25.2.2013

 

No me gusta cuando ella se pone enferma. Cuando no se encuentra bien, o se cae y se hace daño. No me gusta nada cuando sufre, aunque sea sólo un poco. Sé que es así, que es inevitable, que estas cosas pasan y que no es nada grave. Sé perfectamente que su cuerpo necesita irse fortaleciendo, que su equilibrio necesita perfeccionarse y que caerá muchas veces cuando trepa y hace aquellas cosas que yo a veces prefiero no mirar… Sé que todo esto es así, y que es normal, y que es necesario y que tengo que acostumbrarme y aguantarme. Pero no puedo evitarlo: no me gusta.

 

Ahora, escribiendo esto, me siento como una niña pequeña rabiando y pataleando en el suelo diciendo «no me gusta, no me gusta…» y sí, seguramente esto que escribo no es lo más racional que he puesto negro sobre blanco. Porque a veces siento que tengo dos caras: una que lo entiende, que confía en la vida y que sabe por qué pasan las cosas que pasan y las encajo, y las acompaño, aceptando el presente y viviéndolo de la mejor manera posible.

 

Pero también hay otra cara, absolutamente irracional que sale también cuando la veo enferma y que dice «No me gusta que no te encuentres bien».

 

Porque sufro, y porque me cambiaría por ella cada vez. Cuando vomita porque le ha sentado mal la pizza de la cena, lo haría yo por ella. Cuando está a 40 porque una gripe fuerte la ha pillado, me quedaría yo toda su fiebre. Cuando cae del sofá con tanta mala pata que se da con la boca contra la mesa de centro y se hace daño en el labio y en los dientes, me pondría yo en su lugar porque a ella no le hiciera daño nada.

 

Pero sé que no puedo y a veces me enfado y digo «no me gusta». Y mira que ella lo vive absolutamente diferente: lo encaja todo deportivamente y enseguida vuelve a jugar y a reír… Y aunque sé que le haría el peor de los favores, hay una parte de mí, totalmente visceral, ¡que le gustaría evitarlo!

 

Cuando está enferma, respiro hondo y os aseguro que intento acompañarla de la mejor manera que puedo. Creo que le gusta cómo lo hago y de hecho, mientras estamos en pleno proceso, sea el que sea, me siento fuerte y lo afronto entorno como si de un temporal en medio del mar se tratara… Pero cuando todo ha pasado, cuando ya corre y salta y veo que ha quedado atrás, hay una parte de mí que necesita sacar todo lo que he sentido mientras sufría viéndola vulnerable… y necesito tener, aunque sea hoy en mi rinconcito particular que es este blog, el derecho a pataleta.

 

Porque no, no me gusta nada cuando se pone enferma. Y sé que vosotros lo entenderéis porque… ¿hay algún padre o madre a quien le guste?

 


3 Comentarios

  • Jèssica

    Noooo, no m’agrada! La Bruna va estar ingresada desde dimecres fins divendres a l’hospital, per un virus que no van sapiguer el què, pobrica..Era la primera vegada que estava malaltona a part d’algun petit refredat..i veure-la allà, que li havien de treure sang, que li van fan fer un munt de proves, jo amb els ulls tancats m’haqués cambiat…i estavem a la mateixa planta on no em vaig sentir gaire ben tractada en el meu post part i vaig reviure molts moments d’aquells dies…vaig mantenir la calma en tot moment, perquè volia que ella em veigués serena al seu costat… però quan ja em varen dir que estaba tot bé i marxavem cap a casa…a llavors em va sortir tot… però la Bruna, soposo que com tots els nens, m’ha donat una lliçó, quina capacitat de recuperació i saber estar!! Són angelets! 🙂

    • Míriam

      Oh, Jèssica!
      Quin greu… És un pal quan estan ingressats i els fan les proves i els veus tan petits en aquells llits tan grans! Celebro que ja estigueu a casa i que hagis pogut treure tot aquell patiment…
      Ara a recuperar-vos tots tres, que una altra cosa que no m’agrada de quan estan malalts és que acaba tota la familia mooooooolt cansada! Una abraçada guapos!

  • Zarina

    ¿Cómo no entenderlo?

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