Un paso por delante

Los hijos nos van un paso por delante. Si no siempre, a menudo. Estos días lo he tenido tan claro… Hacía unas semanas que tenía la sensación de ir a destiempo con Laia. Algo no terminaba de encajar, como si estuviéramos (un poco todos) “desajustados”. Como si no acabáramos de fluir, no sé muy bien cómo explicarlo. Era una sensación que no me gustaba y no acababa de saber qué demonios estaba pasando. Pero finalmente este fin de semana lo he visto claro: Laia iba un paso por delante de nosotros.

Los hijos crecen, eso lo sabemos todos y somos conscientes de ello a menudo. La ropa se hace pequeña, los zapatos tenemos que cambiarlos cada dos por tres, cuando los cogemos en brazos el aumento de peso nos mata la espalda, y cuando los acuestas cada vez ocupan más espacio de la cama… Hablas con tu pareja, con los amigos, con quien sea y les dices “¡crece tanto!” y sí, es cierto. Yo era consciente de ello, pero sólo a medias. Los últimos dos meses Laia ha hecho muchos cambios. Cambios que tal vez se han terminado de materializar las últimas semanas. Ha crecido mentalmente, físicamente, emocionalmente… y ha cambiado comportamientos. Está mucho más movida, más enérgica, más abierta y explosiva, para poner, sólo algunos ejemplos…

El jueves no sé qué le dije y de pronto me respondió con cara de pena: “es que mamá…. ¡no me entiendes!” y no lo decía porque sí, por despecho, o para herirme. Lo decía porque realmente pensaba que yo no la entendía.

Le dije que lo sentía, y me quedé dando vueltas a esa sensación que hacía muchos días me rondaba, la de “algo está pasando”. Y el sábado, antes de dormirme, supe la respuesta.

Laia está creciendo y está cambiando. Sí, está en constante evolución, al igual que nosotros y que todos, y que hace un año, o un año y medio, o dos meses, fuera de tal manera, no quiere decir que ahora, a día de hoy, lo siga siendo. Nos habíamos olvidado, por la rutina, por la inercia, de adaptarnos a sus constantes cambios. De verla con otros ojos. La continuábamos tratando como si todavía fuera la niña de hace dos meses, o medio año, y ella ya no es la misma. Tiene otros gustos, otras maneras de hacer, otros intereses y prioridades.

Ella está en continuo cambio y movimiento y mi forma de tratarla y de verla había quedado estancada en un lugar que ya me era conocido y fácil, pero que ya no era el correcto. Por fin lo he visto claro, por fin he visto que tengo que adaptarme a la nueva Laia. A la Laia que crece, a la Laia que me necesita de otra forma que antes, a la Laia que no para, a Laia que no calla, a Laia que tiene las cosas muy claras… porque sólo así podrá sentirme cercana y podrá ver que sí la entiendo.

Ahora necesito hacer el proceso de aprender a vivir la crianza en esta nueva etapa que se abre. No me asusta, solo quiero recordar muy bien lo que nos ha pasado, para no olvidar nunca más que Laia no para de crecer y que yo no puedo parar de hacerlo con ella. Porque no quiero volver a sentir que nuestros relojes se des-sincronizan. Y no puedo perder tiempo, los hijos no permiten que perdamos tiempo, porque pueden tolerar que vayamos un paso atrás, pero por poco tiempo. ¡O sea que ya me estoy poniendo las pilas.

¿Os ha pasado esto que explico? ¿Alguna vez habéis sentido que vuestro hijo cambiaba y que teníais que desaprender para volver a adaptaros a la nueva situación?


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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

6 respuestas

  1. Me encanta tu reflexion, porque es un tema que me preocupa. Intento ser consciente de sus cambios y de su evolución, y todavía es pequeña con lo que es fácil percibir cualquier cambio y no ha habido desajustes. Pero se que no será fácil pronto, y espero tener tu mentalidad entonces y tener la suerte de que mi peque también tenga la confianza y el deseo de transmitirmelo, como Laia. Me parece una verdadera suerte esa comunicación. Porque creo que los desajustes son inevitables y la clave para que no se conviertan en problema es precisamente esa comunicación. Un beso

    1. Hola Mamá Práctica.
      Tu lo has dicho estupendamente y coincido contigo: los desajustes son inevitables. Porque el día a día es trepidante y hay poco espacio para parar y sentirnos, por lo que sea… Lo importante es que nos demos cuenta y hagamos lo que tengamos que hacer para intentar volver a sincronizar los relojes. No sabes lo que me ha ayudado darme cuenta de todo esto este fin de semana. Hoy lunes, todo el día ya ha sido mucho mejor… con la sensación de que sí, de que ya nos vamos volviendo a entender porque empezamos, otra vez, a hablar el mismo idioma… Seguro que os irá muy bien a vosotras dos, no tengo ninguna duda!
      Un abrazo

    1. Gracias Zary!
      Los alcanzamos, y al cabo de un tiempo ellos vuelven a sacarnos ventaja… es inevitable! Lo que hay que hacer es intentar que esa distancia no se vaya haciendo mayor…
      Un abrazo

  2. Me acabo de ver reflejada. Mi hija tiene 3 años y 5 meses. En estos últimos 5 meses han acontecido muchos cambios: ha tenido un hermanito, ha empezado el cole de maores,…, pero lo principal, como tu dices, es que ella ha superado otra fase. Tiene esa energía desbordante de no parar de correr por toda la casa, no querer vestirse cuando se lo dices, hablarte de lo que ella quiere, no contestarte a lo que no le interesa,… Esto me hizo sufrir mucho en un principio porque veía el cambio como algo negativo, no me gustaba. Realmente echaba de menos a mi bebe, esa niña de dos años que me acompañaba en todo alegremente y con buena disposición. Ahora ella ha cambiado y necesita que me adapte a sus nuevos requerimientos. He tenido que hacerme consciente de ello para cambiar mi actitud con ella y dejar de pelearnos por todo (teníamos discusiones de adultos pero con tallas diferentes). Cuando cenamos, la miro de reojo y veo una muchachita ya, nos cuenta lo que le ha pasado en el cole con lujo de detalles, hasta la postura le ha cambiado.
    A veces me siento perdida, me apena no estar a la altura, defraudarla, etc.
    Cuando miro al pequeño (tiiene 5 meses y medio) quiero guardar todos los momentos que pasamos (verle mamar mientras me acaricia, como me llama para que le coja, cuando le porteo y le siento tan cerca, su risa desdentada,….) porque se que pasaran.
    Es un sentimiento encontrado, no quiero que crezcan pero me enorgullece verles transformarse.
    Gracias, un saludo

    1. Hola Patricia,
      Que bonito todo lo que cuentas… Te entiendo perfectamente y sí, es justo eso que cuentas lo que nos ha pasado. He tenido que cambiar la mirada, centrarme de nuevo en lo que ahora ella es. Ya no es una niña tan pequeña y ya no puedo tratarla igual. Nuevas situaciones, nuevos parámetros… y así, irnos adaptando… Yo también me siento orgullosa. No me apena que crezca, ni ya no tener aquel bebé de entonces, pero entiendo lo que dices… es un sentimiento muy especial esto de verles crecer tanto y tan rápido…!
      Un abrazo

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