Cuando Mamá (contra) corriente me preguntó si podría escribir un post para su blog, contesté rápidamente que sí. Hay gente con quien conectas rápido, con quien no hacen falta largas charlas de café para saber si hablas o no el mismo idioma.

En primer lugar, espero no decepcionar a nadie si digo que todos los niños tienen celos en algún momento u otro. Sí, todos, sin excepción. Celos de hermanos o del padre, o de que sus padres se abracen, o de los abuelos, o de un primo, o de un amigo que un día viene a jugar a casa…

Digo tan contundentemente que todos los niños tienen celos en algún momento como que todos los niños a veces sienten enfado, rabia, alegría, felicidad, tristeza infinita, miedo… y un sinfín de emociones más.

Con los celos pasa algo extraño y es que muchas veces no queremos verlos. No queremos aceptar que nuestro hijo mayor siente celos, o el pequeño, da lo mismo. Queremos pensar que no los sienten porque no queremos ver que sufren por algo que, de alguna forma, hemos provocado nosotros: que tengan un hermano.

O sea que entonces pasan esas cosas como por ejemplo encontrarte a alguien conocido por la calle que acaba de tener a su segundo hijo y te comenta: “muy bien, oye, el mayor no tiene nada de celos, en absoluto”. Al cabo de un tiempo os volvéis a encontrar y te dice “continuamos estupendamente, ninguno de los dos tienen celos, se quieren con locura… Sí que por la tarde están muy demandantes y lloran sin motivo muchas veces, pero celos, ¡ni hablar!”. Y yo digo… vaya, qué raro que estos niños no sientan nunca celos el uno del otro teniendo que compartir lo que más quieren, o sea, sus padres!

Y es que en la maternidad y paternidad lo más doloroso es ver sufrir a un hijo. Ver que lo pasa mal, que siente cosas que le provocan malestar.

Si vemos que está raro justo cuando viene al hospital a ver a su hermanito pequeño acabado de nacer, nos morimos de culpa y de dolor. Porque ¡no queremos! No queremos que sienta celos: queremos que le quiera, que esté contento de tener un hermano, que entienda que el amor entre hermanos es algo bonito, que entienda que en el fondo, también lo hemos hecho por ellos, para que se tengan el uno al otro…

Pero en ese momento, el mayor sólo ve a un bebé que todo el mundo dice que es tan mono, chupando la teta de MI mamá, que está en el hospital y no viene a dormir a MI casa, ni me cuenta MI cuento para ir a la cama, ni me da un beso de buenas noches, y que cuando me despierto porque he visto un monstruo no está.

Para mi es importante que dejemos de tener miedo a los celos. Los celos no son ni buenos ni malos. Los celos son.

Son una emoción, como tantas otras, y deben nombrarse, deben salir… Si nosotros tenemos miedo a los celos, nuestro hijo también lo tendrá, porque verá que siente algo pero que sus padres no lo ven o no quieren verlo, por lo tanto, deducirá que es algo que NO debería sentir.

Y los celos, no es algo que se escoja y que podamos decir “mira, pues no los voy a sentir y ya está”. A veces no podemos evitarlo, es superior a nuestra voluntad consciente. No me dirés que , vosotros, de adultos, no habéis sentido alguna vez celos? Lo que sienten nuestros hijos, también lo hemos sentido alguna vez nosotros. Pero ellos no tienen la capacidad de mentalizarlo, de racionalizarlo, de ponerle palabras, de poder entender qué está sucediendo. Por eso es tan importante que seamos nosotros los que hagamos esta labor.

En primer lugar: verlos, reconocerlos como una emoción “normal” y aceptarlos. Hacer sentir a nuestro hijo que lo aceptamos a pesar que de sus celos le hagan malas jugadas como enfadarse muchísimo, pegar, decir que no quiere a su hermano o lo que sea.

Que sintamos celos no quiere decir que no queramos a nuestro hermano. Una cosa no tiene que ver con la otra. Que nuestro hijo dé muchos besos a su hermano, que le quiera con locura, que pregunte por él cuando no está, etc, no quiere decir que NO sienta celos. Puede amarlo y querer estar con él y al mismo tiempo, odiarle porque le priva de estar, a solas, con sus padres. La ambivalencia, con los celos, está servida.

EL PAPEL DE LA PAREJA

 Pero vayamos a lo práctico. He dicho que los celos existen pero no he dicho que pueden llegar a ser muy pero que muy molestos e interferir de una forma bastante desagradable en la convivencia familiar. Los celos pueden llegar a preocuparnos muchísimo y por eso es muy importante tomar algunas medidas.

Para mi lo primero es perderles el miedo y nombrarlos, ya lo he dicho. Poner palabras a lo que está sintiendo el niño, explicarle lo que le está pasando… “Ya veo… estás molesto… me ves todo el día con el bebé en brazos y esto no te gusta… te gustaría que te hiciera mucho más caso, ¿verdad?” Hablar de ello con naturalidad, entendiendo que nuestro hijo comprende lo que le decimos, le ayudará. Y a nosotros también.

Pero otro aspecto importantísimo en este momento es el papel de la pareja. La pareja (padre o madre, en caso de parejas homosexuales) como pieza clave para ayudar en la separación entre el hijo mayor y mamá. No en plan de “deja a mamá tranquila que ahora está con el bebé” sino como padre que incrementa el vínculo con su hijo atrayéndole con actividades y aventuras mucho más atractivas y divertidas que estar al lado de mamá mientras da el pecho. Me explico:

La pareja tiene que tener un papel activo, tienen que ganarse al mayor, entrando en su juego y en su mundo (si es que no lo había hecho antes) y que sepa cómo proponerle actividades interesantes para que el niño sienta las cosas buenas que tiene ser el hijo mayor. “¿Qué tal si mañana tu y yo cogemos las bicis y nos vamos a explorar un bosque que me han dicho que está lleno de troncos para montar cabañas?” en caso que a nuestro hijo le encante hacer de explorador y aventurero, por ejemplo. “¿Qué te parece si tu y yo vamos a ver si hacen alguna obra de teatro donde salga algún personaje que te pueda gustar?” en caso que nuestra hija sea una apasionada del tercer arte.

Lo que sea, mientras sea atractivo, inspirador, y divertido para hacer juntos. Algunos harán manualidades, otros jugaran a disparar a monstruos, otros irán a buscar caracoles o flores en el campo, otros… da igual. No importa. Aquí lo único importante es que padre e hijo compartan actividades donde puedan disfrutar, donde puedan evadirse, donde ser mayor sea apasionante.

Que el hijo disfrute de tiempo con el otro progenitor a solas será muy enriquecedor para las dos partes. Por un lado porque el niño verá que es importante para él, se sentirá lleno. Y por el otro porque su vínculo se irá haciendo cada vez más fuerte.

Y ¿qué más ganamos con todo esto? Pues ayudamos a mamá a vincularse y fusionarse con el hijo pequeño, con el bebé, que es quien ahora necesita estar fusionado con ella. Les damos tiempo juntos, les damos tiempo de relax, damos tiempo a la mujer para que pueda sumergirse también en su segundo puerperio.

Y a la vez, cuando vuelve el hijo mayor, estamos todos más relajados y contentos: cada uno ha tenido su tiempo en profundidad y exclusividad y ahora, que vuelven a estar todos juntos, pueden intercambiarse los papeles: la pareja va a bañar al peque, o le coge en brazos y continúa vinculándose con él, y el mayor puede gozar de un ratito de mamá en exclusiva y contarle todo lo que han hecho con papá, todas las aventuras alucinantes que han vivido esta tarde.

Cuando nace el primer hijo, muchas veces las parejas no saben muy bien qué papel tienen en todo esto. Ven un bebé que sólo quiere estar en brazos de mamá y en su pecho, y se preguntan cuándo podrán gozar también de su hijo.

Pues bien, parejas del mundo: cuando nazca el segundo hijo vuestro papel está clarísimo. Sois indispensables. Sois importantísimos. Ahora sí que tenéis trabajo que hacer, ahora sí que os necesitamos activos, disponibles y divertidos y optimistas porque del papel que desempeñéis en todo esto, de vuestra capacidad de ganaros al mayor dependerá también el bienestar general de la familia, en casa.

Algunos pensaréis que no es fácil. Quizás no, dependerá de la situación familiar, de cada niño, de cada padre y madre… Cada casa es un mundo, diréis. Y es verdad. Pero planteémonos los celos de nuestro hijo, como una oportunidad de ponernos, todos, las pilas. De ser más imaginativos, de vincularnos más y mejor, de transmitir y demostrar más amor incluso que antes.

Los celos no tienen por qué traer cosas malas, en absoluto. Pueden ser un toque de alerta: “aquí pasa algo, vamos a abordarlo”, y lo que salga después puede ser maravilloso.

Una familia que ha tenido que adaptarse a la nueva situación pero que lo ha hecho amorosamente y como algo natural. Sin traumas, sin llantos desgarrados para llamar la atención. Sin agobios de una madre puérpara que no sabe como llegar a todo y que se muere ahogada por un sentimiento de culpa sobrecogedor. Sin padres ausentes que se pierden en una casa llena de demandas y reclamos que no van a ninguna parte.

Cuando veamos los celos con otros ojos, con otra mirada, dejaran de darnos miedo cuando vayamos a por el segundo, o ya lo tengamos en casa, y los integraremos como lo que son: una oportunidad para aprender todavía más y sobretodo, amarnos más.

PARA TERMINAR

He escrito este texto pensando en hermanos que se llevan 4, 3, o 2 años y medio de diferencia. En caso que se lleven menos, quiere decir que el mayor probablemente todavía está en etapa fusional con su madre, lo que complica un poquito más las cosas. En este caso debemos tener en cuenta la edad del mayor, pensar que todavía es muy pequeño y entenderlo, si cabe, aún más. Acompañarle como ya explicado: con palabras, con mucho amor y comprensión. Y en cuanto pueda irse separando de mamá, que papá coja las riendas.

Los celos tienen mil y una expresiones: los niños pueden pegar, llorar, aislarse, cerrarse, convertirse en hiper extrovertidos evitando a mamá, etc… Dependerá del carácter que tengan, dependerá también de si hemos aceptado anteriormente que lloren, si les hemos acompañado o no.

Si se sienten libres para expresar estas emociones que seguramente ya saben que son menos aceptadas Estemos atentos a los posibles cambios y a las posibles expresiones de estos celos. A veces no se nos ocurre que aquello que hace nuestro hijo puede ser debido a los celos.

Porque quizás también tardan en salir; es decir, los primeros meses no los notamos y estamos súper felices pensando que nuestro hijo no los tiene. Pero en cuando nuestro bebé empieza a gatear y a estar más activo, divertido y guapo, entonces el mayor empieza a hacer cosas que no hacía. Y pensamos “no, celos no puede ser porque ya los habría tenido, sentido, expresado…

Por eso, no bajemos nunca la guardia. De la misma manera que la felicidad, la alegria, la tristeza, la soledad va apreciendo a lo largo de la vida, quizás, los celos, también. Hagámonos amigos también de los celos…. nos será más fácil abordarlos!!!

 

14 Comentarios

  • Zarina

    Genial Miriam. tengo que reconocer que me encantaría tener otro hijo. A veces, prácticamente lo siento revoloteando en mi barriga y de repente pienso en mi hija, y me asusto. No porque le tenga miedo a los celos, sino porque me veo incapaz de manejar el pedido incesante de dos pequeños, dependiendo de mi, de mi fuerza física y emocional. Cuando le lo que expresas sobre el papel del padre lo veo más claro. Sin embargo, me entra un poco de pánico otra vez porque no creo que mi pareja entienda por completo su rol e importancia más aún cuando mi princesa ha estado pegada mi, literalmente, estos dos años y medio. Creo que tendremos que hablarlo, procesarlo, y definirlo claramente entre todos antes de que pase, para saber identificar las capacidades e incapacidades de todos, los roles, los celos… para que cuando llegue este pequeño las cosas fluyan con mejor cause y todos encontremos nuestro espacio y lugar. Un abrazo… Oye, ¿te gustaría escribir un post para mi blog? jejejejejeje Besos..

    • Míriam

      Hola, guapa!
      Te entiendo… esto que cuentas es tan comprensible. Pensar en un segundo, mirar al que tienes en casa y decir «buf… ¿podré con tanta demanda?» y acto seguido posponerlo… o no. Me ha parecido importantísimo lo que comentas: la necesidad que pensarlo, hablarlo, procesarlo y definir e identificar las capacidades e incapacidades. Hasta dónde podemos llegar cada uno, qué nos vemos capaces de asumir y qué no… Y respecto a nosotras, las madres que quizás, como tú, hemos estado tanto tiempo maternando las 24h del día sin cesar, si tenemos la energía física y emocional en este momento para sostener la gestación de otro ser. Puede parecer una tontería plantearnos todas estas cosas, pero creo que no lo es. Al contrario. De esta forma, no llegarán segundos hijos en momentos en que nadie de los tres miembros de la familia están preparados para sostener…
      Mucha suerte en este proceso que has comentado. Puede ser tremendamente enriquecedor y puede conllevar un gran e interesantísimo aprendizaje: como madre, como mujer, como pareja, y también para él como padre y hombre.
      Muchos besos, Zary. Y sí, claro, me encantaría. 🙂

  • Raquel

    Els gelos estan mal vistos pero es un sentiment mes que l’hem de considerar. El mes evident es quan tens un segon fill pero els gelos, de per si, existeixen.
    Molt interessant el post d’avui.
    Gracies

    • Míriam

      Sí, Raquel!
      Moooooolt mal vistos. Perquè veure’ls fa tan mal, que preferim o negar-los, o fer veure que no hi són. Com els nens petits, que es pensen que si no miren, aquella cosa desapareix. Amb la diferència que ja som adults i que sabem que aquesta tàctica no funciona.
      Una abraçada!

  • Mo

    Vine a conocerte precisamente tras leer este post en el blog de la Mamá contracorriente, me gusta tu forma de plantearlo 🙂
    Un beso!

    • Míriam

      Muchas gracias Mo! Celebro que este post, en su día, te hiciera llegar hasta aquí!

      Besos!

  • Diario de una Madre

    Genial el post Miriam!!! Me ha servido de gran ayuda para entender muchas cosas y confirmar otras. Yo tengo dos hijos, uno de casi 5 y otra de 19 meses y el mayor ha tenido una época de muchos celos. Ahora parece que ya está mucho mejor, pero intento prestarle mucha atención y jugar con él y con eso he conseguido que quiera estar con su hermana y jugar con ella, pero ahora es ella la que tiene muchos celos de él. En este caso no sé muy bien cómo abordar la situación, porque creo que es demasiado pequeña. Un besito

    • Míriam

      Hola, guapa!

      Yo he visto bebés con celos! Si ven al mayor que se arrima a mamá, ellos gritan! Y sí, son celos… ¿Hay una edad para sentir celos, alegría, tristeza…? Yo creo que no. Podríamos decir lo mismo de los adultos; que aquella persona de 55 años es demasiado mayor para sentir celos, pero puede ser que los sienta si su mujer/marido se enamora de otro… Entiendo que es difícil, que tenías contemplados los celos del mayor, pero ahora te han sorprendido los de ella. Pero son normales, sobretodo si ve que prestas mucha atención al mayor (justamente porque era el que más los expresaba…), pero ella también está creciendo y está aprendiendo también a reclamar lo que cree que es «suyo» o sea, tú. Ánimo. Con mucho amor, empatía y comprensión, ya sabes… todo pasa.
      Besos

  • consol

    Bon dia !!!!
    I quan els gelos són entre cosins ?? Es una lluita a veure qui és més bo ?? Més valent ?? Té més coses ?? Més, més i més de tot. Ufff !!!!

  • Estefania

    la gelosia en edat adulta.
    Tinc dos fill de més de 30 anys el gran sent gran gelosia, fins el punt de tirarnos en cara que sempre li hem deixat fer el que vol i dirli a l’altre que ès un egoista i només va a la seva.
    Tots dos són independents un viu amb parella i l`altre viu sol.
    Venen a dinar un cop per setmana el mateix dia tots dos, veig cada cop més sovint les mateixes discussions y atacs del gran cap al petit en el sentit indicat. Que si no m´has saludat al entrar, que si no saben on has anat de vacances ..
    La convera deriva en agressivitat, ràbiia i fins i tot llàgrimes …
    Llavors el petit es defensa, que si est`as ple de ràbia, que i estas boig, que si tens estres. Ùltimament es repeteix sovint.

    Estem molt amoïnats i el meu marit i jo no sabem com enfocar-ho, he estat llegint sobre la gelosia i els seus efectes d’agressivitat i possessió, però no sé com enfocar-ho o fer-li beure que es tracta de zels?
    Moltes gràcies per la seva atenció

  • Raquel

    Hola Miriam
    Me encanta siempre como escribes, pero esta vez no encuentro respuesta a mi estructura familiar, ja que las mías son mellizas y ademas las tuve soltera por elección., por eso el recurso de la pareja no me sirve y en estos momentos es muy artificial y difícil pasar tiempo exclusivo con una mientras la otra se queda con los abuelos ya que aun no tienen 4 años y no aceptan ni entienden que una se queda y la otra se va, y que otro día será a la inversa.
    He pensado en que quizás si hicieran extraescolares diferentes…, pero me parece pronto aun para ellas… En fin, supongo que mis cartas son estas y en nuestro caso se trata de gestionar los momentos difíciles creando más vínculo y superando las dificultades tal como van viniendo, pero en equipo en lugar de separadas…
    un abrazo muy fuerte y gracias por acompañarnos tanto a tantas…

  • Elena

    ¿Que si los hermanos pequeños bebés pueden tener celos de los mayores? ¡Y tanto! Y hasta de la gata!!! 🙂

  • Isabel

    Gracias! Tus post siempre me inspiran y me dan confianza. En nuestro caso debo decir que no se por donde tirar: tenemos una hija de 5 años que no ha dejado de sentir celos desde que nacieron sus hermanas que ahora tienen 2 años y medio. Es cierto que ha ido a mejor, ahora juega con ellas, les da besos ( pocos, pero besos son) pero también les pega. Les pega porque tienen un juguete, porque pasan por su lado…cualquier excusa es buena. Reconozco que he hecho de todo ( validar sus sentimientos, que papa este con ella, pero tambien castigarla…) Creo que no hemos sabido gestionarlo y ahora no se reconducirlo. Con este plan no se que me podrás decir pero te estoy agradecida de antemano. Un saludo

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