El amor se multiplica

Por más posts que escriba, nunca podré describiros cuánto me gusta tener dos hijas. Cuando estaba embarazada, algún día me surgieron las típicas dudas de mujer a la que las hormonas le juegan malas pasadas.

Recuerdo un día que dije “¿y si luego no soy feliz? ¿y si no somos felices?” A ratos (muchos), me costaba imaginar cómo sería tener a Lua en casa. Las amigas (prácticamente todas con 2 o más hijos) me contaban como era; que no paraban, que cuando no dormían por uno, no dormían por el otro, y mil cosas más.

Y yo les decía “¿queréis hacer el favor de dejar de asustarme?” para luego decirme “no, ¡si es muy chulo!” y nos reíamos.

A ratos, es cierto, estaba asustada. Creo que todos en casa lo estábamos. Ilusionados y a la vez con aquel canguelo de las grandes ocasiones.

Y llegó la primavera y con ella, el mes de abril, y pasó toooodo lo que os he ido contando los últimos meses. Y pasó abril y llegó el mes de mayo, que fue cuando yo, finalmente, florecí en mi segunda maternidad. Tardes de solecito entrando por la ventana con Lua durmiendo encima mio o de su padre. Tardes apacibles en casa, con Laia que lo ponía todo realmente fácil.

Lua era feliz, se le veía. Y Laia también. Laia, después de la llegada a casa, estalló de alegría y de todo: creció y se le veía que se le había sentado bien. Se la veía exultante. Incluso la maestra nos dijo que el nacimiento de su hermana le había sentado de maravilla. Y yo no podía hacer otra cosa que sentirme pletórica.

Con la seguridad que te da una segunda maternidad, en la que ya no sufres por según qué y tienes otra manera de hacer, con mucha más experiencia, me recuerdo todo el día con una sonrisa de oreja a oreja.

Cuando me preguntaban que cómo nos iba yo contestaba “¡Fantástico! Tener dos hijas es increíble! Muy fácil y nos encanta!” Había gente que me miraba con cara de si me había vuelto loca porque quizás creían que tener un bebé tan pequeño y otra hija mayor debía ser caótico.

A mí no me lo parecía, al contrario: sentía que era la mar de fácil. Ellas lo ponían fácil y como todos estábamos contentos, lo era, la verdad.

Recuerdo que envié un mensaje a mis amigas un día de estallido eufórico y les dije “¡Ya os vale! ¿Por qué no me decíais que tener dos hijos es la bomba?” porque todo lo que me contaban, yo todavía no lo vivía.

Descubrí que, evidentemente, al segundo hijo lo amas igual que al primero, que el amor se multiplica y que nunca es menos. Descubrí, en mi piel, que te enamoras también del segundo bebé como si no hubiera ningún otro.

 Que te hace sufrir igual, que no hay nada que sea “menos”. Descubrí que el amor por la mayor, lejos de disminuir, también crecía y además, crecía la admiración por todo lo que había hecho y por cómo lo había llevado.

Descubrí que ser una familia de 4 me gustaba mucho más de lo que nunca me hubiera podido imaginar.

Descubrí que mi intuición tenía razón: que me faltaba alguien para sentirme completa y que al llegar Lua este sentimiento había desaparecido. Que ya estábamos todos, y eso, sentir finalmente que en casa somos los que teníamos que ser, me provocaba una plenitud difícil de describir.

A las madres que os preguntáis si tener otro hijo: Conectad con vuestro corazón. Dejad los pensamientos, los miedos, los “y si?”… Conectad sólo con la intuición. Ella os dirá si falta alguien todavía en vuestra familia.

Lo que os puedo decir es que nunca fuimos a por el segundo porque tocara o porque tener 1 hijo no nos bastara.

Nos tiramos a por ello porque deseábamos otro hijo, porque sentíamos que teníamos que tener otro. Si sientes esto, si lo deseas, si algo te empuja a ello… ya tienes la respuesta. Y que no te de nunca miedo el amor: si lo amaréis, si os enamoraréis de él/ella, si será bonito ser uno más en la familia….

El amor es de las pocas cosas que cuanto más se da, más se tiene y hay amor para cada hijo, no lo dudes, para tantos como vengan.


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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

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