La espina clavada

13.2.2012

El parto es ese momento que muchas personas nos podrían describir como la mejor experiencia de su vida y otras (quizás incluso en la misma proporción) nos dirían que es la peor. El parto a veces trae espinas y si no lo hemos mirado cara a cara, para irlas sacando con cuidado, a veces hay alguna que se nos queda clavada en medio del cuello para siempre. No acaba de molestar del todo pero sabes que está ahí cada vez que tragas saliva.

Yo tengo una espina clavada porque quizás aún (¡quién sabe!) no he querido mirar demasiado cara a cara a mi parto, y sólo me he atrevido a hacerlo de reojo. No, la espina no es la cesárea (¡que tendría buenos motivos para serlo!), sino la separación que comportó una vez nació Laia. El verla tres segundos, los necesarios para darle un solo beso y decirle “Te quiero”, mirar como se la llevaban y no recordar su cara porque ni se habían preocupado de enseñármela como Dios manda… Aquella hora y pico que estuve sola en la sala de reanimación sin ella fue, sin duda, uno de los peores momentos (sino el que más) de mi vida.

Pero la espina no molesta mucho mientras no te fijas en ella, así que… allí estaba, sin hacer mucho estorbo. El sábado se me ocurrió asistir al Primer encuentro de “APOYOCESÁREAS”, un foro que encontraréis dentro del web de El Parto Es Nuestro, para ayudar a las mujeres que han vivido una cesárea. No conocía a nadie, pero tenía ganas de estar allí y compartir. Escuchar y aprender. Nunca pensé (al menos de manera consciente), que ir al encuentro me ayudaría a digerir o mirar un poco más fijamente a la maldita espina clavada. Fueron horas intensas, de escuchar testimonios impresionantes, bellos y aterradores a la vez. Y no tanto por las cesáreas, sino por el maltrato casi sistemático a tantas mujeres. Con frases desafortunadas, con gritos, con manipulaciones innecesarias, con técnicas agresivas, con desinformación, con algún insulto, con humillaciones y abusos. Nadie debería maltratar nunca una mujer, tampoco cuando está pariendo, y en cambio, es lo más habitual y aceptado. Tú cállate que no sabes nada, aquí mando yo.

Fui escuchando, fui secándome las lágrimas cuando lo que se decía me llegaba directo al alma, y fui reviviendo, con cada testimonio, mi experiencia. Sin darme cuenta, sin ser del todo consciente de ello. Era una esponja que chupaba, chupaba y chupaba, quizás porque lo que oía me era demasiado familiar. A las cuatro de la tarde llamé a casa. Yo: “¿Cómo está Laia?” Él: “Pues parece que se encuentra peor, ahora duerme pero no la he visto muy bien”. Tenía la gripe pero los días antes parecía que remontaba. Aquella frase, esas palabras tocaron aquella espina. Yo en Barcelona, ella en Manresa. De repente me empecé a angustiar y mientr bajarlo as entraba en el coche para volver a casa me entraron unas ganas locas de llorar…

Pedí por favor encontrarme todos los semáforos en verde, no perderme en ningún callejón de los que no conozco de Barcelona (¡que son muchos!), y que la carretera estuviera vacía. No podía esperar. Necesitaba estar con ella, verla, tocarla, darle el pecho y asegurarme de que estaba bien. “No te preocupes” me dijo él cuando vio que me desmontaba “no pasa nada, sólo está recuperándose de estos últimos días de gripe…” pero la angustia que sentía no se iba porque no podía razonar lo que me decía. A la altura de Terrassa supe por qué; la angustia no era la de ahora, la de las ganas de llegar, sino la de la sala de reanimación, la de “mirad, que ya muevo las piernas, ¡por favor subidme con mi hija!”… esa hora interminable, eterna, pensando “¿como estará ella? ¿Me estará echando de menos? ¿Estará funcionando el piel con piel con su padre?”. La espina se había movido e intentaba desengancharse para poder bajar y desaparecer. Las mujeres que había escuchado, las palabras que yo había dicho, y el saberme separada aún por una hora de mi hija que no se encontraba bien…, todo ello se convirtió en las pinzas exactas para despegar la espina soltando un mar de lágrimas dentro de un coche que luchaba por no superar los límites de velocidad.

Ahora no sé dónde está la espina. No sé si se ha vuelto a clavar un poco más abajo y si algunas pinzas volverán a llegar algún día donde está. Sólo sé que estoy agradecida a todas las mujeres y hombres que escuché el sábado, a todo lo que aprendí y a la vida, que puso cada cosa en su lugar para que yo pudiera hacer algo más de “limpieza”. Para que pudiera llegar a casa y reparar un poco más esa separación absolutamente innecesaria. Para que pudiéramos volver a hablar con mi compañero de lo que vivimos y pudiera abrazar a Laia como si volviera a ser el primer día. Curiosamente, estuvo a una hora en el pecho (¡hacía meses que no mamaba tanto rato!)… como si de alguna manera muy sutil, volviéramos a repetir aquel reencuentro, el de los tres juntos, el nuestro, el de la díada que sólo en contadísimas ocasiones debería separarse.

Intentad evitar las espinas. De verdad, luchad siempre para que NO OS SEPAREN.

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Míriam Tirado

Míriam Tirado

Consultora de crianza consciente y periodista especializada en maternidad, paternidad y crianza. Me dedico a ayudar a madres y padres a conectar con sus hijos/as.

24 respuestas

  1. Si que es veritat que existeixen aquestes espines, i lo pitjor es saber que la tens i no poder treure- la o com a minim poder desplaçar-la perquè amb el temps acabi desapareixent. 
    El meu primer part va ser horrorós, la separació del meu petit,el dolor i el patiment que va haver de soportar el meu nadò i jo, l’angoixa de veure al meu marit amb el nen en braços en un racò de la sala ( no em va abandonar en cap moment fins i tot es va enfrontar amb les infermeres per quedar-se en un racò fins que jo estiguès bé) plorant perquè no sabia si jo m’ensortiria. Es un record molt dolorós . 
    Jo sempre havia volgut tenir com a minim dos fills però com pots imaginarte després d’aquell part no volia tornar a sentir parlar d’embaras ni res. Però era tan fort el meu sentiment per donar-li un germà/na al Joel que vaig posar-me en busca d’un ginecòleg que respectes i estimes els seus pacients…. I gràcies a Deu el vaig trobar i va ser ell qui podríem dir em va ajudar a treure’m  l’espina.
    En la primera consulta (que va durar mes d’una hora) li vaig explicar tot i vaig plorar molt; després d’escoltar-me sense interrupció va tranquilitzar-me. Ell es molt positiu en tot i enèrgic , només et dic que vaig sortir de la consulta convençuda de que tindria un altre fill. Així va ser, nou mesos després va néixer en Roger. No et mentiré, tenia molta por al part, però gràcies a la comadrona, l’anestesista i sobretot al meu ginecòleg vaig tenir un part ràpid, indolor i sobretot molt familiar i sense separació. Gràcies a ell torno a creure en l’embaràs i en que el part pot ser una experiència molt maca. Jo he viscut les dues basants, un part horrorós i un part inolvidable. I si que fa falta treure’s l’espina, es important deixar que aflorin aquest sentiments.

    Miriam haig de reconèixer que m’enganxat al teu blog, m’encata com escrius i tots els pots son molt interesants. M’agrada poder escriu-re comentaris aquí,gràcies pel teu blog. 
    Molts petons.

    1. Gràcies Isa per les teves paraules. M’encanta que hi deixeu comentaris, que compartiu les vostres experiències i que expliqueu què sentiu quan llegiu les meves. Tots ens en nodrim… i aprenem junts.

      Celebro que t’hagis pogut “treure” l’espina del primer part i que en el segon, tot fos molt diferent. Amb el temps els parts van prenent més transcendència i en podem acabar aprenent moltes coses. Però a vegades les espines costen de treure, sobretot les que afecten també als nostres fills com és en el cas d’una separació. Per això crec tan IMPORTANT no cansar-nos de repetir mai “NO ens separeu!”. Potser algun dia deixaran de fer-ho.

      Una abraçada.

  2. quina emoció de llegir-vos, tan el post com els comentaris… tinc la llagrimeta a punt. El meu part va anar bé i ràpid, però van trigar més de 2 h a pujar-me el meu fill. Encara em pregunto perquè. Aleshores era bastant ignorant de tot aquest món, i suposo que vaig pensar que era l’habitual. Ara tinc claríssim que no deixaré que torni a passar. I mirant enrera, em posa trista, tan la meva ignorància com el temps que vam estar separats…espero haver encertat amb la nova ginecòloga que m’he buscat, i poder tenir un part decent i respectat.

    1. Clarise, no et facis mala sang. La qüestió és que ara sí que saps com n’és d’important que no separin mare i bebè i fareu els possibles perquè no ho facin. Confia en què l’equip que heu escollit serà l’idoni per atendre-us. Quina emoció! Espero que un cop hagis parit entris al blog per explicar-nos-ho! 🙂 una abraçada i gaudeix del que et queda de gestació!

      1. I tant, ja us aniré informant. De moment tot va bé i és nen! Quines històries més dures i tristes expliquen per aquí. Les acompanyo en el sentiment, i en l’optimisme i la força que amb la vostra experiència em transmeteu. Gràcies a tu i a les teves lectores per compartir-ho

  3. Mi espina fue que nada más nacer la niña, el pediatra (un borde horrible) se la llevó sin decir nada. La ginecóloga en ese momento estaba cogiendo el material para darme un punto (no me hicieron episio, pero me desgarré un poquín por dentro). Al volverse a mirarme, me vió con los “ojos de loca”. Yo le pregunté, aterrada ¿Dónde se han llevado a mi niña, está bien? Y ella me dijo que sí, que como era prematura se la habían llevado a hacerle el apgar y comprobar que respiraba bien. Pero que estaba bien, y que me la traían en un minuto.
    El capullo del pediatra no me dijo nada, yo no sabía si estaba bien, viva o muerta (no la oí llorar).
    Que angustia.
    Eso sí, antes de que la gine hubiera acabado con el punto me habían traído a la niña, y me la pusieron en el pecho, y ya no la tocaron más hasta tres horas después.
    Pienso en algo así durante una hora, y me pongo mala.

    1. Hola guapa, alucino de la poca empatía de algunos profesionales con el sentir de los padres… ¿Tanto cuesta decir “tu niñ@ está estupendo!” a la vez te digo que no entiendo por qué se los llevan… En algunos hospitales hacen todo esto justo al lado de la madre, y en otros primero es el piel con piel y al cabo de un rato hacen las pruebas que haya que hacer (claro, si todo está bien)… Hay la costumbre de separar madre-bebé creo que porque no se es consciente de lo importante que es este primer momento para el vínculo, para la instalación de la lactancia… Para tantas cosas…. Un beso y gracias por comentar

  4. pero qué haces cuando te separan igual? con mi primera hija a las 24h de nacer se la llevaron a otro hospital y yo lloraba y lloraba pidiéndoles q me llevaran con ella pero decían q no. finalmente cogí el alta voluntaria, con mis 7 puntos, una vértebra desplazada y agotada tras un parto de 27h me fui por la puerta. Ya en el hospital de destino me dejaban tocarla 10 minutos cada 3h. Horrible

    pero luego ser mamá es tan maravilloso que intentaré por todos los medios tener un tercer hijo 🙂

    1. Buf Haydee… qué duro. 10 minutos cada 3 horas… no puedo ni tan siquiera imaginarlo… Cuánta soledad; la tuya, la suya… ojalá todas las unidades de neonatología permitieran el método canguro (cuando es posible)… Ojalá.
      Besos.

  5. Hola Miriam, yo estaba este verano con el coche parada en medio de una carabana camino del hospital de Tarragona para ver a mi niño ingresado en la UCI. Con una ansiedad increible por verle YA y lo que me ayudó a pasar ese tiempo interminable fue escuchar tu programa en la radio, que no conocia y encontré ese dia de casualidad. Que curioso, me he acordado muchas veces de ese dia y ahora te vuelvo a encontrar en la web! A mi niño lo tuvieron que ingresar por aspirar meconio en el parto y no sabes lo bien que te entiendo: la separación, el maltrato, la soledad y posteriormente el “trauma” y la espinita clavada que aunque duela,si de vez en cuando echas una mirada a ese dia, la espinita va bajando un poco más. Aunque creo que estará clavada a lo mejor para siempre. Un abrazo muy grande de los que ayudan a que las espinas no duelan tanto y gracias por tus palabras.
    Ah, mi niño ahora esta guapisimo y sanisimo

    1. Hola, Carmen. Bienvenida al blog. Qué buena la coincidencia; tú en el coche, con la angustia de querer estar con tu bebé y escuchando el “TENIR FILLS” y hoy leyendo el post en que narro mi angustia dentro del coche también fruto de una separación innecesaria de mi hija. La vida tiene estas cosas 😉 Qué mal debiste pasarlo… Lo siento mucho. Recibo tu abrazo y te doy otro, para curar también un poquito tu espinita.
      Besos.

  6. Justament avui he parlat de la meva cesària, em preguntaven sobre el part natural de la meva segona filla i evidentment ha sortit la cesària del meu primer fill, i m’he trobat afirmant que n’estava agraïda, que m’havia servit per fer tot un treball que ha permès poder fer un part després…i moltes atres coses, és clar.

    M’he sorprès i he entès que la meva espina estava una mica més avall que abans…una mica més digerida, tot i que la culpa i la pena surten repetidament, i intento anar-ho reparant amb el meu fill que ja té 6 anys. En el meu cas gairebé no vam estar separats, però recordo aquest moment on te l’ensenyen ben embolicat i només pots fer-li un petó a la cara mentre se l’emporten…quina diferència amb el part que he tingut 6 anys més tard, on les mateixes llevadores em proposaven que fes pell amb pell… Com tu dius Míriam, hem d’exigir que no ens separin perquè funciona, cada vegada hi ha més sensibilitat pel tema i no m’estranyaria que aviat ens deixin els nadons després d’una cesària…a no ser que les coses vagin enrera, però hem de ser positives!!!

    Gràcies per fer-nos reviure espines que van curant a mida que les evoquem!

    1. Gràcies a tu, per explicar aquest fantàstic PVDC (part vaginal després de cesària) y com l’espina va anant cada vegada més avall. Quina sort i quina experiència més fantàstica haver pogut aprendre tantes coses de la teva cesària i també del teu últim part. Enhorabona! Una abraçada.

  7. Yo tengo esa misma espina clavada, a pesar de mis dudas sobre la inducción, sobre la cesárea lo que màs me duele y no me he perdonado, bueno no nos hemos perdonado ni mi marido ni yo, fueron las tres horas que pasó nuestro Pequico solo en una cuna, el recibimiento que que tuvo. Gracias acla lactancia y el poderoso vínculo que se estableció enseguida entre nosotros, esa espina pareció desaparecer, pero yo sé que sigue ahí…

    1. Buf, Mousikh… Siento lo mismo: suerte de la lactancia. A mi cada toma me fue curando un poquito la herida de la separación. Qué duro es saber que no hemos podido darles el recibimiento que queríamos… Pero la vida va como va, y no siempre como nos gustaría.
      Besos

  8. Yo también tengo una gran espina clavada, que me roza continuamente y me duele como ahora, cuando lo recuerdo, es la primera vez que lo escribo, y casi no puedo. A las horas de nacer a Marco le dio fiebre y me lo arrancaron, sin que yo supiera que pasaba. Estuvo diez días ingresado. Yo estaba en la planta de abajo, podía ir a verlo siempre que quisiera, pero no podía dormir con él y cada minuto que pasé en la planta de abajo me hizo y me hace sentir culpable. Fue una auténtica pesadilla y tengo tanta pena de que lo primero que viviera mi niño fuera eso…
    Gracias Miriam por tu post

    1. Lamamacorchea… cuánto tuviste que sufrir, no puedo ni hacerme la idea! Que te lo arranquen sin que te digan qué está pasando, qué le pasa a tu bebé tan pequeño, cuando aún estáis en esas horas de reencuentro, de oleros, de conoceros… Lo siento mucho. Y entiendo también la culpa. Pero deja que te diga una cosa; no fue culpa tuya. A veces las cosas pasan porque tienen que pasar; no siempre alguien tiene que tener la culpa. Has muchas cosas de la vida que no controlamos y en el parto, el embarazo y la crianza esto es evidente. Podemos intentar que las cosas vayan como queremos, pero no controlamos la vida. Ni la vida ni la muerte. Algún día harás las paces, seguro, con esos momentos tan duros, con ese comienzo vuestro… Pero las espinas no se van tan rápido como nos gustaría… tenemos que ir mirándolas, mirándolas, mirándolas, hasta poder arrancarlas con unas pinzas.
      Besos y gracias por contarnos esto tan íntimo aquí.

  9. Mi espina, o mis espinas… por que tristemente he tenido dos cesáreas que se, a dia de hoy que se hubieran podido evitar.
    Para mi es es muy difícil describir como me senti, atada a un quirófano y no poder coger en brazos a mis pequeños. Solo los vi durante unos segundos, en la cesarea del primero la matrona por lo menos me lo acerco y le pude dar un beso, pero con el segundo nada. Y después la sala de reanimación, que momentos tan eternos.
    Miriam, que bonito, esas espinas se quedaran, por lo menos para mi, ahí me acompañaran, de vez en cuando me acuerdo que las tengo y son el recuerdo que hará que si vienen mas hijos por ningún motivo dejare que me vuelvan a dejar otra espina. No lo permitiré.

    1. Alejandra, sabes que te entiendo a la perfección porque he sentido lo que cuentas. No estaba atada, por suerte, pero nos separaron igual. Es tan duro… Y sí, las espinas también sirven para que sepas muy bien que ya no quieres más en tu vida. En mi caso (igual que tu); otra separación.
      Gracias por comentar. Besos.

  10. Jo també vaig tenir un part natural després de cesària i em va servir per treure’m una mica l’espina, 3 anys després. Em sentia culpable per no haver-ho fet sola i incompresa per tot el meu entorn. Míriam, tu que parles tant del “vincle” reconec que amb el meu primer fill em va costar uns dies, fins i tot unes setmanes a sentir-me realment vinculada a ell, a començar-me’l a estimar. Me’l sentia molt allunyat de mi, és una mica fort dir-ho però era com si no em fes a la idea que realment fos fill meu. Jo no l’havia parit, no l’havia tingut a sobre, me l’havien portat una hora més tard… El sentia allunyat. En canvi, amb el segon m’hi vaig sentir totalment vinculada des del primer segon, va mamar als 10 minuts d’haver nascut i el vaig començar a estimar allà mateix a la sala de parts… Va ser preciós.

    1. Estel… si et serveix de consol, hi ha moltes dones que expliquen això mateix que comentes; que el vincle no es va instal.lar només de veure’s sinó que va trigar a arribar hores, dies o fins i tot (hi ha mares) que mesos. És una llàstima, és cert, però a vegades un part traumàtic, haver passat molta por, haver patit per la pròpia vida, o coses similars fan que aquell nen que et mostren i et diuen “és el teu fill” no el puguis reconèixer com a tal. A vegades una bona plorada a temps, sentir-se acompanyada profundament fa que poder expressar lliurement tot el dolor, faci marxar la impossibilitat de vincular-nos amb la primera mirada.
      Per sort, amb el temps i amb molt d’amor, en els casos en què no s’ha pogut instal.lar el vincle de seguida, també mare i fill acaben finalment enamorant-se.
      Una abraçada i gràcies per compartir.

  11. Querida Miriam, cuánta sabiduría en tus palabras y qué alegría leerte. Recuerdo de mi cesárea eso mismo que tú dices, “mirad, ya muevo las piernas, llevadme con mi hijo” y esa sensación de “¿qué ha pasado aquí? Yo estaba intentando parir…”

    En fin. Menos mal que cada vez somos más las mujeres que no nos conformamos y que queremos ser conscientes y estar informadas.

    Gracias por esta entrada.

    Besos oxitocínicos,
    Lady Vaga.

    1. Querida Lady Vaga,
      estoy encantada de que te haya gustado este post. Y siento muchísimo que tú también haya sido de las que hemos jurado que las piernas las sentíamos, y que hemos implorado que nos llevaran con nuestros hij@s. Ojalá muy pronto ya sólo se separen a las nuevas familias en caso de necesidad extrema.
      Un abrazo grande grande! 😉

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