Vinculo

Necesito a mama

Abril 2011

El otro día oí a un hombre, padre, que decía en tono de broma “Necesito a mamá… necesito que me cuide”. Todo el mundo se puso a reir. Yo sentí algo extraño; me hizo gracia pero a la vez, me conmovió, porque en aquel “cachondeo” con que dijo la frase, intuí mucha verdad. Eran unas palabras muy reales que las decía un padre cansado, que sí, admitía que necesitaba a mamá para poderse soltar, encontrar confort en sus brazos para poder cargar pilas y luego, poder volver a entregarse a su hijo. Me emocioné y disimulé para que nadie viera que aquella broma, me hacía venir lágrimas en los ojos. Le entendía tan bien…

Todos necesitamos a mamá y a papá. Siempre. Lo admitamos o no, tengamos buena relación o no con ellos. Los necesitamos y es increíble como nos llega a marcar toda la vida el vínculo que nos una. Pero si esto es así más o menos siempre, cuando entramos en la maternidad o paternidad, esa sensación, esa necesidad, se multiplica como por arte de magia. Cuando me quedé embarazada tenía tantas ganas de pasar ratos con mi madre… Quería que me ayudara a hacer el nido, en definitiva, quería que me cuidara. La necesitaba cerca y disponible. Como si, de repente, yo volviera a ser una niña pequeña que quiere a mamá allí, presente, sabiendo que está y nos cuida. Fue así todo el embarazo. Depende de la relación que tengamos podemos sentir esto o, por el contrario, no la queremos ni ver. Supongo que con la gestación revivimos un poco la nuestra, el vínculo con nuestra madre, con nuestro padre. La vida es muy lista y, si escuchamos, nos da oportunidades para reparar, para hacer un alto en el camino y revisar, rehacer el hilo y nutrirnos… Volver a llenarnos de mamá, de papá, para luego, poder dar, entregarnos sin reservas a un bebé que necesitará mucha mamá y mucho papá durante mucho tiempo.

Durante estos 20 meses de mi hija, durante este largo puerperio, he continuado necesitando mi madre cerca. He necesitado sentirla apoyándome, sentir que estaba y que podía recorrer a ella cuando algo se torcía, o cuando yo no podía más y necesitaba llorar para volver a coger fuerzas. He necesitado saberla, también, disponible. Pero no sólo a mi madre. Con el nacimiento de Laia he tenido mucha necesidad de nutrirme de mi padre; de ​​verlo más a menudo, de hablar con él más por teléfono… Es curioso porque con mi padre siempre hemos tenido una relación más distante, menos fluida y fácil. Pero de repente, la llegada de Laia ha hecho cambiar las tornas y desde hace mucho tiempo tengo muchas ganas de verlo, de hablar con él, de explicarle cómo me siento, como me van las cosas. Supongo que también, de saber que está si lo necesito. Estoy redescubriendo a mi padre, estamos rehaciendo una nueva relación y es gracias a Laia. Laia ha allanado el camino, lo ha hecho más fácil. El camino de piedras se ha convertido en un camino de césped verde y fino, cortado a la misma altura donde es muy fácil hacer pasos para acercarnos. Lo vivo como un regalo. Es tan bonito reencontrarlo… sentirlo próximo, disfrutar de tener padre!

Criar no es fácil y pide mucho de nosotros a todos los niveles. Criar, crear, dar, entregar, cuidar,… es una tarea absolutamente hermosa pero también agotadora, desgastante y dura, a ratos. Es por ello que no podemos cuidar bien si no nos sentimos, también nosotros, cuidados. Si no lo fuimos en su momento, cuando éramos bebés como el hijo que tenemos en los brazos, aún con más razón. Pero la vida, siempre lo he creído, es generosa, y nos da nuevas oportunidades para nutrirnos y rehacer los vínculos, a veces un poco oxidados.

Admitamos que necesitamos ayuda, como el padre del otro día. No es una broma, es una VERDAD con mayúsculas. Necesitamos a mamá y a papá, saber que tenemos su mano tendida, saber que no nos juzgan, que se sienten orgullosos de nosotros, que no nos ponen palos en las ruedas con las decisiones que tomamos, que aman a nuestros hijos como parte de ellos que son, que nos ayudan, que están disponibles y presentes. Que están. Es todo lo que he necesitado y necesito todavía. Saber

que están ahí. Al igual que Laia, que para sentirse segura y para poder explorar el mundo que le rodea y crecer como persona necesita saber que papá y mamá están detrás, sosteniendo, con las manos abiertas muy cerca, por si la vida se tuerce y de repente se cae al suelo. Estaremos cerca para ayudarla a levantarse. En definitiva, amor que va y viene, en todas direcciones. Amor que nos nutre, amor con el que nutrimos. Amor que recibimos, amor que damos. Así de simple, así de bonito.

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

5 respuestas

  1. Quanta veritat!
    Recordo que quan la mare era viva tenia moltes ganes de compartir l’embaràs i la maternitat. Estar estones juntes àvia, mare i fill…potser ja intuïa que tindríem poc temps per compartir;). Des que la mare va morir, ara fa 7 mesos, hi ha moments que em costa que es perdi tot el que estem vivint, com creix el Berenguer, com xerra, com juga i com parlem d’ella, encara. Em sap greu que quan sigui gran no en tindrà el record però com a mínim jo li podré explicar que hi va ser, com se l’estimava i com em va dir que el seguiria des d’on és ara.
    Jo hi ha dies de tot, dies que penso…quina merda si hi hagués la mare li demanaria… però el fet que no hi sigui em fa demanar-li al meu pare, que ha agafat un paper més actiu com a avi.
    Però avui…NECESSITO LA MAMA!

    1. Ai, Lali… què puc dir-te, ara? Em sap tan greu… T’abraçaria molt fort, molt, perquè notessis que, malgrat no puc tornar-te la mare, t’acompanyo en aquest procés de dol que estàs vivint. Te l’envio, l’abraçada, volant per trobar-te.

  2. Me ha gustado mucho tu entrada y no puedo estar más de acuerdo con todo lo que has contado. Siempre he tenido buena relación con mi madre pero desde que tuve a la gordita es todavia mejor, he aprendido a entenderla mucho mejor, valoro mucho más todo lo que hace por nosotros y la necesito mucho más, no sólo su ayuda sino sy cariño, su comprensión y su apoyo… se ha vuelto a convertir (parece que durante una época lo olvidé) en un pilar fundamental en mi vida, me gusta poder compartir esta etapa con ella y que disfrute tanto de su nieta como lo hace. Un besazo

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