Menstruación

Y un día … vuelve

13.5.2011

Si algo me gustó (entre muchas otras cosas) de estar embarazada y tener una hija es que durante muchos meses no tuve lo que tenía cada mes y que me dolía tanto: la regla. Durante un año y medio mi vida no estuvo a caballo y a merced de un ciclo, sino que disfruté de una estabilidad emocional y física increíbles. Recuerdo que durante el post-parto, que en mi caso fue una delicia, pensaba “que bien… no tengo que mirar el calendario y pensar ¡ya se acerca!” como si tuviera que venir el hombre del saco…

Sí, ya sé que la menstruación tiene muchas cosas buenas; que nos ayuda a adentrarnos en nuestro mundo más oscuro para luego, salir reforzadas. Que nos acerca partes de nosotras que de otra manera, no conoceríamos,… y no sé cuántas cosas más. Lo sé y en parte, estoy de acuerdo. Pero a mí, antes de tener una criatura, la regla me provocaba mucho dolor, sobre todo en la espalda, pero a veces también en los ovarios. Tenía que tomar calmantes porque sino, no podía ni salir de la cama. Estaba todo el día (sobre todo el primero) hecha un cromo. O sea que si os tengo que ser sincera, durante ese año y medio, no la eché de menos en absoluto. Y mientras los meses iban pasando, me preguntaba “…cuando volverá?”. Hasta que un día lo hizo.

A los 7 meses de Laia, un día tuve como una sensación de dolor que recordaba a las antiguas reglas, pero vaya, nada comparable. Para mi sorpresa no pasó nada, quedó ahí. Pero al cabo de dos meses más, así de pronto y sin darme cuenta, PAM, aquella vieja conocida volvió a mi vida. La grata sorpresa fue que lo hizo de manera silenciosa, como de puntillas. No me dolió en absoluto. Siempre me habían dicho que a veces, después de tener a un bebé, las menstruaciones dolorosas dejaban de serlo, y en mi caso, ha sido así. Es fantástico. Ahora bien, de lo que no me he escapado es de los altibajos emocionales: El Dragon Khan sigue ahí, para invitarme a subir una vez al mes.

Si antes estos días ya me estorbaban, ahora que tengo una hija, me molestan al cuadrado. Porque no quiero estar triste porque las hormonas así lo deciden, y tampoco quiero que mi parte creativa y positiva esté sólo acotada a unos días del mes. La ventaja es que no sé si ha sido la maternidad o que, pero ahora la tengo más por la mano. Ya la veo venir, y ya no me asusta. Digamos que ya no me controla ella a mí y, aunque me dejo llevar por sus vaivenes, sus sacudidas ya no me hacen tambalear mi vida. Ahora he decidido jugar el juego y no dejarme engañar por su oscuridad. Me sumerjo en ella, la miro, aprendo si es que tiene algo que decirme, y la relativizo. Por fin he aprendido a convivir con ella, sin dolor, sin pena, sin esa tristeza aguda que hacía que todo pareciera hundirse a tus pies.

Quizás necesitaba 18 meses de tregua para volver a mirarla con otros ojos. Eso sí, sigo atenta al calendario y cuando se acerca, envío un aviso a navegantes, es decir, a mí misma y a mi compañero: “¡Eh … agarrémonos, porque ya se acerca! “, como si de una ola se tratara.

(Si queréis más información sobre la menstruación, hay un libro muy interesante titulado LUNA ROJA que va sólo de eso. Muy recomendable.)

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

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