiempo cuanto me necesite como lo hice cuando entro al jardín. Sin embargo, esto me ahce reflexionar mucho en el acompañamiento cuando llora, que si lo pienso bien, me cuesta un montón. Así que creo que tengo que pensar ( en mi caso escribir que es como mejor pienso) para buscar su origen, sacarlo y, quizá, llorar la tristeza guardada de años que me impide enfrentar y acompañar el llanto de mi pequeña. Como siempre, gracias!!

    1. Hola Zary,
      tu lo has dicho, ya sabes lo que hay que hacer para poder acompañar mejor a Sara: averiguar por qué te cuesta escuchar su llanto, acogerlo y acompañarlo. Quizás lo que encuentres no te guste, pero te ayudará a transitar esta etapa y ya nunca más te costará un montón. Seguro.
      Un abrazo grande, guapa!

  2. Hola Miriam, gracias por estas palabras que tanto necesitamos en estos días tan duros…mi pequeña ha entrado este año a p3, algo bueno, es en el centro donde trabajo y paso algunas horas dentro del aula con ella, así que le hago un acompañamiento que desgraciadamente otrxs no tienen.
    Ella no ha llorado ningún día desconsoladamente, pero si se queda triste hasta que me ve aparecer por su clase y el patio y se me echa a los brazos sonriendo.
    El problema viene por las tardes y noches, donde ella está realmente ansiosa, se enfada con facilidad, le cuesta aceptar las normas y límites y tiene gran necesidad de chillar, llorar y patalear. Cosa que le dejo hacer porque imagino que tiene eso guardado de no sacarlo en el cole y necesita expulsarlo cuando puede. De todas maneras cada día se nos hace más difícil pues está realmente irritable. No se que hago mal, se que no debe estar pasándolo bien pero yo ya Nose como ayudarle…

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