Cambios

La noche es más oscura cuando no estás

1 de julio del 2011

Hace unos días que tengo un pequeño agobio que me ronda… no me acaba de atrapar del todo, pero me ronda. Me mira de reojo, como si estuviera esperando el momento más oportuno para saltarme a la yugular. Y como no tengo ganas de que esto ocurra, he decidido mirarlo de cerca en la forma que tengo yo de afrontar mis agobios que es, sobre el papel.

Vuelvo a trabajar, pero lo que no he dicho es que vuelvo a trabajar y en el turno de noche. Obviamente, si trabajo de noche, quiere decir que no estaré en casa y que si mi hija se despierta, no me encontrará. Estará su padre y no tiene que ser ningún problema, lo sé. Es evidente que las cosas son como son y que si alguna noche se despierta y me echa de menos lo tendrá que superar, de atravesar, acompañada de su padre. Tendrá derecho a enfadarse y a encajarlo como mejor pueda o sepa, pero yo no puedo evitar sentirme mal. Sé que si un día, cuando llego por la mañana, mi compañero me dice que por la noche se ha despertado y ha estado rato llorando, me sabrá muy mal. Porque la noche es más oscura cuando mamá no está.

No quiero sentir culpa porque no es culpa mía, pero al igual que el pequeño agobio del que hablaba antes, la culpa también me ronda, volando sobre mí para cuando tenga la guardia baja saltarme encima. Sé que si un día, justo antes de ir a trabajar, ella, aún despierta, me dice que no me marche, que no quiere que me vaya, la culpa se me echará encima. Marcharé, porque es lo que toca, pero os aseguro que no me lo pasaré nada bien y quién sabe si lloraré en el coche. Porque la noche se hace mucho más oscura si no estás cerca de quien quieres estar.

De noche todo se hace más grande, más pesado. Las preocupaciones son más grandes, las angustias más duras y los añoranzas, más dolorosas. Después, cuando se hace claro y empieza a salir el sol, parece que todo aquello ya no era tan grave ni tenía tanta importancia. Por eso tengo miedo, de añorarla demasiado por no estar de noche, o que ella me añore demasiado por no estar con ella cuando es oscuro.

Pero la noche también es para dormir, y si pudiera elegir, escogería dejarla durmiendo antes de partir, y que no se despertara hasta que yo no vuelva a estar en casa, a primera hora de la mañana. Darle un poco el pecho, y dormirnos otra vez, ahora sí, las dos juntas. Si pudiera elegir, elegiría que si se despierta, se duerma enseguida en los brazos de su padre, tranquila, sintiéndose segura y protegida. Si pudiera elegir, pediría que las horas me pasen muy rápido, trabajando a gusto, pasándomelo bien, y volver contenta a casa, con mi familia cuando salga el sol. Cuando veo el agobio y la culpa volando cerca de mí, me imagino mi hija durmiendo plácidamente toda la noche junto a su padre, y me digo que todo irá bien, que es una nueva etapa y que la atravesaremos, como tantas otras. Y al anochecer, pido a la luna que las noches que me toque trabajar, ella haga un poco más de luz de lo normal, porque si Laia se despierta, no encuentre la noche tan negra y me sienta cerca, muy cerca suyo, a pesar de encontrarme a kilómetros de distancia. Pido a la vida que Laia tenga en su interior tanta mamá, que si me necesita me sienta a tocar, casi acariciándola, mientras le digo que vuelvo en seguida, que pronto saldrá el sol y dormiremos juntas de nuevo.

El día que toque le explicaré, con las palabras y las frases adecuadas, qué es lo que pasará y sé que me entenderá perfectamente. Juntas atravesaremos esta nueva separación en las noches y confío plenamente que el amor que nos ha unido desde el primer día nos dará luz para que nuestras noches separadas sean mucho más claras.

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

6 respuestas

  1. Segur que anirà bé, Míriam. Tu confia en tu i en la teva filla i veuràs com anirà bé. Petonassos i molts ànimus. Jo ja ho he superat dues vegades, això de tornar a treballar i la separació i et faràs creus de la capacitat dels nens per entendre i adaptar-se. I veuràs també com de feliç et sents en cada retrobament de cada dia. Aquella mica de màgia diària et donarà força.

  2. Precioso post! Muchas gracias por poner palabras, por tu libro que quiero leer pronto, por todo…
    Y mucho ánimo. El otro día me separé yo por primera vez también de noche de mi pequeña, por un viaje “de trabajo”. Lo pasamos bien las dos, y aunque no mostró su enfado durante la separación, sí lo mostró cuando yo regresé, canalizando la tensión a través de una medio rabieta por otra cosa, por un juguete, pero que en realidad era contra mi ausencia. La liberó, y luego con la teta se reconcilió y todo volvió a la normalidad.
    Lo bueno, como dices, es que la solidez del vínculo les da fuerzas y recursos, resiliencia, para manejar las separaciones.
    ¡Un abrazo!

  3. Me has emocionado Miriam. Te deseo de todo corazón que Laia se adapte bien y supéreis esta nueva fase sin problemas. Quién pudiera volar en la noche colgado de luna, para mecer a tu pequeña al despertarse… Besos

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