El buit

9.3.11

A veces pienso en si tendré un segundo hijo y la idea me gusta. Pienso en cómo sería y me es inevitable imaginar una nueva gestación y un nuevo parto. No tengo miedo, por ahora. Pero no soy tan tonta como para pensar que, si algún día una nueva prueba de embarazo dice “SÍ”, no tendré pánico al parto. Bueno, quizás pánico suena demasiado fuerte, pero juraría que me vendrán un montón de sensaciones que, por ahora, parecen olvidadas. Si has leído “Mi parto” ya debes imaginar por qué. Sino, diré resumiendo que no fue ni como deseaba ni como esperaba.

Todo ello ha hecho que dé muchas vueltas a la cesárea. No a la mía, sino a la cesárea en sí, en la operación que representa y en cómo se están haciendo en miles de hospitales de todas partes. Si profundizo en lo que sentí durante mi parto, os puedo decir que me causó un dolor inmenso el hecho de haberme separar de mi marido justo en el momento en que más lo necesitaba. Casi tuve que parar los celadores para decirles “¡Dejadnos dar un beso!” (y la mía, no fue una cesárea de urgencia). Ahora, que estoy escribiendo esto … buf … tengo ganas de llorar. Haber pasado por todo lo que pasamos, haber vivido plenamente la gestación juntos, haber llegado donde estábamos con ese nivel de amor y complicidad, hizo que la obligatoriedad de separarnos en el momento más crítico prácticamente me rompiera por la mitad. “Encima? … no me podéis hacer esto ahora! ¡Ahora no! ¡Le necesito! “, tenía ganas de gritar. Pero yo, en aquel momento, sólo podía llorar.

Los profesionales del hospital hacían su trabajo, como tantas veces, nada pendientes de mis necesidades emocionales y afectivas, de las de mi compañero, de las de mi hija … Supongo que es normal. Para ellos era un día más. Para nosotros, no. Si separarme de mi marido fue un latigazo que me dejó aturdida, separarme de mi hija ya fue la guinda del pastel.

Escribir esto aún me duele y ahora mismo, siento un nudo en la garganta que espero poder sacar cuando acabe estas líneas… Las mujeres que estén leyendo esto y hayan pasado por una cesárea me entenderán perfectamente cuando digo que el momento en que sacan al bebé del vientre, sientes dentro como una sensación de vacío. Sí, como si de repente en la barriga se hiciera el vacío. Una sensación desagradable a pesar de llevar anestesia. Pero lo peor es justo antes, cuando cogen el bebé para sacarlo. Es como si lo arrancaran. Lo había leído en algún libro y pensé “tiene que ser exagerado… ¡No puede ser que con la anestesia puedas notar eso! “. Pues sí, es posible; la anestesia sólo quita el dolor físico, no éstas sensaciones. Sientes por dentro como sacan algo grande y pesado, como lo arrancan de ti literalmente y justo después… se hace el vacío dentro.

No había querido recordar. Me chocó tanto y me resultó tan confuso y horrible que sabía que el día que lo hiciera, volvería a llorar como aquel día. La mente quizás olvida, pero el cuerpo no, y en mi cuerpo todavía hay grabadas todas y cada una de las sensaciones de aquel momento. Lo quiero explicar muy bien porque si algún día (ojalá) profesionales de la salud leen esto, sepan qué sentimos las mujeres.
Entonces, casi siempre, se llevan el bebé. Aquel bebé que hasta hace décimas de segundo estaba conectado a ti a través de un cordón que os unía, que os vinculaba desde hace 9 meses, se lo llevan. A veces un rato, a veces no lo vuelves a ver hasta después de horas. Ellos se llevan al marido y luego se llevan al hijo. Como es posible que se permita esto? En cuestión de minutos te encuentras sola, desamparada, y como normalmente lloras, te tratan como si fueras una niña mimada que ha tenido un disgusto por cualquier tontería… y eso da mucha rabia.

Cada vez hay más hospitales donde se hacen cesáreas “respetadas”. ¿Qué quiere decir eso? Pues que como mínimo, si la pareja quiere, puede estar al lado de la mujer durante la operación, y que si no es estrictamente necesario y hay riesgo para la salud del bebé, no se lo llevan a ninguna parte y lo ponen enseguida encima de la madre, para que puedan mirarse, estar juntos, empezar la lactancia materna e ir instalando el vínculo.

Si me vuelvo a quedar embarazada, me volveré a preparar para poder parir a mi hijo@, sabiendo que existe la posibilidad de volver a pasar por una cesárea. Pero os asseguro que moveré montañas si hace falta para que, como mínimo, no nos vuelvan a separar. En su día, ya escribí al hospital que en la mayoría de casos no había motivos para separar una familia en el momento más importante de su vida. Si no existen las salas de reanimación preparadas para acogernos cuando acabamos de sufrir una cesárea, pues que las preparen.

Porque hacerlo ayudaría a que miles de mujeres destrozadas física y emocionalmente se recuperen antes. Porque hacerlo ayudaría a instalar la lactancia materna de manera más fácil y más rápida. Porque el hijo no añoraría la madre, ni se sentiría solo. Porque la madre no añoraría el hijo, ni se sentiría sola. Porque el padre no se encontraría con un bebé en brazos que llora porque quiere leche y mama, y él no le puede dar ninguna de las dos cosas… Porque madres, padres y bebés empezaríamos el camino juntos y más felices. ¿No es importante esto? ¿No vale la pena?
Llegado el caso, lucharé tanto como pueda para que no nos vuelvan a separar. No creo que pudiera soportarlo una segunda vez.

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

11 respuestas

  1. Ostres, Míriam, m’has fet reviure les meves dues cesàries. La primera, com la teva, la segona, programada. I en la primera recordo perfectament aquesta sensació de separació de la teva parella en aquell moment. Jo vaig entrar al quiròfan tremolant i amb una gran sensació de soledat, tot i les paraules amables de les infermeres, he de dir que totes elles molt carinyoses. Tot va ser molt ràpid. I quan em van ensenyar l’Adrià vaig plorar molt. El vaig trobar tan bonic. Però van ser segons. Res. La meva reanimació va ser llarga i va coincidir amb un partit del Barça i amb un canvi de torn que jo crec que va tenir molt a veure amb el fet que em tinguessin més de dues hores lluny del meu fill. Només estava tranquil·la perquè m’havien dit que el nen estava amb el seu pare i sabia que ell l’abraçaria. Després vaig saber que s’havia tret la camisa per tenir-lo pell amb pell i acollir-lo tal com hauríem d’haver fet tots tres junts i no ell sol. L’anècdota, que tu ja coneixes, va ser que el nen es va acostar al seu mugró i va intentar xuclar. Pobrissó. Però sí, estic amb tu que els pares haurien de poder entrar als quiròfans en cas de cesària, sobretot quan es tracta d’operacions programades, com la meva segona. En aquella ocasió em va marejar tant l’anestèsia que em pensava que no ho suportaria. M’hauria anat tan bé tenir el Santi donant-me la mà… Vaig estar de sort. El meu cosí, que és anestesista, va veure el Santi fora i va entrar a fer-me companyia i no em vaig sentir tan sola com el primer cop. Com que és alt com un sant pau, es va posar darrere meu i m’anava explicant tot el procés. Ell el va veure el Pere abans que jo i que el Santi, el pare de la criatura i no hauria d’haver estat així. I després, un altre cop, aquell patir i aquella impaciència fins que passa l’efecte de l’anestèsia. Intentar mentalment amb totes les forces sentir les cames i moure el dit gros del peu per dir-li a la infermera que ja està, que ja ha passat i que vols pujar a l’habitació. Uf, es fa tan llarg i et sents tan sola. El meu home no va poder baixar a veure’m a la sala de reanimació, perquè estava amb el nen a dalt i no els deixaven baixar. Al meu costat, una parella estaven en la meva mateixa situació. A ella, el marit la va venir a veure. I li va dir -no ho oblidaré mai- ‘es tan bonito’. Y ella que li demana: ‘Y donde está?’ i ell que respon ‘Lo tienen en una cunita, debajo de una lucecita roja para que esté calentito’. Pobret. La seva primera abraçada va ser ‘una lucecita roja’. I el més fort de tot, allà hi havia tota la família, tots els avis i ningú va tenir pebrots d’agafar la criatura i abraçar-la enlloc de deixar-la com un pollastre sota un llum vermell. Vaig pensar que jo tenia molta sort i els meus fills també amb el seu pare.
    Esborra Míriam, esborra. Aconseguirem canviar-ho. Ja ho veuràs. Compta amb la meva militància, si cal. Un petó.

    1. Gràcies Montse! No crec que aquestes coses es puguin esborrar… Pots conviure amb elles, però hi són en algun lloc encara que un dia ja no facin mal. Que bé que el Santi estigués tan present… tenim sort de tenir uns companys que arriben on nosaltres no hem pogut, oi? I quina pena tan grossa m’ha fet la “lucecita”! Una abraçada.

  2. Uff, uff, la cesària! Quina decepció! I quina por tornar-hi a passar! De fet, tu Míriam ja saps com estic vivint l’embaràs actual. Dius que et sembla que quan et tornis a quedar embarassada et vindrà el pànic! Doncs jo ja el tinc instal.lat, i primer vaig pensar que ja havia treballat el trauma, i després de l’avortament de fa 8 mesos vaig veure que no, i ara que estic de 3 mesos m’adono que no és fàcil, que no sé si arribarà el dia de parir i me l’hauré tret de sobre…I, doncs, també fa patir per la criatura que tens a dins, tanta por…
    Uff, he de començar la preparació pel part amb ta mare ja!!
    La única sort que vam tenir nosaltres és que el Joan coneixia una de les infermeres i estava tan sortit de mare, tan impetuós i poderós per les circumstàncies, que la va poder convèncer perquè li vestís al Quim (ell no hagués pogut), i li donés per poder baixar al postoperatori, d’aquesta manera vam poder estar els tres junts de seguida. Tot i que ni així vam salvar la lactància…jo estava destrossada després de 4 nits sense dormir i no vaig tenir ningú a prop que em digués si el Quim s’agafava bé…i…i…i, i res, que la lactància em fa tanta por com la cesària…
    Bufff, vaig a trucar a l’Àngels que em doni hora!
    😉
    I gràcies per ajudar-nos a fer teràpia, i per ser-hi, guapa!
    Espero, algun dia, poder fer-te costat amb la meva experiència d’un segon fill, tal com tu em fas costat ara!

  3. Veig que qui més qui menys que ha patit una cessària, ha ressonat amb la meva experiència. Parlar-ne ens n’allibera, i suposo que pot ajudar a d’altres dones; tant si han passat per una cesària, com si no ho han fet i estan embarassades. Si finalment acaben amb aquest tipus de part, sabran què és, què se sent, i podran demanar, per exemple, que no els separin. Potser no ho aconseguiran, però potser sí. Com més dones ho demanem, més fàcil serà que se’n prengui consciència. A poc a poc… amb paciència i amb perseverança… El tema s’ho val. Gràcies per compartir coses tan íntimes en aquest blog!

  4. A mi em feia molta por que em separessin del meu fill perquè m’havien separat de la meva mare després de néixer i sóc una d’aquestes nenes que debien estar sota la “lucecita” que diu la Montse. Em vaig salvar de la cesàrea pels pèls però sé que en un segon embaràs aquesta amenaça tornarà a treure el cap.
    Gràcies a tu per compartir el teu dolor amb nosaltres!
    Una abraçada

  5. A mi tb em van separar de la meva mare quan vaig néixer i em vaig passar varis dies a la incubadora, de fet, estava més a l’altre barri que aquest i tot per culpa de no haver-li fet una cesària a la meva mare (tot i que era una clínica de pago, ara fa 32a). Suposo que és per això q en el més profund del ser meu ser, quan estava embarassada del Martí, tenia por del part (les q em coneixeu ja ho sabeu) i preferia una cesària abans de veure patir el bebè.
    Ara, continuo pensant que tot i les conseqüències que això comporta, si és necessària o hi ha risc per la mare/fill, CAL FER-LA, però de manera RESPECTUOSA amb ells.
    Altrament, tinc moltes conegudes que prefereixen una cesària abans que patir i això crec q és pq tenen poca informació del risc/conseqüències de l’operació. Volen que els hi treguin el nen, no ficar-se de part. Com diuen: per gustos … colors.

  6. M’he sentit molt identificada amb moltes coses que comentes en el teu article. Malauradament jo he passat per dues cesàries. Una innecessària i l’altre totalment necessària que va salvar la vida del meu segon fill.
    Malauradament els hospitals en aquest sentit són molt poc humanitaris y segueixen els protocols interns. Tan de bo això algun dia canviï.
    Desprès del meu primer part i d’haver patit a la pell que és una cesària em vaig informar moltísim per a que el segon part no fos una cesària i volia donar-li al meu segon fill la millor rebuda en aquest món. I en el cas que fos una cesària, tenia claríssim que quan neixes el meu fill, els hi demanaria que me’l posessin al damunt. Això no m’ho podien tornar a robar!!
    Però tampoc va poder ser. Vaig patir una cesària d’urgència i només néixer el nen se’l van dur a reanimar y a neonats, ja que necessitava oxigen. Y va estar 5 dies en una incubadora a neonats, amb els horaris estrictes de visites dels pares cada 3 hores, durant 1 hora. Això és molt dur. Només ho sap qui ho ha passat. Com un bebè pot estar sense la seva mama tant de temps? Com si el bebè entengués d’horaris? Com si la teta i el carinyo de la mama només estesin disponibles cada 3 hores…Això és molt dur, pel bebè i per la mare. Va ésser impossible que poguéssim fer el mètode cangur, ja que no està en el protocol de la majoria d’hospitals espanyols. Sort que les noies de neonats eren molt maques i m’hi deixaven estar més estona de la que pertocava.

    Només vull dir, que a vegades encara que ho tinguem tot planejat i mirat, doncs no podem controlar-ho, no depèn única i exclusivament de nosaltres. Si les coses no venen bé, tot el que hem preparat durant molt de temps es ve avall, i per això es molt difícil estar preparat.

    1. Totalment d’acord, Eva. No podem controlar l’incontrolable. I hi ha un punt que el més important és deixar-nos anar, alliberar-nos de la por i deixar que la vida ens ensenyi què és el que té plantejat per a nosaltres. Lamento que cap dels teus dos parts fossin els que tu haguessis volgut. Una abraçada.

  7. Remueve tanto y tanto leer experiencias así. Me ha dolido muchísimo sentir tu rabia, tu impotencia, tu tristeza….Qué injusto que en los Hospitales (no en todos) no tengan en cuenta el lado emocional.
    Yo tuve cesárea programada. No fue una mala experiencia. A pesar de todo lo que pasó, no lo recuerdo mal….Me hubiese encantado que mi pareja estuviese conmigo pero como ya sabíamos desde el principio que no podría ser, lo aceptamos, lo vivimos bien….
    Durante la cesárea todo el personal fue muy amable, me dieron a mi hijo al instante de nacer, muy poco tiempo y luego se lo llevaron a su padre que hizo piel con piel……aquí la cosa sí que se complicó, para mí….Martín nació a las 11 y yo no salí de quirófano hasta las 13….. me quitaron el ovario izquierdo (por un quiste enorme) me perforaron la vejiga (mi dieron el alta con una sonda) perdí muchísima sangre (dos transfusiones) y durante todo este tiempo no estuve con mi hijo….yo preguntaba y preguntaba y la cabeza me iba a mil….la comadrona le hizo fotos a mi marido con mi hijo y me las enseñaba, para que estuviese tranquila…..Nos reunimos un rato los tres juntos en la sala de reanimación, recuerdo tanto aquel primer momento los tres….pero fue poco rato….Yo me maree, me tuvieron que hacer otra transfusión, la tensión por los suelos….así que se llevaron a nuestro hijo….mi marido se quedó conmigo…..supongo que las hormonas ayudaron mucho….me sentía feliz….No tuve/prohibieron cualquier visita no pude ver ni a mi padre, ni a mi hermano, ni a ningún familiar hasta el día siguiente…..Sé que esa intimidad nos ayudó. Estuvimos todo el día en la sala de reanimación con una enfermera (mi ángel) pendiente de mí, de mis dolores (bomba de morfina) de mis lágrimas, de mis preguntas…..No llegamos a nuestra habitación hasta la noche….Allí, por fin, nos reunimos los tres.
    Gracias Miriam por darnos espacio para recordar, para expresar estos momentos tan importantes.

    1. Uf, Pilar, qué duro… Lo siento mucho. No imagino cómo te debiste de sentir con tanta separación y quizás miedo… Te mando un fuerte abrazo. Por cierto, gracias por compartirlo en este espacio.

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