El do

29.2.2012

Janis Joplin siempre me ha gustado. La he escuchado desde pequeña y todavía ahora muchos días me la pongo a todo volumen en el coche cuando vuelvo de trabajar. Es curioso porque hoy, mientras intentaba seguirla cantando he recordado por qué me gusta tanto: una amiga de mi madre cantaba sus canciones y lo hacía muy bien. Yo tenía cuatro o cinco años cuando mis padres se reunían con un grupo de amigos y siempre acababan cantando. Mi madre siempre tocaba la guitarra (en aquella época se dedicaba a eso, de hecho, era profesora de guitarra) y me maravillaba lo bien que la tocaba y a la vez, lo bien que encajaban sus sonidos, con la voz de Rosa que cantaba canciones que me fascinaban y que, entonces, no tenía ni idea de que eran de una tal Janis Joplin que había muerto de sobredosis seis años antes que yo naciera.

Con los años, no he podido ni he querido desengancharme de Joplin, supongo que porque me transporta a momentos muy felices de mi infancia y quién sabe si también porque con ella descubrí qué era tener un don. Cuando estás con alguien que te muestra su don no puedes hacer nada más que quedarte callado, con la boca abierta, intentando saborear ese momento mágico que te regala. Una voz increíble que te transmite un mar de emociones, un piano que suena como nunca habrías imaginado que pudiera sonar un piano, unos movimientos ejecutados por una bailarina espléndida que te deja sin aliento… Pero también un conferenciante, un humorista, un carpintero, un cocinero, una profesora, un jugador de fútbol, ​​una médico o una directora de orquesta. Siempre he creído que todo el mundo tiene un don y que la única gran dificultad es encontrarlo, confiar en él y cabalgar juntos.

En mi adolescencia, que ya creía estas cosas, hubo una época que me daba mucho miedo no encontrar el mio y al mismo tiempo, me sabía mal tener la certeza de que no tenía el don de Rosa o de Janis Joplin. Quizás por eso siempre he dicho que si alguna vez vuelvo a nacer, me pido tener una gran voz que me permita llegar a los agudos que no consigo cantar en el coche cuando vuelvo de trabajar 😉

Ahora, cuando miro a Laia mientras juega, casi siempre con sus muñecas y sus «hijos», me pregunto cuál será su don y si sabré o sabrá ella verlo. Me lo pregunto con curiosidad y siento ilusión de saber que será un momento increíble, el de sentir dentro de mí… «¡Es eso! ¡Este es su don». A veces, dependiendo de los tumbos que te de la vida, puedes tardar muchísimo a encontrarlo. Hay gente, incluso, que quizás no lo encuentra nunca… pero juraría que son muy pocas personas. El resto, o lo encuentran y lo explotan, o saben cuál es y a veces por miedo, falta de seguridad o por desidia, deciden conscientemente darle la espalda. En todo caso, espero que ella no forme nunca parte de este último grupo. Porque ir en contra del don que tenemos es una lástima primero para nosotros mismos pero justo después, para el resto de personas que podrían disfrutarlo.

Yo hace años que busco el mio y aunque todavía no estoy segura de haberlo encontrado, sé que cada día está más cerca. Hay días que tengo la sensación de que ya casi lo siento… que cada vez lo tengo más cerca de la punta de los dedos… Y cuando siento eso me pongo enormemente contenta porque se desvanece aquella paranoia adolescente y porque estoy más cerca de saber qué demonios he venido a hacer aquí. Porque lo que aún no he dicho y que es más importante, es que el don tiene que ver con lo que nos ha traído donde estamos. Y eso, después de la gran pregunta del «QUIEN SOY» te permite desvelar otra que es «POR QUÉ».

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

10 respuestas

  1. A casa tots tenim el do de la música, i ho dic amb molta convicció perquè no hi ha cap mena de dubte. El meu company és Mestre de capoeira i percusionista i va començar de ben petit; jo, als 10 anys vaig saber també que lo meu era la música, tocava el piano i sempre treia molt bones notes, tenia una facilitat enorme i sempre m’ha agradat molt cantar. No m’hi he dedicat al 100% però també soc professora de capoeira i conseqüentment percusionista. I clar, amb aquest currículum familiar el Cauâ ja apunta maneres; amb 2 anys i mig ja té un sentit del ritme impresionant, i el millor és que per ell és un joc! El do està clar que el té!

    1. Dono fe que el vostre fill té un do: el de la música, el ritme, el ball. Li he vist fer moviments que no he vist en cap altre nen. Però no m’estranya, ho ha mamat des del teu ventre, que sentia el ritme, el cant i la música. Que en gaudiu moooooolts anys i que els atres puguem gaudir-ne amb vosaltres! Petons

  2. Justamente ayer hablaba de eso con mi marido. Que a mis 31 años aún no sé cuál es el mío! Hay veces que esto me hace sentir un poco frustrada por ello cuando miro a mi hija, a sus casi 10 años, espero que ella lo encuentre y yo sepa verlo!!!

  3. Jo tampoc se quin es el meu do i tinc 31 anys. Espero que el meu fill si que sapiga trobar el seu do i, sobretot, donar-se compte que el te.
    Creeus que realment tothom te un do? Hi pensare amb calma

    Gracies per la teva reflexio

    1. Hola, Raquel
      Jo crec que sí, que tothom té un do, però a vegades no és fàcil adonar-nos-en, identificar-lo com a tal, etc. No hi ha alguna cosa que t’encanta fer, que fas molt i molt bé, i que et fa «volar»? Potser és cuinar, o pintar, o… Qui sap! 😉 no defalleixis, el trobaràs!
      Petons

  4. Yo tampoco he encontrado el mío, pero todos los días lo busco con ahínco y creo estar muy cerca de encontrarlo. Espero que para Sara sea un poco más claro y que lo disfrute y explote al máximo. Mucha suerte con la búsqueda de tu don, y en su momento, con la búsqueda de Laila del suyo.

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