Recuerdo el primer día que me vino la regla. Era un domingo y era casi de noche. Estábamos en el sofá, en un típico día de otoño en que te sientes perezoso y sólo tienes ganas de estar tumbado en el sofá.

De pronto sentí algo extraño en la parte baja del abdomen, me levanté de golpe y vi que me había manchado los pantalones de sangre. Mi madre estuvo contenta, me acuerdo. Yo no. La sensación era desagradable y además, me sentía extraña, decaída, con poca energía. No sé cuántos años tenía, sólo recuerdo que fui de las primeras de la clase en tener la regla.

Recuerdo aquella época, en que la regla y todos los cambios físicos de la adolescencia eran un tabú. Daba vergüenza comentarlo a las amigas, daba vergüenza tenerte que cambiar; era engorroso, era desagradable, dolía… O quizás dolía porque yo, todos estos cambios, no los supe llevar muy bien.

Fue ya de mayor que empecé a celebrar tener la regla, ser una mujer cíclica y con menstruación, que sangra una vez al mes porque está sana, porque todo está bien, porque soy animal de esta tierra.

El día que supe que aquella rutina de cada mes había desaparecido porque tenía un bebé en el vientre, me dije que si era una niña, le enseñaría a disfrutar de su cuerpo y de su condición de mujer desde el primer día. No quiero que viva la regla con vergüenza porque no nos tenemos que avergonzar de nada.

No sé de dónde me venía esa sensación desagradable; supongo que del miedo de mancharme y de que se rieran de mí, o quizás de años y años, de siglos, de opresión a la mujer y a su cuerpo. Quién sabe.

La cuestión es que Laia un día vio una compresa en el bolso y me preguntó qué era. Se lo expliqué pero no sé si lo acabó de entender. Pero al poco me vio cambiarme y entendió que la sangre no siempre quiere decir que nos pasa algo malo.

Ahora, que ya es un poco más mayor, ya sabe lo que es la regla, ya sabe que los hombres no la tienen y que los primeros días, su madre, está un poco cansada. El otro día me sorprendió cuando de repente me dijo, tumbada en el sofá: «mamá, estoy descansando un poco: ¡es que me ha venido la regla!» 😉

Y sí, estuve contenta de que hablara con naturalidad de ello, aunque fuera dentro de su mundo de juego simbólico. Porque los tabúes, los sentimientos escondidos sobre cosas no dichas o explicadas, comienzan siempre demasiado pronto. Y yo no quiero tenerlos: quiero que nuestra hija viva todos los cambios que tenga que experimentar su cuerpo con naturalidad, sin angustia, sin sentimientos que no le corresponden ya sea de vergüenza o de culpa. «El cuerpo cambia», decía un libro de texto de EGB de mi escuela, y cuanto más conectados estemos a este cuerpo cambiante… más a gusto estaremos dentro de él.

Porque ésta también es nuestra responsabilidad, la de los padres y madres de este mundo, conseguir que nuestros hijos también conecten, también sepan qué es y cómo es este cuerpo que tienen.

Que se sientan cómodos y felices, que lo entiendan y lo respeten, que se sientan orgullosos. Que lo quieran y lo cuiden, sabiendo, en todo momento, que son mucho más que un cuerpo y también… mucho más que una mente.

6 Comentarios

  • TriceMoon

    Qué importante es hablar a las hijas de lo positivo de la menstruación… Siempre se nos ha dicho «pobrecita, ya se ha hecho mujer», como si antes no hubieras sido mujer sino otra cosa y además el cambio a «mujer» fuera algo triste y malo. Nada más lejos de la realidad. La mujer es bella en todos sus ciclos y el ser tan cambiante la hace especial.

    Ahora mismo estoy en ciclo menstrual y cada vez más consciente de mi naturaleza cambiante, más segura y fuerte.

    Saludos!

    • Míriam

      Totalmente de acuerdo, TriceMoon.

      Hay un peso muy negativo de siglos encima de la menstruación… y de alguna manera, tenemos que esforzarnos para impedir que ese peso caiga también sobre nosotras y nuestras hijas.

      Ser mujeres cíclicas es un regalo. Poder ser madres también. ¡Celebrémoslo!

      Un abrazo

  • Montse Ayala

    Genial, la Laia! Jo recordo com si fos ara aquella primera vegada. Va ser un mes de juliol, jo tenia 13 anys, i estàvem estiuejant a pagès, com sempre. Caçava capgrossos amb els meus germans quan vaig tenir necessitat de fer pipí i allà, rere un arbre, vaig veure que tenia les calces tacades de sang. Ufffffffffff! La mare no hi era, havia sortit a comprar. Quan va tornar i li vaig dir, allò semblava festa major. El meu pare es va emocionar i em va felicitat i abraçar i jo no entenia res de res. La gent em felicitava perquè ja era ‘una doneta’ i jo em moria de vergonya. Jo no he après a estimar-me la regla com has fet tu, però sí a conviure-hi i he intentat que els meus fills també ho visquin amb normalitat. Recordo el primer dia que l’Adrià em va dir cridant i esfereït, ‘Mama, no et treguis la sang!!!’ Es pensava que em moria, pobret. Li vaig explicar què era perquè no ho visqués malament i ara, encara alguna vegada, mira amb curiositat quan em canvio, però ja no s’espanta de veure tanta sang. És important que tant nens com nenes ho visquin amb naturalitat, però sobretot que ho entenguin les nenes i que assumeixin aquest regal que només les dones tenim. I jo, aquí, no hi puc fer res més que ensenyar als meus nens que això és del tot normal i que gràcies a la regla, ells són aquí, que és el que faig cada vegada que em pregunten. Enhorabona pel post, Míriam

    • Míriam

      Hola, Montse!

      Gràcies per explicar com ho vas viure tu, i com han anat aprenent, els teus fills, què és això de la regla. Sí, les mares de nens també teniu feina a fer, igual que les mares de nenes… Perquè és important també que els nens d’avui, que seran els homes de demà, valorin això que ens passa, valorin com som i per què…

      Una abraçada

  • madre estresada

    Como te he comentado de pasada en twitter, mi hija y sus amigas se enteraron de lo era la regla por «equivocación», tenían como 7 años, eran tres en casa de una amiga, y tenían que hacer un dibujo… dame la regla, dijo una, (la de medir) y la madre de la amiguita preguntó…qué pasa con la regla? como que se dieron cuenta de que era algo…»prohibido»
    Mi pobre amiga se enfrentó a tres fieras preguntonas queriendo saber todo, pero todo todo, las mandó a la habitación en cuanto pudo para ponernos al día por teléfono, Y luego mi hija, en cuanto me vió…mamá explícame qué es eso de la regla. Pues lo explicas, y respondes a las preguntas, y punto.

    • Míriam

      Hola!

      Ya me imagino la cara de tu amiga con las tres niñas preguntando y mirando fijamente… No debió de ser fácil! Gracias por contar tu experiencia… Esta confusión creo que la ha vivido más de uno y de una… 🙂

      Besos.

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