Tag: por

El amor se multiplica

Por más posts que escriba, nunca podré describiros cuánto me gusta tener dos hijas. Cuando estaba embarazada, algún día me surgieron las típicas dudas de mujer a la que las hormonas le juegan malas pasadas. Recuerdo un día que dije “¿y si luego no soy feliz? ¿y si no somos felices?”A ratos (muchos), me costaba imaginar cómo sería tener a Lua en casa. Las amigas (prácticamente todas con 2 o más hijos) me contaban como era; que no paraban, que cuando no dormían por uno, no dormían por el otro, y mil cosas más. Y yo les decía “¿queréis hacer el favor de dejar de asustarme?” para luego decirme “no, ¡si es muy chulo!” y nos reíamos.

De la oscuridad a la luz

De la oscuridad a la luz

“¿Lo tiene todo?”, fue lo primero que le dije a mi marido cuando me puso Lua, desnuda, encima de mi pecho. Estábamos en la sala de reanimación los 3, después de que en quirófano me cosieran la cesárea. Yo ya la había visto, a Lua, me la habían puesto justo al lado de la cara, tocándonos la piel y, llorando y emocionada, me la había comido a besos. Ella me miraba, tranquila, con unos ojos como platos.

Nos re-encontramos pronto

El d’avui és l’últim post que escric abans del naixement de la Lua. Com més ha anat avançant l’embaràs, menys ganes i necessitat he tingut d’escriure. Suposo que tota la creativitat, tot el poder creador, estava centrat en un punt molt important del meu ventre, la Lua. D’uns dies cap aquí ella va fent el seu procés: es va acostumant a les contraccions, va movent-se buscant la sortida… i jo, la seva mare, faig fent el meu propi procés: acceptar que això s’acaba, gaudir fins a l’últim segon d’això tan meravellós que és gestar un fill a la panxa.

Quan és millor?

La mente en estos temas de la maternidad digamos que intenta tomar el control: tenerlo todo estudiado, todas las posibilidades analizadas, para luego, elegir la “mejor” opción. A menudo ya nos planteamos cuántos hijos queremos mucho antes de tener ninguno y nos ponemos a imaginar con la pareja. Entonces vienen esas frases de “yo o tres o ninguno” “no, mejor sólo 1”, “no que yo siempre he querido cuatro”, etc, que a menudo cambian con el paso del tiempo y nos morimos de la risa recordándolas.

Ombres

Normalmente, cuando pienso en las sombras es de noche, porque seguro que ya lo sabéis, de noche las sombras (aunque no lo parezca), son más grandes. Estoy en pleno embarazo y puedo decir que hasta ahora me han visitado poco o nada, pero no soy ingenua y sé qué implica un puerperio vivido a conciencia, cuando te abandonas a lo que es y al aprendizaje enorme que te puede aportar esta etapa. Entonces las sombras pueden ser grandes, y venir a verte cuando menos lo esperas o cuando más vulnerable te sientes. Y cuando pienso en ellas, en las sombras que quizá algún día vendrán, me entra una punzada en el corazón e intento coger aire.

La Laia i tu

El día que explicamos a tu hermana que estabas en mi vientre pareció contenta, pero no habló mucho de ti. Nosotros decidimos que lo haríamos sólo si ella sacaba el tema porque no queríamos agobiarla, todavía faltaban casi 9 meses de embarazo, o sea que no había prisa. Cada uno va asimilando las noticias a su manera, y queríamos respetar su ritmo. Estábamos de vacaciones y al poco llegó un día que comenzó a estar excesivamente demandante. Sospechosamente demandante. “Mamá, mírame, mamá, mamá, mamá, mírame, papá, papá, papá, papá”, constantemente. Yo estaba muy cansada, aquel cansancio que ya te conté, y tanta demanda me era difícil de sostener. Pero lo hacía. Como podía, pero lo hacía .

¿Y si te vas?

Estas últimas semanas no te negaré que he tenido alguna punzada de aquellas que la mayoría de madres seguro que han tenido un momento u otro estando embarazadas: la de “¿y si te vas?”. Cuando gestaba tu hermana hice un post que se titulaba “No quiero que te vayas”. Porque una vez que os sé aquí dentro, no, no quiero que os vayáis. Esta vez, sin embargo, ha sido un poco diferente, porque a pesar del intenso deseo de que te quedes siempre aquí con nosotros, había también un punto de calma, permitiendo que las cosas vayan como tengan que ir. Como si alguna parte mi también te dijera “permito que hagas lo que has venido a hacer, y si dentro de mí no puedes crecer, permito que te vayas si lo necesitas”.

Minuts eterns

Hace unos días fuimos a Barcelona. Era domingo y hacía sol. El día invitaba a estar fuera y pasear, hacer lo que se hace a veces los domingos. Fuimos a comer, luego a caminar un poco cerca de la playa y más tarde decidimos acercarnos hasta el Maremagnum porque recordamos que allí había un tiovivo donde podía subir Laia (que por cierto, le encantan). Estaba todo lleno de gente, lleno de turistas y de no turistas. Algunos tomando el sol, otras paseando como nosotros… A rebentar, vaya.

Confieso que…

Volvemos a estar sincronizadas… Sí, después de semanas de notar que íbamos a destiempo, con el pie cambiado, siento que volvemos a ir a la una… Esta semana ha sido fácil, todo ha sido sencillo, porque no ha habido desajustes. Yo he entendido qué pasaba, yo he cambiado la mirada y ella lo ha recibido de la mejor manera. Lo he notado en seguida. Más dulce, más cariñosa, hemos vuelto a jugar de esa manera que hacemos nosotras, inventándonos historias, pasándolo bien… Y hoy me ha dicho “de mayor quiero ser como tú”.

Tancament o obertura?

Cuando hay una desgracia, automáticamente lo que viene es miedo. Miedo de que te pueda pasar a ti, de que pueda pasar a los tuyos. Si eres empático, resuenas con el dolor del otro y eso, aunque no queramos, a veces nos aterroriza. Y el miedo, ya lo sabemos, es “cierre”. Nos cerramos un poco al presente, evidentemente que para protegernos. Es una reacción natural que no debería preocuparnos, siempre y cuando este cierre no se perpetúe, siempre y cuando ese miedo no nos acompañe más de lo que sería “razonable”.

X