Sé que después de parir tardé siglos a volver a sentirme guapa. A volverme a sentir “estupenda”, a volver a tener ganas de arreglarme, de pintarme, de presumir… Si os tengo que ser sincera, no me importaba lo más mínimo.

Yo era feliz dentro de mi burbuja de mujer acabada de parir, de mujer con los pechos a punto de reventar llenos de leche que mira y admira aquella criatura que ha gestado 9 meses dentro del vientre. Si estaba guapa o no, a mí, me importaba (cómo acostumbro a decir) 0.

Al cabo de unos meses de burbuja, me di cuenta que me costaba volver a sentir mi cuerpo… mío. Era cómo si todavía no me acabara de pertenecer. La cicatriz, las tiranteces, los pechos… todo ello lo hacía algo más difícil y de hecho, hablé de esto en el post… “¿QUÉ LE PASA A MI CUERPO?

Fue pasando el tiempo y un buen día, volví a sentir la necesidad de arreglarme, de comprarme ropa, de volverme a sentir guapa. De “mostrar” mi cuerpo que, por fin, volvía a sentir mío.

Y no tenía nada que ver con la cuestión de los kilos, que tanto preocupan a muchas mujeres. Era una cuestión más sutil, más intangible.

Cómo si durante los primeros meses de puerperio, el baile hormonal, el cambio en TODO y la adaptación continua hiciesen que la percepción de mí misma en términos como “guapa”, “sexy”, “arreglada”, etc, quedara “aparcada” porque había algo más importante que había que atender. Mi hija y todo el que la rodeaba. Yo quedaba, de alguna manera, en segundo término. Y no me importaba nada.

Hasta que un día abrí el armario y me di cuenta que volvía a buscar unos pantalones que me gustaba mucho como me quedaban, que me ponía talones (bajos, que sino me duele la espalda), que me volvía a maquillar y que me sentía muy feliz cuando él, mirándome me decía “¡oh, que guapa!”. (NOTA: esto no significa que no me lo dijera antes, pero yo no lo vivía igual).

Fue aquel día cuando vi que algo había cambiado, que la fusión emocional y física con ella empezaba a no ser tan intensa y que podía volverme a sentir yo, más allá de mi faceta de “madre”.

Ahora, finalizado del todo mi puerperio desde hace ya tiempo, vuelvo a sentirme cómo antes de quedarme embarazada. Me vuelve a importar sentirme bien con mi cuerpo y con mi aspecto… y vuelvo a cuidarme.

Pero el otro día abrí los ojos. Estaba con mujeres acabadas de parir y yo las encontraba tan guapas… Con aquella felicidad, con aquel aspecto de madre todavía un poco agobiada que se siente insegura cuando sale sola con su hijo de casa, con aquel tipo de prisa con la preocupación de llegar a la hora a pesar de saber que es imposible…

¿Os habéis fijado? Es cierto que quizás no tienen el aspecto de antes, ni los kilos de antes, ni las medidas de antes de pecho y cintura… pero hay un punto de experiencia, de madurez, de sabiduría de madre que las hace altamente atractivas. Las hace guapas.

Supongo que es el amor, el amor profundo hacia sus hijos y de ellos hacia ellas, un amor en dos direcciones que hace que las dos partes brillen en sintonía.

Cuando llegué a casa corrí a mirar las fotos del primer año de vida de Laia para darme cuenta de si era verdad lo que yo percibía y era que no estaba guapa.

Y acto seguido pensé… “ay, el puerperio… ay el lado oscuro…” porque mirando las fotos me di cuenta que me brillaban los ojos, que era feliz y que todo esto me hacía guapa. Y recordé que la gente me lo decía, que me decían “qué guapa estás” y yo no me los creía. Como cuando yo les digo ahora a ellas “qué guapa estás” y seguramente tampoco me creen…

Por si alguna mujer en pleno puerperio lee hoy este texto: Tienes que saber que estás guapa, que eres guapa, que eres atractiva aunque tú no te sientas así. Tienes que saber que algún día volverás a arreglarte y a sentirte “sexy”. Que algún día volverás a sentir tu cuerpo tuyo.

Que ya no será un desconocido. Que te volverás a comprar ropa y que te mirarás al espejo y dirás “para ser madre y haber tenido uno, dos o tres hijos, no estoy nada mal!”. Y harás una media sonrisa tímida que sólo verás tú y sabrás que algo ha cambiado y que entras, de nuevo, en otra fase de tu maternidad.

9 Comentarios

  • gema

    Me ha encantado el post!! Creo que tienes toda la razon!! Cada vez que veo a una mujer que acaba de parir veo un brillo especial en sus ojos, en su cara que la hacen inmensamente guapa!!
    Y la verdad es que yo los primeros dias despues de parir a mis hijos me sentía asi, guapa, fuerte, poderosa!! Luego tuve un bajon en los dos puerperios, para luego volver a sentirme guapa!! ;))

    • Míriam

      Hola, Gema!
      Sí, sé de la fuerza y del poder de que hablas… ¡Qué recuerdos! Y sí, a veces después viene el bajón o baches pasajeros, (dependiendo también mucho de como van las noches, no nos engañemos!) pero seguimos siendo guapas ¿no?
      Besos!

  • Raquel

    Miriam, m’ha agradat molt l’escrit d’avui. I tens tota la rao, les dones amb un bebe acabat de neixer tenen una mirada diferent. Ho he compravat aquests dies ja que tinc una amiga que va donar a llum fa 4 dies. I he revisat fotos i jo estava esplendia tambe. Gracies

    • Míriam

      Hola, Raquel!
      Segur que sí… amb aquella mirada de «ja no sóc la mateixa», oi? Malgrat que molt sovint les mares no en som ni del tot conscients encara!
      Gràcies guapa! Petons

  • Mamá 2.0

    Yo no me acuerdo muy bien de si me sentía o no guapa, a lo mejor me pasaba como a ti, que no le daba importancia en esa época, no sé.
    Pero si que me acuerdo de los ojos brillantes, de la sensación de estar en una nube, de la felicidad, del reenamoramiento intenso con mi pareja por haber sido capaces de concebir un ser tan perfecto… y si, en las fotos todo esto se percibe, porque si, estoy guapa. Incluso más de lo que puedo estar ahora que es cuando realmente me vuelvo a esforzar en estarlo… Y es que como leí ayer por twitter vía «peinetapintxosymimonillo», cuando acabamos de parir, tenemos como una aurea que nos hace especiales y estamos GUAPAS, GUAPÍSIMAS!

    • Míriam

      Pues yo lo corroboro! Estabas y estás guapa. Te lo digo yo 🙂
      Besos!!!

  • Mo

    M’ha fet molta gràcia la part final del text. Jo també em miro al mirall i em dic: «Per haver tingut un fill, no estic malament…». Jajajajaja!
    Si, la maternitat ens dóna quelcom especial a les dones…
    Petons!

    • Míriam

      Hola, Mo!
      Jajajaja… Sí oi… confesso que jo algun dia també m’he mirat al mirall i he pensat això mateix! 🙂
      Petons!

  • Pilar

    Hola, debo admitir que es la primera vez
    que veo tu página, pero de ahora en adelante puedo decirte que lo
    iré siguiendo más veces.
    A seguir así!

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