cicatriz

Cicatriz

Lo recuerdo como si fuera ayer. Laia hacía pocos días que había nacido y estaba durmiendo sobre el pecho de su padre, tumbados en el sofá. Era agosto, hacía calor. Aproveché que tenía un rato, para irme a duchar y tener ese momento de calma y soledad que tanto se echa de menos el primer tiempo después del parto. Fui a la habitación y me desnudé completamente. Me puse delante del espejo grande que tenemos colgado en la pared. Hacía unas semanas que no me miraba desnuda de cuerpo entero, y la última vez, tenía una gran barriga donde se intuía que aquella criatura no tardaría en salir. Casi toda yo era barriga. Su presencia era imponente.

Cuando fijé la vista en el espejo hice un vistazo general, sin prestar atención a nada en particular, porque, en el fondo, tenía miedo. Miedo de ver cómo había quedado aquel cuerpo después de la experiencia más brutal y sobrecogedora de mi vida.

Primero miré los pechos, llenos de leche, enormes y duros. Aunque no los tocaras, sólo mirándolos, podías saber perfectamente que estaban duros. Hacía poco de la subida de la leche que por suerte, no fue dolorosa y aparte de alguna pequeña molestia como el calor o la dureza, no me hizo pasar ningún mal rato. Los pechos grandes, tan grandes en el espejo me sorprendieron, pero no me disgustaron.

Seguí mirando abajo y vi la barriga. Ya no era aquella enorme pelota de un tiempo atrás, pero se veía que hacía poco que había parido. Esta parte del cuerpo no me gustó, porque ya no quedaba nada de aquel atractivo de cuando dentro, hay un bebé. Pensé que tardaría siglos en tener la barriga de antes de estar embarazada… pero tampoco era un drama. Un poco más abajo, no mucho, estaba lo que tenía más miedo de mirar. No había podido hacerlo todavía. Mirarla a la cara, mirarla de verdad y tocarla. La cicatriz de la cesárea estaba allí, esperándome desde hacía días pero hasta entonces me había sentido incapaz de afrontarla. Tenía miedo. Después del parto, todo pasa muy rápido y no te puedes parar a meditar, reflexionar y digerir. Casi no hay tiempo de nada, todo es nuevo y tienes que ir adelante, adelante, adelante, porque hay un bebé que te necesita y que quiere que aprendas y actúes rápido. De ello depende su bienestar y hasta que todo no toma otro cariz y coge otro ritmo, no hay ese tiempo de escucha, de parada en el camino para preguntarte: “¿Qué ha pasado?”.

[bctt tweet=”Cuando la vi me pareció horrible. Era como si me hubieran partido en dos. ” username=””]

La toqué y me di cuenta de que una parte de la cicatriz ni siquiera la sentía. El ginecólogo me dijo que podía perder sensibilidad y se me hizo muy raro tocarla y no notar que lo hacía. A aquellas alturas todavía me sentía culpable y pensaba que podría haber hecho más y hacerlo mejor. Seguí tocando pero muy suavemente porque todavía me tiraba la piel, la carne interna, los tejidos, todo estaba muy sensible, demasiado. Me dolía, sobre todo un lado, que a ratos, si andaba un poco, me irradiaba hacia la ingle derecha. Me sentí diferente de la mujer que hacía unas semanas había mirado desnuda en el espejo, embarazada.

Me sentí, de golpe, más mayor, más madura. Me sentí fea con esa marca de por vida en mi cuerpo y me sentí enfadada. Retiré la mano y la mirada, y me fui a la ducha.

Cerré la puerta y luego, la mampara, y puse la cabeza bajo el agua tibia. Quería ir rápido porque ya volvía a tener ganas de bajar y estar cerca de mi cachorro, que aún dormía encima de su padre. Pero al mismo tiempo, quería que esa ducha durara bastante todavía, porque notaba que había algo a punto de explotar, y si tenía que hacerlo, quería que fuera allí, con ruido y sola. Empecé a llorar. Tocarme la cicatriz me trajo los recuerdos que prácticamente no había podido rememorar desde el nacimiento de Laia. La piel llevaba registradas todas las sensaciones y al tocarla, las células se abrieron y se manifestaron. Ese día no lloré ni el parto, ni la cesárea. Aquel día lloré sólo la cicatriz, aquel corte que llevo y llevaré siempre un poco más abajo de la línea del bikini. Cada cosa tiene su tiempo, y aquel que tenía, dentro de la ducha, era demasiado corto para llorar y aceptar nada más.

Libro: “Cesárea: más allá de la herida”, Ana Álvarez-Errecalde

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

19 respuestas

  1. No saps com t’entenc, Míriam. Jo port dues cesàries, la cicatriu només és una però suposo que les seqüeles que queden són les de dues. Han passat més de 3 anys des de que va néixer la Laia i encara ara quan em miro al mirall em sento extranya, com si aquella marca no fos meva. A vegades sento enveja de les meves amigues que han estat capaces de parir vaginalment, en fi, dura dos milisegons però és curiós.

  2. Yo también tengo una zona insensible y, en el resto, una sensación rara. Yo procuro no mirarla, me impresionan las cicatrices y eso que la mía está estupenda. En mi caso, nunca me he sentido triste por la cesárea en si, sino porque era el colofón a un embarazo que para mi cuerpo fue como una enfermedad. Eso sí que me da pena.

  3. La cicatriz física de mi vientre no preocupa, sé que con el tiempo será una imperceptible línea nacarada, pero la huella que dejó en mí interior, llámalo mente, alma, corazón, esa sí que me ha costado más que sanara, y aún estoy en ello…

  4. Mi cicatriz me sigue sin gustar tras casi tres años y ahora que estoy de nuevo embarazada cuando la miro me doy cuenta que no esta superado.
    Es una huella en la piel que me recuerda lo fuerte que puedo llegar a ser.

  5. Una cicatriz es mas que una marca en la piel, es la huella en el alma de un momento que nos ha tocado vivir. En mi caso me recuerda el mismo momento que me enteraba que llevaba un ser dentro de mi y que en pocas horas y de urgencia debian sacar. Estaba ante un embarazo ectopico… me duele mucho llevarla, siempre me recordara el angelito que no conoci.

  6. Lamento mucho los casos q aquí explicáis…

    Por mi parte tengo q decir q me pasa lo contrario. Lucía decidió q quería venir de nalgas, y como era mi primer embarazo, no se arriesgaron con parto natural y me programaron la cesárea. Yo decidí el día que nacería mi hija. Y tenía mucho miedo, jamás me habían operado. Pero tenía tantas ganas de ser mamá, que me daba igual la forma. Para mí la cicatriz es un premio, un gran logro en mi vida, en su momento era una herida curiosa, con grapas, y hoy es parte de mi piel, el recuerdo del mejor día de mi vida, la puerta a la vida de mi hija.

    1. Hola Natalia… Sí el proceso es distinto cuando ya sabes más o menos lo que te espera, que cuando es una sorpresa porque no entraba, a priori, en los planes. Y sí, las grapas, que sensación más rara ¿verdad? Bonitas tus últimas palabras, me alegro que lo hayas vivido así. Un abrazo

  7. Suposo que m ‘ha ajudat a superar la cicatriu de cessària del 1r embaràs el fet que el segon ha estat vaginal( que lleig sona, amb lo bonic que va ser…) la cicatriu porta un nom que és el del meu primer fill i m’he reconciliat amb ella,al fi i al cap gràcies a ella tinc la meva joia de nen… M’ho miro com una part més del meu cos.

  8. Con el embarazo vino la epilepsia y la diabetes. En uno de mis paseos después de comer, para regular el azúcar, perdí la conciencia y caí golpeándome la nariz y dejando una cicatriz para siempre. En la cara no se tapa.
    Pero seguí dando mis paseos y decidiendo que no me iba rendir ni a tener miedo. Lo primero era mi garbancito, en tripa de su madre que se mueve, donde ni nieva ni llueve.
    No es la cicatriz de una cesárea, pero tal vez os sirva

  9. Jo em miro la cicatriu amb amor, molt d’amor. Per allà va sortir la meva segona filla. Quin miracle més meravellós. El dolor i la por i l’angoixa durant l’operació no s’oblida, però queda enrere. Ara, sols agraïment a tenir aquesta cicatriu. La més preciosa de la meva vida.

  10. En el meu cas, va ser una cesària necessària. La meva filla es va empassar el meconi que va fer mentre feia forces per sortir… Recordo que la ginecòloga em va dir: fem cesària, com ho veus?. I la cicatriu em recorda que ara la meva filla és una nena sana. Suposo que les circumstàncies que envolten aquest tipus de naixement fa que et costi més o menys acceptar-la.
    I aprofito per enviar una abraçada a les mares que, dissortadament el seu embaràs no tingué un bon final . Crec que aquests fills es diuen nens estrella….Míriam un dia podries dedicar-los un post?
    Petons

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